Aniversario 46 de la Federación de Mujeres Cubanas

Convertir en hazaña el esfuerzo cotidiano

Fragmentos de Discursos pronunciados por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, tomados del libro "Mujeres y Revolución"

Y yo quería demostrar que las mujeres podían ser tan buenos soldados y que existían muchos prejuicios... con relación a la mujeres, y que la mujer es un sector de nuestro país que necesita también ser redimido, porque es víctima de la discriminación en el trabajo y en otros muchos aspectos de la vida.

Organizamos las unidades de mujeres, que demostraron que las mujeres pueden pelear, y cuando en un pueblo pelean los hombres y pueden pelear las mujeres, ese pueblo es invencible.

(Alocución al pueblo de Cuba, Santiago de Cuba, 1ro de enero de 1959)

...Por eso es bueno recordar, por eso es bueno organizar, por eso es bueno unir, por eso es bueno prepararse a luchar, por eso este paso que han dado las mujeres cubanas es una victoria más de nuestro pueblo, una fuerza más de nuestro pueblo. Esta unificación de todos los sectores femeninos de la Revolución es constituir una fuerza, una fuerza entusiasta, una fuerza numerosa, una fuerza grande y una fuerza decisiva para nuestra Revolución.

[...]

... Y que no quede un solo lugar de Cuba donde no esté constituida la Federación de Mujeres Cubanas, que no exista una sola mujer revolucionaria que no esté agrupada en la Federación de Mujeres Cubanas, y verán como la Revolución podrá contar con una fuerza más, con una nueva fuerza organizada, con una tremenda fuerza social y revolucionaria.

(Acto de Fundación de la FMC, Teatro de la CTC, 23 agosto de 1960)

Las mujeres, dentro de la sociedad, tienen intereses que son comunes a todos los miembros de la sociedad; pero tienen también intereses que son propios de las mujeres. Sobre todo, cuando se trata de crear una sociedad distinta, de organizar un mundo mejor para todos los seres humanos; las mujeres tienen intereses muy grandes en ese esfuerzo, porque, entre otras cosas, la mujer constituye un sector que en el mundo capitalista en que vivíamos estaba discriminada. En el mundo que estamos construyendo, es necesario que desaparezca todo vestigio de discriminación de la mujer.

Pero aún cuando desde el punto de vista legal y desde el punto de vista objetivo, desapareciera todo vestigio de discriminación, quedan todavía una serie de circunstancias de orden natural y de costumbres que hacen importante para la mujer estar organizada, trabajar y luchar.

(I Congreso de la FMC. 1ro de Octubre de 1962. La Habana)

Cuando nosotros llegamos esta noche aquí, le dije a un compañero que este fenómeno de las mujeres en la Revolución era una Revolución dentro de otra Revolución. Y si a nosotros nos preguntaran qué es lo más revolucionario que está haciendo la Revolución, responderíamos que lo más revolucionario que está haciendo la Revolución es precisamente esto; es decir, la revolución que está teniendo lugar en las mujeres de nuestro país. Si nos preguntaran cuáles son las cosas que más nos han enseñado en la Revolución, responderíamos que una de las lecciones más interesantes que los revolucionarios estamos recibiendo en la Revolución es la lección que nos están dando las mujeres.

[...]

Si las mujeres en nuestro país eran doblemente explotadas, eran doblemente humilladas, eso significa sencillamente que en una revolución social las mujeres deben ser doblemente revolucionarias.

Y esto tal vez explica, o contribuya a explicar y se puede decir que es la base social que permite explicar por qué la mujer cubana apoya tan decididamente a la Revolución, tan entusiastamente a la Revolución, tan firmemente a la Revolución. Sencillamente por eso, porque es una Revolución que significa para la mujer dos revoluciones, que significa para la mujer una doble liberación: la mujer formando parte de los sectores humildes del país, de los sectores explotados del país; y la mujer, además, discriminada, no ya como trabajadora, sino discriminada como mujer dentro de esa sociedad explotadora.

(V Plenaria de la FMC, Santa Clara, Villa Clara, 9 diciembre 1966)

...aquella situación que encontró la Revolución justificó plenamente la creación de la Federación de Mujeres Cubanas. Porque nuestra experiencia nos enseña que cuando un país subdesarrollado como el nuestro se libera e inicia la construcción del socialismo, es necesaria una organización de masas como esta, puesto que la mujer tiene que enfrentarse a innumerables tareas en el seno del proceso revolucionario. Y por eso estimamos que la decisión de desarrollar este movimiento femenino, de crear esta organización que nació el 23 de agosto de 1960, fue realmente una decisión acertada, puesto que las tareas que esta organización ha desarrollado no habrían podido llevarse adelante por otros mecanismos.

¿Qué habría hecho el Partido sin esta organización de mujeres? ¿Qué habría hecho la Revolución?

[...]

