El Pentágono envía a combatir a enfermos mentales

LISA CHEDEKEL y MATTHEW KAUFFMAN

En el 2005, según un informe del ejército, Jeffrey Henthorn, de 25 años y original de Choctaw, en Oklahoma, se pegó un tiro en la cabeza muriendo al instante.

En la sala de psiquiatría del hospital Walter Reed, del ejército, atienden a los soldados enfermos y luego los reenvían a Iraq.

Anteriormente, el soldado había recibido una nueva orden para regresar a Iraq, pese a que sus superiores sabían que había intentado suicidarse en dos ocasiones.

Al soldado David L. Potter, de 22 años y residente de Johnson City, en Tennessee, se le diagnosticó ansiedad y depresión mientras estuvo en Iraq en el 2004. De acuerdo con algunos récords del ejército, Potter se mantuvo activo en Bagdad, a pesar de un intento de suicidio y a que un psiquiatra había recomendado que fuese librado de sus obligaciones militares.

Diez días después de haber recibido la liberación, Potter sacó un arma debajo de la cama de otro soldado y se mató con un disparo en la boca.

Estas muertes son apenas dos ejemplos del fracaso del ejército estadounidense para detectar y tratar el estado mental de sus soldados, según una investigación del periódico The Hartford Courant.

Jeffrey Henthorn estuvo a punto de asesinar a un niño iraquí, luego se suicidó.

Presionado por la escasez de combatientes, el ejército ha mantenido en sus filas a soldados con problemas mentales, una práctica que ha echado por tierra las promesas de implementar mejores servicios de salud mental. Aparte de los suicidios, los expertos señalan que la falta de atención médica podría generar violencia entre las filas militares y provocar accidentes en el campo de batalla.

La investigación arrojó lo siguiente:

Pese a una orden del Congreso federal para que todos los soldados sean examinados, sólo uno de cada 300 soldados ha sido visto por un profesional de la salud mental.

A muchos soldados en combate se les mantiene con una dosis de antidepresivos, pero con escasa supervisión médica, en violación de las regulaciones militares.

Algunos de los soldados que desarrollaron desórdenes relacionados con el estrés luego de servir en Iraq, han sido enviados nuevamente a combatir en zonas de conflicto, aumentando los riesgos de sufrir de alguna enfermedad mental.

Estos problemas han aumentado el número de suicidios entre los soldados que sirven en el país árabe, con 22 casos en el 2005.

La investigación de The Courant, que obtuvo mucha de la información bajo la Ley de Libertad de Información, encontró que 11 de los soldados que cometieron suicidio en Iraq entre el 2004 y el 2005 padecían de estrés mental.

La coronel Elizabeth Ritchie, la más importante especialista en salud mental del ejército, reconoció que algunas prácticas como, por ejemplo, enviar militares a combate tras ser diagnosticados con estrés traumático, se han debido a la escasez de soldados.

"El desafío para nosotros es que el ejército tiene la misión de combatir. Y como se sabe, reclutar soldados ha sido todo un problema", dijo la experta. "Así que hemos tenido que poner en la balanza las necesidades del ejército, las exigencias de la misión y las necesidades de los soldados".

Sin embargo, a menudo los soldados quedan marginados en las prioridades.

Una ley de 1997 exige que el ejército someta a los soldados a exámenes mentales. Sin embargo, la única evaluación es una simple que se les realiza a los soldados en un formulario antes de ser enviados a combate.

Bajo ningún concepto los uniformados son sometidos a una evaluación más profunda, como lo demuestran los récords del Departamento de Defensa. De marzo del 2003 a octubre del 2005, sólo el 6,5% de los militares fueron enviados a ser examinados por un profesional de la salud.

El uso de medicamentos para tratar alguna enfermedad mental ha sido particularmente perturbador, especialmente para expertos médicos y especialistas en ética médica, quienes señalan que en las zonas de combate es difícil supervisar el progreso mental de un soldado.

Hace ocho meses, el sargento Bryce Syverson, de Richmond (Virginia) se hallaba en tan terrible estado mental, que los médicos en el Walter Reed Army Medical Center no le permitían usar medias o correa en los pantalones.

Syverson, de 27 años, fue ingresado en la unidad psiquiátrica luego de pasar 15 meses en un tanque Bradley como carabinero. Se le diagnosticó estrés traumático, pero eso no ha impedido que haya vuelto a servir en el frente. Actualmente se halla en Kuwait como parte de un grupo de soldados que podría ser enviado a Iraq.

"Me preocupa este tipo de casos", señala el doctor Arthur S. Blank Jr., un psiquiatra entrenado en la Universidad de Yale que trata a pacientes con desorden postraumático de guerra. "No se puede enviar a la guerra a alguien que está tomando medicamentos antidepresivos o psiquiátricos".

En una carta reciente a sus padres, Syverson escribió: "Me siento casi muerto... acá en medio de una noche tibia... y todo debido a los medicamentos que estoy tomando. Siento mi cabeza a punto de explotar, como si se me revolviera la sangre por dentro; me provoca confusión, tengo la vista nublada y mareos. No es el mejor sentimiento del mundo para uno cuando apenas tengo dos días de haber llegado aquí". Para el doctor Blank, "eso nunca antes había pasado en este país".

(Tomado de The Hartford Courant)

 

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