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Somos Cuba y la dimensión humana
ANTONIO PANEQUE BRIZUELA
paneque.b@granma.cip.cu
Desde la significación de su propio nombre, el espacio televisivo
Somos Cuba muestra sus claras intenciones detrás y delante de la
cámara.
Propósito difícil de lograr precisamente por lo ambicioso, no cabe
duda, sin embargo, de que ese es ya un nombre que va ganando sus
apellidos. Entre figuras muy conocidas, y otras que hubieran quedado
en el olvido de no ser rescatadas, los realizadores del programa han
ido integrando una galería de personajes que, por legítimos, describen
una época (la nuestra) y lindan con la universalidad.
Pero esa legitimidad no es perseguida en este programa solo a
partir del personaje, sino de su dimensión humana, de sus lados
aparentemente débiles, de seres comunes; grandiosos por imponerse a
obstáculos o momentos difíciles de la vida. Así, la periodista Ilse
Bulit, perdida su visión, enfrenta un cataclismo, pero no permite el
apocalipsis. Y lo mismo pasa la cámara alrededor de otros seres con
desdichas similares o parecidas, que logran salvarse validando aquel
concepto defendido por Hemingway de que "un hombre puede ser destruido
pero nunca vencido", y cuya presencia en el programa sirve de muestra,
consejo, prevención, alerta...
Y a tenor de todo eso, se revelan en el programa ángulos
filosóficos, sicológicos, sociológicos, artísticos. Todos develados
por la rigurosa investigación de terreno realizada y luego subrayada
por sus realizadores, mediando los recursos del medio. Por ese camino,
llegamos al lado periodístico de Somos Cuba, y, siguiendo la pista,
encontramos al reportero de espíritu inspirado y probado oficio que
hay en Julio Acanda.
Autor que ha hablado (escrito) con éxito sobre puntos tan extremos
como Chipre o su Isla de la Juventud, conductor sobrio, estudiado,
casi aristocrático (a veces, tal vez, algo afectado), quizás sentía
esa gran deuda con la Isla Grande, y ahora la cumple con este y otros
programas que lo van llevando desde el archipiélago hacia el
continente: desde la ciudad hasta el mundo.
Emigrantes en Cuba procedentes de Canadá o de Italia, que "sufren"
la nostalgia de la distancia, pero "disfrutan" el camino hacia otra
nación. O artistas como Juana Bacallao ("Nunca estudié música, eso
vino conmigo"; "Mi público es lo que me mantiene viva". "He vivido
para el pueblo"), que encierran secretos de profesión y artificios de
identidad y nos permiten decir que, en efecto, Somos Cuba.
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