Nosotros creemos que esta lucha contra la discriminación de la mujer, esta lucha por la igualdad de la mujer y por la integración de la mujer, debe de realizarla toda la sociedad. Y es tarea, en primer lugar, de nuestro Partido, es tarea de nuestras instituciones educacionales y es tarea de nuestras organizaciones de masas todas.

[...]

Pero quedan muchos hábitos de los tiempos en que la mujer era también una propiedad dentro de la sociedad. Y estos hábitos de pensar hay que erradicarlos. Pero para alcanzar esos objetivos tienen que luchar juntos mujeres y hombres, tienen que tomar conciencia del problema seria y profundamente las mujeres y los hombres. Tienen que librar juntos esa batalla. Y nosotros estamos seguros de que se librará y de que se ganará.

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Y constantemente nos encontramos hasta con formas verbales, lingüísticas, de discriminación de la mujer... Y tenemos que tener cuidado hasta con eso. Porque a veces decimos una consigna que aparece muy bonita; se dice: "La mujer debe ser compañera del hombre"; pero también se pudiera decir: "El hombre debe ser compañero de la mujer".

Hay el hábito lingüístico de colocar al hombre siempre como centro, y eso es desigualdad, o refleja la desigualdad, refleja los hábitos de pensar, aunque lo menos importante en último término sería la lengua, lo menos importante serían las palabras. Hay veces en que las palabras recuerdan cualquier cosa del pasado, sin que tengan ya ese sentido. ¡Lo importante realmente son los hechos!

[...]

La Revolución tiene en las mujeres cubanas hoy día un verdadero ejército, una impresionante fuerza política. Y por eso decimos que la Revolución es sencillamente invencible. Porque cuando la mujer adquiere ese nivel de cultura política y de militancia revolucionaria, quiere decir que el país ha dado un salto político muy grande, que nuestro pueblo se ha superado extraordinariamente, que la marcha de nuestra Patria hacia el futuro no la puede ya detener nadie.

[...]

Ustedes a veces dicen que han aprendido de nosotros, pero la realidad es que es mucho más lo que aprendemos nosotros de ustedes, lo que aprendemos del pueblo, lo que aprendemos de las masas. Porque siempre renuevan y fortifican nuestra confianza, nuestra fe, nuestro entusiasmo revolucionario. Ustedes nos ayudan a educarnos a nosotros. Y cuando digo nosotros, lo digo no solo como dirigente del Partido, lo digo también como hombre. Nos ayudan a todos, a todos los hombres, a todos los revolucionarios a tomar más clara conciencia de estos problemas, y ayudan al Partido y ayudan a los dirigentes de la Revolución.

Tiene que llegar el día en que tengamos un Partido de hombres y mujeres, y una dirección de hombres y mujeres, y un Estado de hombres y mujeres, y un Gobierno de hombres y mujeres. Y creo que todos los compañeros están conscientes de que esa es una necesidad de la Revolución, de la sociedad y de la Historia.

(II Congreso de la FMC. La Habana, 29 de noviembre de 1974)

¿Y cómo habría podido llevarse a las masas de mujeres cubanas a ese nivel que hoy alcanzan, a esa conciencia política y revolucionaria que hoy ostentan, sin el esfuerzo de la Federación de Mujeres Cubanas? ¿Cómo habríamos podido llevar las ideas revolucionarias, los principios del marxismo-leninismo, en masa, a las trabajadoras, a las amas de casa, sin el esfuerzo tesonero, constante, de la Federación de Mujeres Cubanas? ¿Cómo habrían podido formarse tantos miles y decenas de miles de cuadros que en diversos niveles dirigen el esfuerzo de la Organización? ¿Cómo habrían podido destacarse tantas mujeres en nuestra sociedad? ¿Cómo habrían podido prepararse tantos cuadros, no solo para el trabajo de la Organización en sí, sino para apoyar los distintos frentes de la Revolución?

(III Congreso de la FMC, Teatro Karl Marx, 8 de marzo de 1980)

Se discutió también lo que mencioné al principio, relacionado con los parámetros diferentes que, en el orden moral, se aplicaban para juzgar la conducta del hombre y la mujer. Y no se estaba predicando precisamente extender al sector femenino las malas costumbres o los malos hábitos, o las indisciplinas o como quieran llamarlas, de los hombres; nunca debemos en este terreno extender lo peor, sino, en todo caso, extender lo mejor.

Siempre una sociedad parte de determinados valores, lo que no se puede admitir es la aplicación de determinados parámetros y valores a los hombres y otros a las mujeres.

(IV Congreso de la FMC, Teatro Karl Marx, La Habana, 8 de marzo 1985).

