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Colaboración médica cubana en Haití
Las puertas del corazón
MARÍA JULIA MAYORAL Y JOSÉ M. CORREA (fotos)
Enviados especiales
HAITÍ.— Basta con decir "soy cubano" para que en la tierra de
Toussaint Louverture, Dessalines y Pétion, incontables personas te
abran las puertas del corazón. No importan edad, filiación política,
credo religioso; en esta nación vecina, de unos 27 000 kilómetros
cuadrados, ubicada en la porción occidental de la isla de La Española,
hay un afecto singular hacia los hijos de la Mayor de las Antillas. A
los colaboradores de la Salud debemos en gran parte ese aprecio que se
agiganta.
En
no pocos lugares los únicos cirujanos son los médicos cubanos.
Personalmente llevo más de una semana sintiendo ese cariño; lo
mismo en el sur, en el oeste, el sudeste... de este país hermano,
cuyas luchas libertarias iniciadas por hombres como Louverture, lo
convirtieron en la primera República independiente de América Latina,
aunque todavía hoy padece una de las situaciones de miseria más
alarmantes del planeta.
Dentro de zonas montañosas, sin corriente eléctrica, con
terraplenes pedregosos y llenos de oquedades, las carencias se hacen
más notables. Allí la labor de los cubanos se aprecia de modo muy
especial: no hay servicio público gratuito de ambulancias para
trasladar a los enfermos hacia los hospitales, y los dueños de
vehículos particulares fijan precios casi inalcanzables para los
necesitados, aun cuando las distancias por recorrer sean relativamente
cortas.
Sitios donde nunca antes hubo servicios médicos los tienen ahora
gracias a los profesionales de nuestro país. Ellos trabajan en todos
los departamentos (provincias) de Haití, y no solo en hospitales
departamentales; de las 138 comunas (municipios) existentes en esta
nación, 100 cuentan con su presencia desinteresada en dispensarios y
otras unidades de Salud de alcance local.
Como parte de la ayuda solidaria, recientemente fueron reabiertos o
iniciados los servicios en 21 comunas y una sección comunal (localidad
más pequeña). Además, comenzaron a realizarse cirugías oftalmológicas
totalmente gratuitas en dos hospitales, uno ubicado en la capital,
Puerto Príncipe, y otro en Gonaïves, cabecera del departamento de
Artibonite, con lo cual se fortalece aquí la reconocida Operación
Milagro.
Según
explica el pediatra Rodolfo Vila, ubicado en el hospital de Roboteau,
muchos niños son traídos a los centros asistenciales cuando sus vidas
peligran.
Iniciada el 4 de diciembre de 1998, a raíz de la devastación que
provocó el huracán George en la región sureste de Haití, la
colaboración durante siete años puede sintetizarse estadísticamente en
más de nueve millones de consultas, aproximadamente tres millones de
ellas en el terreno, es decir en los lugares de residencia de los
enfermos; en la atención brindada a casi tres millones de niños, la
asistencia a más de 77 300 mujeres embarazadas a la hora del parto,
unas 127 600 intervenciones quirúrgicas, y el récord de haber salvado
192 758 vidas, según confirma el doctor Aldo Grandal, coordinador
nacional de la misión médica cubana.
TESTIMONIOS
Pero ninguna cifra ilustra lo que he visto en estos días. En el
hospital Inmaculada Concepción, perteneciente al Departamento Sur,
conversé con los padres de varios pequeños operados. Uno de ellos se
llama Markens Jason, tiene cinco años y lleva cerca de un mes
ingresado luego de una complicada cirugía para extraer un tumor
cercano al riñón y restablecer su sistema renal. La madre no escatima
palabras para explicar lo que está sintiendo. Dice que "Cuba debe ser
un país muy lindo porque de ahí viene Aurelio, el doctor que me salvó
al niño".
Clender Guerrier, graduado de Medicina en agosto del 2005, trabaja
junto a los galenos de nuestro país en el hospital Inmaculada
Concepción. Se siente seguro por lo aprendido en el Instituto Superior
de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, y sostiene que junto a los
cubanos sigue viviendo "un continuo proceso de aprendizaje". Él forma
parte de los primeros 96 médicos haitianos formados en Cuba, quienes
ahora realizan su especialización en Medicina General Integral, a los
cuales se sumarán en breve otros 116, que en días recientes recibieron
sus títulos en la Mayor de las Antillas.
