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Medio siglo de un hito de sensibilidad y patriotismo
MIGUEL
CABRERA Historiador del Ballet Nacional de Cuba
El 15 de septiembre de 1956 ha pasado a la historia de Cuba como un
hito en la titánica labor llevada a cabo por nuestra Alicia Alonso,
Fernando Alonso y un grupo de sus más cercanos colaboradores, por
crear en el país un movimiento profesional de ballet digno de las
mejores tradiciones culturales de nuestra Patria. En la lucha por
lograr tal aspiración, junto a ellos una tríada singular integrada por
la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), la Universidad de La
Habana y los sectores más progresistas de la nación debieron enfrentar
incomprensiones, agravios y agresiones que, a la luz de nuestra
realidad actual, parecerían increíbles, en especial para las más
jóvenes generaciones, para las cuales el arte y la cultura son hoy un
derecho de todos.
Alicia,
al final de La muerte del cisne, en el Stadium de la Universidad de La
Habana, en el homenaje de desagravio que le dedicaron los estudiantes
y el pueblo.
En 1956, la tiranía de Batista que enfrentaba su más dura crisis
por la repulsa popular de que era objeto, ensayó una hipócrita y
tétrica maniobra: de una parte sus hordas de esbirros ahogaban al
pueblo en la sangre de sus mejores hijos, y de otra, los voceros
oficiales agotaban toda clase de esfuerzos por mostrar ante el mundo
una falsa preocupación por las actividades culturales, desarrolladas
supuestamente en una nación en plena normalidad. Para el logro de
estos fines fue creado el llamado Instituto Nacional de Cultura, en
cuya dirección el sátrapa situó la espectral figura de Guillermo de
Zéndegui, un apóstata múltiple, con la misión de presionar a los más
prestigiosos organismos y creadores artísticos, para que presentaran
sus espectáculos y desarrollaran sus labores como voceros del régimen,
so pena de verse privados de las exiguas asignaciones presupuestadas
por el Estado para el fomento de la cultura.
El Ballet de Cuba, sin lugar a dudas el conjunto artístico de más
prestigio y arraigo nacional e internacional, no escapó a esas
pretensiones, de manera especial por el hecho de que al frente de su
elenco se encontraba una figura del relieve mundial de Alicia Alonso.
La política de chantaje que alrededor del conjunto desplegó el
Instituto halló el total repudio de la gran bailarina y sus
colaboradores, por lo que aquel, mostrando su verdadero rostro
agresivo, decidió suprimirle la irrisoria subvención que, gracias a
las enérgicas gestiones de la Dirección de Cultura de la FEU y otros
sectores progresistas del país, recibía del Estado desde 1950. El
falso argumento esgrimido era que la compañía se mantenía aislada del
pueblo, siguiendo una orientación distinta a la que el régimen
"trataba de dar a sus iniciativas culturales".
En una histórica carta a Zéndegui, hecha pública el 15 de agosto de
1956, Alicia se negó rotundamente a que después de esa brutal medida
su nombre o el de la Academia de Ballet fuesen incluidos en una lista
oficial, verdadera nómina de "botelleros" cobijados a la sombra de la
tiranía, con una suma mensual de quinientos pesos, como se le proponía
y no vaciló en denunciar valientemente la vandálica maniobra: "No
hemos trabajado con el fin de percibir mensualmente una determinada
cantidad de dinero, sino con un horizonte más amplio: el de realizar
en el terreno del ballet una labor cultural de carácter histórico.
Para ese empeño, sí hemos solicitado y aceptado las subvenciones
estatales hasta ahora percibidas. Lo que Ud. propone parece más bien
una limosna o un soborno". Y concluía: "Pero tenemos fe en el pueblo
de Cuba y estamos seguros que defendiendo su legítimo derecho a la
cultura, nos brindará su respaldo para no permitir que esta
manifestación artística jamás le sea arrebatada".
La agresión contra Alicia y el Ballet de Cuba provocó una conmoción
nacional y contrariamente a lo que habían pensado, la medida se
convirtió en un flagelo para sus promotores. Alicia y Cuba se
fundieron en un solo ser, por eso respaldarla en aquel momento fue
luchar por la Patria y sus más sólidos valores.
La página más honrosa de esta crisis tuvo por escenario el Stadium
de la Universidad de La Habana, la noche del sábado 15 de septiembre,
hace ahora exactamente medio siglo, con motivo de celebrarse allí el
histórico Homenaje Nacional de Desagravio a Alicia Alonso que,
organizado por la Dirección de Cultura de la FEU y el Comité de
Defensa del Ballet, integrado por destacadas personalidades, contó con
la adhesión de las más prestigiosas instituciones cívicas, culturales
y artísticas del país. En aquel acto, donde se fundieron artistas y
pueblo, ballet y universidad, emergería de la clandestinidad el líder
Fructuoso Rodríguez, meses antes de caer asesinado en Humboldt 7, para
patentizar el respaldo estudiantil a Alicia y al Ballet de Cuba y
exhortar al pueblo a combatir con todas las fuerzas los desmanes del
batistato. Después, los millares de espectadores allí reunidos
corrieron hasta los bordes del improvisado escenario donde la
bailarina acababa de interpretar La muerte del cisne, obra que para
muchos tomaba en aquella circunstancia un dramático simbolismo, y
entre lágrimas y aplausos ratificaron a la artista la profunda
admiración por la obra realizada en pro de un ballet cubano. Después
de efectuar una gira de protesta desde Pinar del Río hasta Oriente,
Alicia radicalizó aún más su actitud al negarse a continuar su
actividad en Cuba mientras se siguiera derramando la sangre del pueblo
cubano.
El 3 de febrero de 1959, en el Teatro Blanquita (hoy Karl Marx) una
función especial para el Ejército Rebelde y el Gobierno
Revolucionario, ponía fin a tan digna postura y marcaba para nuestro
ballet la alborada de los tiempos nuevos.
Ahora, medio siglo después, adquieren nueva dimensión las palabras
de despedida dichas por Alicia el 10 de octubre de 1956, en un estelar
programa televisivo, cuando afirmó: "Estoy segura que el ballet no
morirá, porque lo dejo en unas manos que lo van a defender con todo lo
que tienen, que son las manos del pueblo cubano".
Ese mandato es el que ahora cumple orgulloso el Ballet Nacional de
Cuba.
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