Una profunda preocupación
suscitó hoy en el sureste asiático la asonada golpista de militares
tailandeses contra el gobierno democrático del primer ministro Thaksin
Shinawatra.
El primer golpe de estado en ese país en los últimos 15 años se
perpetró anoche en Bangkok por los cuatro jefes de las instituciones
armadas, incluida la policía, encabezado por el general islámico
Sondhi Boonyaratglin, comandante del ejército.
Tailandia, con 34 millones de habitantes, es uno de los miembros de
la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), una de la
economía más dinámica del orbe, por lo cual el retorno de los
militares provoca inquietudes entre sus asociados regionales.
La relevante organización de cooperación regional está conformada
además por Malasia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Vietnam, Laos,
Cambodia, Brunei y Myanmar.
"De verdad, estoy conmocionado. No esperaba que un golpe se hubiera
producido en Tailandia", declaró a la agencia Bernama el primer
ministro malasio, Abdullah Ahmad Badawi, quien participa en Nueva York
en la Asamblea General de la ONU.
Badawi subrayó que una elección hubiera sido una manera mejor para
cambiar el gobierno tailandés, aunque los responsables del golpe de
estado aseguraron que dentro de un año volvería la democracia al país.
También Singapur expresó su preocupación respecto a que una
prolongada incertidumbre en Tailandia represente un revés para el país
y Asia en general.
Una declaración de la cancillería de la ciudad estado indica que se
espera que todas las partes involucradas avancen en dirección a un
resultado positivo y que la situación regrese a la normalidad lo antes
posible. "Tailandia es un país importante en la región".
En iguales términos se pronunció Indonesia, que espera que se sigan
pasos democráticos y la crisis política se resuelva para bien de toda
la sociedad tailandesa.
El portavoz de la cancillería indonesia, Desca Percata, señaló a la
agencia Antara que en su calidad de miembro asociado a la ASEAN, el
gobierno indonesio señala su esperanza de que sean defendidos los
principios democráticos en Tailandia.
Mientras, Filipinas manifestó su esperanza en que la situación en
aquella nación se resuelva de manera pacífica, al tiempo que indicó
que el golpe de Estado perpetrado por los militares es un asunto
interno.
El ministro de la Presidencia, Eduardo Ermita, añadió en rueda de
prensa en Manila que a pesar de la posición oficial neutral, el
Gobierno espera que la crisis se resuelva de manera pacífica.