Alberto Faya, apego al Sur

OMAR VÁZQUEZ
omar.vc@granma.cip.cu

La fascinación que la música sudamericana viene ejerciendo sobre muchos intérpretes desde hace dos décadas — a partir de la complejidad rítmica y otros valores identitarios—, encontró entre nosotros a Alberto Faya como uno de los más entusiastas exponentes.

Este promotor y músico, fundador del grupo Moncada, ha hecho profesión de fe de una estética que entiende el Sur no solo como una denominación geográfica, sino como una razón de pertenencia cultural, a la manera enunciada por el escritor uruguayo Mario Benedetti cuando reclamó: "el Sur también existe".

Tal precepto fue resaltado en el espectáculo Concierto Sur, de Alberto Faya y su grupo Camino de Santiago (Sala Caturla del Teatro Amadeo Roldán), con la cantante Teresa García Caturla y el juvenil y excelente trompetista Maykel González como invitados.

Desde las iniciales samba Canto esperanza, y la vital Gracias a la vida, de Violeta Parra, pasando por Vidala de la copla, que cantan en el altiplano, subrayada por el saxo para rememorar el ulular del viento que lo azota, hasta Sondeando, de su autoría, en la mejor línea de Ignacio Piñeiro, Faya sustentó el objetivo de su propuesta.

Con conocimiento del material sonoro que se trabaja, incluyendo el uso del cuatro, la armónica y otros instrumentos para subrayar atmósferas, Alberto Faya logró otros momentos hermosos, con temas folclóricos como El cantar tiene sentido, inspiración que le brotó el día anterior al concierto; y Qué difícil se me hace, también de su autoría; el blues Summer time y otros, hasta guarachar junto a Teté García Caturla, con El Guayabero, de Faustino Oramas. Ella ya había sobrecogido a los asistentes en otra cuerda, con Drume negrita, de Grenet.

El muy joven grupo Camino de Santiago (María de los Ángeles Córdova, piano, su compañera en la vida; sus hijos David y Pablo, en el bajo y el saxofón, respectivamente; Reynier Mendoza, drums; y Edgar Martínez, percusión) comunicó por la fluidez en la ejecución, la seguridad en el escenario y la brillantez del sonido en un excelente concierto del que Alberto Faya se puede sentir complacido, aunque el mal tiempo reinante conspiró contra la asistencia del público, por lo que merece repetirse.

 

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