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Gobierno húngaro se mantiene firme ante provocaciones

BUDAPEST, 20 de septiembre (PL).— Ante el intento de la derecha para provocar su caída a cinco meses de haber renovado su mandato, el primer ministro húngaro, Ferenc Gyurcsány, parece dispuesto a aceptar el reto.

El jefe de gobierno rechazó renunciar y no aceptó la dimisión del titular de Justicia y responsable del orden público, Jozsef Petretei.

Con relación a los disturbios que por tercer día perturban a esta capital, Gyurcsány declaró hoy que no habrá paciencia alguna con los manifestantes, muchos de la derecha, que piden su renuncia desde la noche del domingo.

La política de emociones y radicalismos no son de manera alguna una solución a los problemas, dijo el mandatario antes de presidir una reunión de emergencia de su gobierno para decidir el curso a seguir ante la ola de violencia que sacude a Budapest.

Las manifestaciones han llegado a congregar 10 mil personas en las plazas frente al Parlamento y a la Televisión Estatal, y al menos 57 resultaron heridas esta madrugada en enfrentamientos con la policía, que empleó gas lacrimógeno y carros de agua para disolverlas.

La fuerza pública admitió 102 heridos de su parte en el curso de choques en la noche del domingo a lunes, cuando enfrentó la violencia de jóvenes de diferentes organizaciones de la extrema derecha, como el Frente Nacional Húngaro, y numerosos cabezas rapadas.

Ante el vandalismo que ha prendido fuego a dependencias estatales como la televisión pública, automóviles y tiendas en el centro de la ciudad, el ministro de Defensa, Imre Szekeres, declaró hoy que lo ocurrido no es un caso político, sino criminal.

Esta madrugada elementos extremistas intentaron incendiar las sedes del gubernamental Partido Socialista (MSZP) y de la radio pública. Ambas dependencias fueron puestas de inmediato bajo protección policial.

Gyurcsány calificó ayer los disturbios de lunes a martes como la noche más larga y sombría de toda la historia de la tercera república, y afirmó que el desorden no se impondrá en las calles.

Ese mismo día y de forma casi unánime, los cinco partidos políticos con representación parlamentaria aprobaron un documento que condena la violencia y exhorta a la calma.

Las protestas en contra de Gyurcsány y por su dimisión comenzaron el domingo después que no se sabe quién ni cómo difundiera extractos de una intervención suya a puerta cerrada ante diputados del MSZP, y cuyo contenido el interesado no negó.

En ese discurso, el primer ministro admitió haber ocultado al público, con fines electoralistas, las duras medidas económicas que debía implementar su gobierno para lograr el cumplimiento de los compromisos asumidos por Hungría con la Unión Europea.

Sin embargo, en la grabación, reproducida completa poco después, el primer ministro expresaba su intención de romper con una cultura arraigada en el país de promesas falsas y políticas de avestruz.

La oposición de derecha, sin embargo, esgrimió el corte de la grabación como prueba del engaño de los socialistas para mantenerse en el poder.

 

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