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Ecuador
¿Correa de cambio?
ORLANDO ORAMAS LEÓN
Con siete presidentes en la última y turbulenta década, Ecuador se
apresta a realizar elecciones para las que puntean tres candidatos,
dos de ellos prometiendo estabilidad y el más favorecido en las
encuestas que propone una revolución pacífica con el "socialismo del
siglo XXI" como meta.
En
sus discursos Correa contrapone el "socialismo del siglo XXI" al
capitalismo.
Rafael Correa, de 43 años, tiene ventaja sobre sus más cercanos
rivales: el ex vicepresidente León Roldós, de la alianza Red
Democrática-Izquierda Democrática, el magnate Álvaro Noboa y Cynthia
Viteri, del Partido Social Cristiano, cuando restan apenas unos días
para los comicios del 15 de octubre.
Se suma además Luis Maca, líder de la combativa Confederación de
Nacionalidades Indígenas, reorganizada tras el descalabro que siguió a
la traición del ex presidente Lucio Gutiérrez.
Correa, un fugaz ministro de Hacienda (economía), defendió
entonces, y le costó el puesto, la conversión del pago del débito
externo en fondo para atender apremiantes deudas sociales, tesis que
le valió la ojeriza de los organismos crediticios internacionales,
pero que hoy sigue revalidando.
Es por ello que Wall Street mira con preocupación su posición en la
preferencia del electorado, pues el líder de la Alianza País afirma
que dispondrá la cesación de los pagos en caso de un desplome del
precio del petróleo, vital fuente de ingreso para la economía local.
Baste decir que Ecuador paga más por el servicio de la deuda que lo
invertido en el presupuesto de Educación. Pese al potencial petrolero,
la mayoría de su población indígena ostenta elevados niveles de
pobreza, desempleo y marginación.
También se ha pronunciado por la revisión de los contratos con las
transnacionales petroleras que, como ocurre en Bolivia, se llevan la
mejor tajada en la extracción y explotación de ese recurso natural.
El aspirante presidencial es crítico del neoliberalismo, defiende
el papel del Estado como conductor, ha prometido enfrentar las recetas
del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y convertir la
reserva monetaria en instrumento de inversión nacional.
Contrapone la integración latinoamericana ("no puede esperar un día
mas") al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y el socialismo
al neoliberalismo, amén de proponer la vía de la Asamblea
Constituyente para refundar la institucionalidad y el poder ciudadano.
"Hay que superar todas las falacias del neoliberalismo y buscar eso
que se ha llamado en Latinoamérica el socialismo del siglo XXI",
declaró en reciente encuentro con la prensa, en el que refrendó su
propuesta de cambio "radical, profundo y rápido".
Su relación con Washington no se avizora cómoda, sobre todo en
torno al futuro de la base militar que Estados Unidos mantiene en
Manta bajo el supuesto del enfrentamiento al narcotráfico.
Correa no oculta su simpatía con el presidente venezolano Hugo
Chávez, con quien comparte amistad declarada, pero sobre todo
coincidencias en el pensamiento político.
No sorprende entonces que sus adversarios le acusen de recibir
financiamiento venezolano, el mismo esquema que se utilizó contra las
candidaturas presidenciales de Shafik Handal en El Salvador, Evo
Morales en Bolivia y luego se repitió contra Ollanta Humala en Perú.
Más allá del resultado en las urnas, que podría decidirse en
segunda vuelta, el avance de las posiciones que defiende el candidato
de Alianza País forma parte de un flujo con potencialidades de
cristalizar también en otras naciones del continente, con citas
inmediatas a las urnas. |