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Para que la fertilidad vuelva a la tierra
RAISA PAGÉS
Caobas inmensas, cedros gigantescos, pinos erectos, caguairanes
duros como el acero. Cantidad y diversidad de árboles le causaron
tanto asombro a Cristóbal Colón que escribió a la corona española
ofreciendo maderas para fabricar una flota de barcos.
La colonización española no fue la única que deforestó a Cuba. Lo
peor vino después, a partir de 1900, cuando las compañías
norteamericanas y los hacendados criollos comenzaron a derrumbar
bosques para plantaciones de caña y crianza de ganado.
Cuando la Revolución triunfó solo el 13% de la Isla tenía cobertura
boscosa. Fidel, desde el programa del Moncada, denunció esa tala
indiscriminada y anunció, como una de las tareas de la Revolución, la
reposición de los árboles talados.
Esa aguda expoliación forestal aceleró la erosión y la pérdida de
materia orgánica de los suelos en Cuba, precedente principal de los
actuales procesos de desertificación de las tierras, que están
presentes en buena parte del territorio nacional.
IMPACTO EN LA PRODUCTIVIDAD
Cuando se disponía de cantidades ilimitadas de fertilizantes
químicos en la década de los 80, las deficiencias minerales del suelo
se enmendaban con fertilizantes químicos, pero la llegada del periodo
especial provocó una disminución abrupta de esos insumos.
Entre 1998 y el 2002 el área cultivada, incluyendo la caña, alcanzó
como promedio anual 2,5 millones de hectáreas y solo recibieron
fertilizantes químicos entre el 25 y el 30 % de esa superficie.
Para mitigar la pérdida de fertilidad se aplican abonos orgánicos y
biofertilizantes. Se ha desarrollado un movimiento entre los
productores para elaborar compost y humus de lombriz, señaló el doctor
Abilio Cárdenas, director del Instituto de Suelos.
En 1999 el área beneficiada con abonos naturales ascendió a 296 mil
500 hectáreas, pero ya el pasado año se reportaron 2 418 800. El humus
de lombriz, excelente materia orgánica, se incrementó de 43 mil 400
toneladas a poco más de 7 000 000 en la etapa comprendida entre 1999 y
el pasado año.
Aunque muchos agricultores cuidan sus terrenos con sencillas
labores de conservación y rehabilitación, otros caen en la corta
visión de no reparar en los daños que ocasionan con malas prácticas
agrícolas. Establecer barreras vivas contra la erosión, sembrar en
contorno, ejecutar drenajes sencillos, son acciones que no requieren
de grandes inversiones, señaló Cárdenas.
El servicio agroquímico que brinda el Instituto de Suelos
posibilita conocer las dosis de fertilizantes químicos que deben
aplicarse y cuáles son los minerales más escasos en cada terreno,
estudios esenciales para saber qué necesitan las tierras, pues las
desproporciones de determinados minerales impiden la adecuada
asimilación de otros, aclaró el doctor Cárdenas.
Hay quienes piensan que echando abonos orgánicos a sus suelos
resolverán todos los problemas. A veces se requiere un fertilizante
químico para enmendar una deficiencia aguda en algunos terrenos,
cuando se ha extraído mucho un mineral, sin la debida reposición.
Son muchos los problemas que pueden acabar con la fecundidad de los
campos y ahora existe más conciencia sobre esos asuntos. El Ministerio
de la Agricultura aprobó conferir facilidades financieras a las
distintas formas de producción para todas las labores de mejoramiento
y enriquecimiento de los suelos.
De los agricultores depende que la feracidad vuelva a las tierras. |