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En los 80 de Julio García
Espinosa y los 50 de El Mégano
Un artista comprometido es más
libre
CECILIA CRESPO
Ha
transcurrido ya más de medio siglo del estreno de un filme que
rompió con los cánones por los cuales se regía el cine que se
realizaba en la Isla en aquellos momentos. El Mégano está
considerado como el antecedente histórico de la filmografía cubana
de la Revolución y constituye una de las obras que originaron el
movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano. Nos acercamos a esta
revolucionaria película a través de algunas confesiones de su máximo
responsable, el importante realizador y teórico Julio García
Espinosa, actual director de la Escuela Internacional de Cine y
Televisión de San Antonio de los Baños, quien acaba de cumplir sus
muy lúcidos 80 años.
"Corría el 1955, hacía un año que había regresado de estudiar en
el Centro Experimental de Cinematografía de Roma junto a Tomás
Gutiérrez Alea (Titón). Veníamos completamente influenciados por el
neorrealismo Italiano. Al llegar a Cuba la primera visita que recibí
fue la de unos policías del BRAC, cuerpo represivo de la tiranía de
Batista. Me sorprendió muchísimo, buscaban libros comprometedores y
me llevaron preso aunque no me encontraron nada. Me ficharon por
haber asistido al Festival Mundial de la Juventud en Bucarest
durante mi estancia en Europa. Al parecer se enteraron porque fui a
la embajada de Estados Unidos en Viena para pedir visa para Suiza y
al ver mi pasaporte enviaron la información a Cuba."
García Espinosa evoca su integración a la Sociedad Cultural
Nuestro Tiempo, que agrupaba a intelectuales y artistas, entre los
que se contaban José Massip y Alfredo Guevara.
"En nuestro caso ÅsubrayaÅel principal objetivo era demostrar que
en un país pequeño también se podía hacer un cine de calidad con
modestos recursos. Cansados de teorizar decidimos llevar lo
aprendido a la práctica. Surgió la idea de hacer un corto; cada uno
presentó un guión y el mío resultó seleccionado, como siempre digo,
no porque fuera mejor sino porque nos daba la posibilidad de
realizar una práctica mas completa. Formamos un gran equipo: Jorge
Haydú, Juan Blanco, Titón, Pepe Massip y hasta mi propio hermano
Pedro. Seleccionamos para nuestro proyecto una zona pantanosa al sur
de La Habana, cercana al Surgidero de Batabanó. A los lugares con
esas características se les denomina médano, pero los pobladores les
llamaban mégano, y de ahí le viene el título al filme. Nuestra
intención no fue otra que la de mostrar un trozo de la vida de esos
campesinos, la realidad de aquellos humildes carboneros. Estuvimos
casi todo el año yendo y viniendo a nuestra desfavorable primera
locación. No es necesario relatar los trabajos y limitaciones que
tuvimos que afrontar. Eso es lo que le sucede a todos los que se
aventuran a filmar por primera vez y sin ningún apoyo. Más o menos
así fue como se gestó El Mégano."
A la vuelta de medio siglo, García Espinosa repasa aquella
experiencia:
"Un filme no cambia al mundo pero ha de hacerse como si lo fuera
a cambiar. Nosotros nos tomamos eso muy en serio al filmarlo y nos
costó bastante caro. Solo se pudo mostrar al público una sola vez,
ya que luego de su estreno en la sala Talía, del Retiro
Odontológico, la película fue secuestrada por la policía batistiana.
Y yo fui a parar a la cárcel. Aún recuerdo entre sonrisas lo que en
aquel entonces resultó una amarga e indignante experiencia. Fue el
último día que estuve en aquel terrible lugar. Me tropecé con el
coronel Blanco Rico, el siniestro y odiado jefe del SIM (Servicio de
Inteligencia Militar). Comenzó dirigiéndose a mí en un tono
amenazante: `¿Usted es el autor de esa película?'. A lo que respondí
afirmativamente. `¿Y sabe que esa película es una mierda?'. Yo con
toda la pasión y arrogancia propias de mi juventud, le respondí: `¿Y
usted sabe lo que es el neorrealismo Italiano?'. Y le conté lo que
era esa tendencia dentro del cine mundial y lo que representaba para
el surgimiento de un cine nacional, para un cine de bajo costo.
Cuando terminé me espetó con un indisimulado desprecio: `Usted no
solo hace películas que son una mierda, sino que habla mucha
mierda'. Nuestra peliculita quedaría en las bóvedas del SIM hasta el
triunfo de la Revolución en que lograríamos rescatarla".
"Lo más importante que aprendí con El Mégano fue a no dividir al
cineasta, al creador, al artista del ser social. Me enseñó a estar
bien compenetrado con la realidad del país. A veces erróneamente se
piensa que un artista menos comprometido es más libre. En realidad
el Nuevo Cine Latinoamericano demuestra que un artista más
comprometido es más libre", refelxiona. |