Jamás olvidaremos el 29 de agosto de 2005

LUIS BARRIOS

¿Por qué el gobierno de Estados Unidos, y en este caso en particular George W. Bush, tiene todo el interés que nos olvidemos del Katrina y del 29 de agosto del 2005? Por un lado porque esta administración es culpable de este desastre humano y por otro lado porque este muerto no se lo pudieron achacar a Saddam Hussein o a Osama Bin Laden.

Ha pasado un año y miles de personas siguen esperando por la reconstrucción, pero Bush prefiere el olvido.

La historia nos ha demostrado que la falta de medidas preventivas antes del huracán y de salvamento luego del mismo, muestran una indiferencia selectiva caracterizada por el racismo y clasismo de nuestra elite gobernante. O sea, que lo que unas personas quieren llamar desastre natural debe ser reconocido como el desbarro de la exclusión social. Aquí ni la naturaleza ni Dios conspiraron, aquí conspiró el liberalismo económico y la orfandad social.

De aquí, el que crea que el huracán Katrina refleja por lo menos tres realidades que no debemos dejar pasar inadvertidas. Por un lado se dice que este es el "desastre natural" más catastrófico en la historia de Estados Unidos. En el mismo perdieron la vida más de 1 300 personas y un año después siguen apareciendo cadáveres; un millón y medio de personas perdieron sus hogares; y la reconstrucción, la cual no ha finalizado, lleva en la actualidad un costo de más de 200 000 millones de dólares. Esta reconstrucción se ha caracterizado por un desplazamiento racial-étnico que deja fuera a la gente negra y/o latina y un desalojo clasista que no permite el retorno de la gente pobre o de clase trabajadora.

Este año en enero, la Casa de Representantes del Congreso de Estados Unidos finalizó un informe titulado `A Failure of Initiative' en el cual a pesar de que se le otorga responsabilidad a los gobiernos local, estatal y federal por haber fallado en responder a esta crisis, en ningún momento reconoce que las víctimas eran gente pobre, negra y/o latina. O sea, que las palabras racismo y clasismo fueron ignoradas por el informe.

Quiero enfatizar este asunto de la presencia latina porque en las dos veces que pude estar en Louisiana y Mississippi y conversar con las víctimas, la presencia latina era muy marcada en las calles, pero invisible en los medios de comunicación. La peor parte la llevaron la gente indocumentada, quienes, similar a lo de las Torres Gemelas, perdieron todo y no pueden reclamar nada, y esto incluye a sus muertos.

Por otro lado, está la débil construcción de unas presas o diques construidas por el cuerpo de ingenieros del Ejército de Estados Unidos, para los años de 1930, a lo que se le está denominando como "el fallo más trágico de un sistema de ingeniería civil en la historia de Estados Unidos".

Y por último, y no menos importante, una falta de iniciativa o iniciativa tardía, por parte de los gobiernos estatales y federales, con intervenciones preventivas antes del desastre y de rescate luego del mismo. Aquí el cristianismo fanático del presidente Bush quedó demostrado.

En su fanatismo religioso ha desarrollado una especie de gobierno teocrático el cual se caracteriza por un idiotismo místico que refleja una indiferencia consciente hacia las necesidades del pueblo y una preocupación por los intereses del mercado. Su intención es poder desarrollar una alienación política que permita al poder controlar a las personas a través del convencimiento de que no es posible cambiar las realidades existentes que estamos viviendo.

Hay la necesidad de sacar a esta administración de la Casa Blanca y de una vez y por todas entender que no hay diferencia entre las dos opciones de una dictadura de partido que tenemos en Estados Unidos con Republicanos y Demócratas. ¿Qué hacer entonces? Vamos a convertirnos en militantes de la esperanza y construyamos la alternativa política que responda a nuestras realidades personales y colectivas construyendo la paz con justicia.

 

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