Entonces me pregunto: "En unas circunstancias como estas, en que decenas de miles de compatriotas nuestros están allí en la primera línea, frente al enemigo sudafricano, ¿podríamos excluir a las mujeres? ¿Podíamos negarles a las mujeres la oportunidad de participar también? Esa es la razón, compañeras, por la cual se tomó la decisión de enviar Åsobre los principios con que se ha hecho siempre, sobre la base de la absoluta voluntariedadÅ contingentes también de mujeres a cumplir la misión internacionalista de Angola. Y esa es la razón por la cual ustedes, las guantanameras, han tenido la feliz oportunidad de ir a cumplir esta misión internacionalista.

(Encuentro con las compañeras de la Primera Batería Artillera Antiaérea del regimiento Femenino de Guantánamo, 24 junio 1988).

No hemos conquistado toda la justicia, pero tenemos que salvar toda la justicia conquistada. De eso se trata, pero es difícil, y en cierta forma habrá determinados retrocesos, son inevitables en las circunstancias nuestras. Así que un poco de la justicia conquistada la perdemos inevitablemente, esos niveles de posibilidades y de igualdad que habíamos creado, por los distintos factores de tipo económico; pero todo lo que pueda ser preservado Åy es casi todoÅ debemos preservarlo

[...]

Pero es muy importante también la comprensión de que la mujer es una fuerza política tremenda, y hoy más que nunca la Revolución necesita del apoyo de las mujeres; en la medida en que tenemos tiempos más difíciles, más apoyo. No podemos permitir que se desalienten las mujeres, que se sientan relegadas, que se sientan que no hay ya el mismo ardor en el combate por la justicia. Hoy debe haber más.

(VI Congreso de la FMC, Palacio de Convenciones, 3 de marzo de 1995)

Por otra parte, sin la mujer la obra ingente de la Revolución no habría sido posible. A lo largo de estos años difíciles, no ha habido tarea económica, social y política, no ha habido logro científico, cultural y deportivo, no ha habido aporte a la defensa de nuestro suelo y de la soberanía de la Patria, que no haya contado con la presencia invariablemente entusiasta y patriótica de la mujer cubana. Nadie como ella ha hecho los mayores sacrificios en el periodo especial que estamos aún viviendo, ni se ha empinado tanto hasta convertir en hazaña el esfuerzo cotidiano.

(Carta enviada con motivo del Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo de 1997, La Habana)

No se puede obligar a una mujer a tener un hijo. ¿Qué sentido tiene obligar a una mujer a tener un hijo, o a una joven que pueda haber quedado embarazada porque la hayan engañado, la hayan seducido, la hayan violado, o por cualquier otra razón?, puede tratarse de una jovencita que esté estudiando, que ni ella quiera tener el hijo ni los padres quieran que tenga el hijo. Hay que respetar su voluntad, y dentro de un límite de tiempo bastante estricto, a partir de la gestación, como se establece en nuestro país, permitir la interrupción del embarazo...

[...]

¿Cuál es nuestro deber? Educar a la gente, ese sí es nuestro deber, perfeccionar nuestra educación sexual, no solo por esto, sino porque el aborto no puede ser un anticonceptivo, y en eso hay que educar a nuestros jóvenes.

[...]

Por mucho Código de Familia que hemos hecho y aprobado, el código es más bien educativo, no es coercitivo; nadie va a la cárcel por no ayudar a la mujer a fregar los platos, o no cargar al niño, o no darle el biberón. Y hay muchos hombres que lo hacen, hay que decir la verdad. En honor de la Revolución se puede decir que ha mejorado al hombre, porque sé de muchos jóvenes que practican ese principio de compartir los trabajos en el hogar; pero la gran realidad es que el peso principal Åestoy viendo a uno que se está riendo, no lo voy a mencionarÅ lo tiene la mujer. Y la mujer trabajadora sufre mucho el peso del trabajo que tiene en el hogar, muchísimo.

[...]

Ahora, si hay más libertad, hay que educar a los hombres, a las mujeres y a los niños en el ejercicio de la libertad y el ejercicio de la responsabilidad. Ese es nuestro pensamiento revolucionario sobre el tema.

(Discurso pronunciado en la Asamblea Nacional del Poder Popular, Palacio de Convenciones, 24 de febrero de 1998)

En las gloriosas batallas de la Revolución, las mujeres han estado en la primera línea, y a nosotros nos enorgullece pensar cuánto ha cambiado la vida de la mujer en nuestro país y qué panorama tan distinto se puede observar hoy. No hay que argumentarlo, es obvio.

(Intervención Especial en el Acto por el Día Internacional de la Mujer. 8 de marzo de 2005, Palacio de Convenciones)

Hay que sembrar más valores que trigo, a pesar del hambre que hay en el mundo, porque solo sembrando valores tendremos un día trigo para todos. Solo sembrando valores tendremos un día alimento para todos.

¡Sembremos conciencia, sembremos ideas, sembremos cultura, sembremos valores y tendremos el mundo con que soñamos; tendremos el mundo que el ser humano merece!

(Clausura del encuentro Internacional de Solidaridad entre Mujeres, Teatro Karl Marx, 16 de abril de 1998).

 

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