La admiración del pueblo haitiano también se extiende a estos
jóvenes galenos. "Ellos son distintos"; con frases como esta la gente
humilde suele distinguirlos, porque reconocen en su labor el espíritu
de consagración y amor al prójimo que identifican a sus colegas de la
Patria de Fidel.
Por el Comandante en Jefe nos preguntan en cualquier lugar. En la
ciudad de Les Cayes, en el sur, cuando los pobladores ven la camioneta
blanca y maltrecha de nuestros médicos, preguntan a gritos: ¿Y Fidel
cómo está? Bien, bien, responden los colaboradores sin detener el
vehículo, pues de hacer un alto, la conversación podría ser
interminable: muchos han rogado a sus dioses por salud y larga vida
para quien reconocen como un hombre grande debido a su preocupación
por los pobres. Esa admiración la hacen saber de disímiles formas,
cartas, postales de felicitación, misas en las iglesias, preparativos
para celebrar su cumpleaños el próximo 2 de diciembre, porque el 13 de
agosto la enfermedad del Comandante no lo permitió.
Para Marc Louizaire, el magistrado (gobernador) de la Comuna de
Maniche, una zona montañosa del Departamento Sur, los médicos cubanos
son "queridos y populares". En su demarcación resultan "vitales para
mejorar los indicadores de salud y salvar vidas". Por eso quisiera que
"la ayuda pudiera extenderse a la educación y los deportes".
Abundan en Haití los grupos de solidaridad con Cuba. Betty Stfaveur,
alumna de bachillerato del liceo Phillype Guerier, en Les Cayes,
integra una de esas asociaciones. La joven reconoce que los lazos
entre ambos pueblos "no son de ahora, tenemos un historial de
hermandad desde los tiempos del colonialismo". Ayudar a los médicos
cubanos significa para ella "un pacto de hermanos", por eso se ha
sumado con gusto a las labores de prevención y promoción de salud.
No cree el cariño en barreras idiomáticas, Woslan Pierre, una
muchacha de la comuna de L' Estere, en el Departamento de Artibonite,
todavía no puede sostener conversación fluida con la doctora y la
enfermera cubanas que acaban de llegar para ocuparse del nuevo
dispensario, la única institución de Salud dentro de esa localidad.
Las cooperantes apenas conocen las palabras elementales para
entrevistar en creole a los enfermos, pero Woslan y otros vecinos
optan por cruzar los brazos sobre su pecho en señal de abrazo, como el
que quisieran darles a cada momento a la doctora Mariela y a la
enfermera Bárbara, pues ellas están allí para atenderlos a cualquier
hora del día.
En el hospital de Roboteau, en la ciudad de Gonaïves, también
apreciamos los gestos espontáneos de cariño que se suceden
cotidianamente. Trabajadores de la institución hicieron una carta para
Fidel, y como es algo importante para todos, se reunieron a la entrada
del inmueble para hacer entrega formal de la misiva al jefe de la
brigada médica cubana en el departamento de Artibonite. Escogieron el
sitio por su valor emocional; allí los empleados haitianos izaron
junto a su bandera nacional, la nuestra.
Si fuera afecto en un solo sentido no tendría la dimensión que
posee. Son muchos los relatos de cómo los cubanos han abierto las
puertas de su corazón al pueblo haitiano. Es una relación que
trasciende las relaciones entre profesionales de la Salud y enfermos.
San Yedy, un muchacho de 13 años de edad, residente en Gonaïves, lo
dice todo:
"Aquí, comenta refiriéndose al campamento de los colaboradores,
tengo a papá, a papito, a tío, al abuelo y a muchas tías". El día que
se enteró de que uno de ellos regresaba a Cuba, rompió a llorar a
gritos. El médico, oriundo de la oriental provincia de Las Tunas,
finalmente dejó el albergue, inventando una supuesta gestión
transitoria en Puerto Príncipe; él tampoco quería dejar al hijo
haitiano que empezó a querer como paciente, aquejado de una severa
pulmonía. |