La Comisión de Seguridad Nacional y
de Política Exterior del Parlamento iraní condenó hoy en un comunicado
la ley aprobada por el Congreso estadounidense que impone sanciones a
quienes colaboren con el programa nuclear que con fines pacíficos
lleva a cabo Irán.
El documento califica de "acto ilógico e ilegal" la ley aprobada
por los congresistas y senadores estadounidenses para, según ellos,
"apoyar las libertades en Irán".
En su comunicado, la comisión expresa que la nueva ley viola de
manera flagrante acuerdos internacionales suscritos en la Declaración
de Argelia y de Naciones Unidas, referidos a la no injerencia en los
asuntos internos de la República Islámica.
La nota, dada a conocer por la agencia de noticias IRNA, pide a los
legisladores norteamericanos que trabajen "con más valentía para
salvar al pueblo estadounidense", y "no permitan que unos cuantos
extremistas hundan a Estados Unidos en el cenagal del odio".
Por su parte, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores
iraní, Mohammad Ali Hoseini, enfatizó que la medida es "inútil y
(está) al servicio de propósitos hostiles" de la actual administración
norteamericana.
En un comunicado oficial de la cancillería se afirma que las
sanciones "no pueden trastornar en nada la voluntad" de Irán que
alcanzó su independencia y progresos basados en "la fe, en sus
creencias ideológicas, religiosas y nacionales".
Subraya la declaración que "los estadistas norteamericanos deberían
saber que la época de sancionar a los países es cosa del pasado",
porque el comercio internacional está por encima de "las intenciones
políticas de las potencias".
La declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán
afirma que las medidas unilaterales tomadas "al margen de la ley
desacreditan el proceso de legislación y violan las normas
internacionales", a la par que aumentan la oposición y las denuncias
sobre Estados Unidos.
En la madrugada del sábado el Senado estadounidense aprobó la ley,
que dos días antes recibió el visto bueno de la Cámara Baja.
El gobierno de Irán mantiene la decisión de llevar adelante su
programa nuclear con fines pacíficos y descarta toda posibilidad de
ceder ante las presiones del gobierno estadounidense y de sus aliados
occidentales para detener el enriquecimiento de uranio.