.— Ante el intento de la derecha
para provocar su caída a cinco meses de haber renovado su mandato, el
primer ministro húngaro, Ferenc Gyurcsány, parece dispuesto a aceptar
el reto.
El jefe de gobierno rechazó renunciar y no aceptó la dimisión del
titular de Justicia y responsable del orden público, Jozsef Petretei.
Con relación a los disturbios que por tercer día perturban a esta
capital, Gyurcsány declaró hoy que no habrá paciencia alguna con los
manifestantes, muchos de la derecha, que piden su renuncia desde la
noche del domingo.
La política de emociones y radicalismos no son de manera alguna una
solución a los problemas, dijo el mandatario antes de presidir una
reunión de emergencia de su gobierno para decidir el curso a seguir
ante la ola de violencia que sacude a Budapest.
Las manifestaciones han llegado a congregar 10 mil personas en las
plazas frente al Parlamento y a la Televisión Estatal, y al menos 57
resultaron heridas esta madrugada en enfrentamientos con la policía,
que empleó gas lacrimógeno y carros de agua para disolverlas.
La fuerza pública admitió 102 heridos de su parte en el curso de
choques en la noche del domingo a lunes, cuando enfrentó la violencia
de jóvenes de diferentes organizaciones de la extrema derecha, como el
Frente Nacional Húngaro, y numerosos cabezas rapadas.
Ante el vandalismo que ha prendido fuego a dependencias estatales
como la televisión pública, automóviles y tiendas en el centro de la
ciudad, el ministro de Defensa, Imre Szekeres, declaró hoy que lo
ocurrido no es un caso político, sino criminal.
Esta madrugada elementos extremistas intentaron incendiar las sedes
del gubernamental Partido Socialista (MSZP) y de la radio pública.
Ambas dependencias fueron puestas de inmediato bajo protección
policial.
Gyurcsány calificó ayer los disturbios de lunes a martes como la
noche más larga y sombría de toda la historia de la tercera república,
y afirmó que el desorden no se impondrá en las calles.
Ese mismo día y de forma casi unánime, los cinco partidos políticos
con representación parlamentaria aprobaron un documento que condena la
violencia y exhorta a la calma.
Las protestas en contra de Gyurcsány y por su dimisión comenzaron
el domingo después que no se sabe quién ni cómo difundiera extractos
de una intervención suya a puerta cerrada ante diputados del MSZP, y
cuyo contenido el interesado no negó.
En ese discurso, el primer ministro admitió haber ocultado al
público, con fines electoralistas, las duras medidas económicas que
debía implementar su gobierno para lograr el cumplimiento de los
compromisos asumidos por Hungría con la Unión Europea.
Sin embargo, en la grabación, reproducida completa poco después, el
primer ministro expresaba su intención de romper con una cultura
arraigada en el país de promesas falsas y políticas de avestruz.
La oposición de derecha, sin embargo, esgrimió el corte de la
grabación como prueba del engaño de los socialistas para mantenerse en
el poder.