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— Indetenible se presenta la resistencia iraquí ante las medidas del
Gobierno y las tropas de la coalición, cuando hoy realizó nuevos
ataques en esta capital y otros lugares, que costaron la vida a seis
personas.
Una bomba detonó en el barrio bagdadí de Al Saidiya al paso de un
microbús y causó el deceso de una persona y heridas a otra, informaron
fuentes de seguridad.
En lo que se presume una operación organizada, un insurgente
cargado de explosivos intentó penetrar una estación de la policía en
la norteña ciudad de Mosul, pero fue detectado antes por lo cual hizo
detonar la bomba adosada a su cuerpo.
La onda expansiva ocasionó la muerte de una mujer y heridas a ocho
policías, cinco de los cuales se encuentran graves, según una versión.
Sin embargo, un coronel del cuerpo armado precisó que la fémina
pereció a consecuencia de disparos de las tropas norteamericanas y sus
aliados iraquíes.
El director de la compañía para Industrias Eléctricas de Iraq,
Ibrahim Nargues, pereció por los disparos de hombres armados en la
ciudad de Baquba, donde otras tres personas murieron en acciones
similares.
Cálculos aún no confirmados estimaron que en julio pasado al menos
tres mil 500 iraquíes perdieron la vida, en su mayoría por los
sistemáticos ataques de las agrupaciones rebeldes, con lo cual se
convierte en el mes más letal desde el inicio de la ocupación.
Pese a las múltiples medidas diseñadas por el gobierno del primer
ministro iraquí, Nuri al Maliki, asesorado por el gobierno
estadounidense, hasta la fecha ha sido imposible ejercer un control
verdadero sobre la cada vez más organizada fuerza de la resistencia.
Ni el envío de más militares a Bagdad para reforzar la operación
Adelante juntos - que dispone de más de 60 mil soldados patrullando
las calles- ni las medidas de excepción decretadas han podido detener
la ofensiva de los insurrectos, dijeron observadores.
En tanto, el Tribunal Penal Supremo iraquí reinició hoy la tercera
sesión del juicio contra el ex presidente Saddam Hussein y seis de sus
principales colaboradores, acusados de genocidio, crímenes de guerra y
crímenes contra la humanidad en el Kurdistán.
Los hechos tuvieron lugar a finales de la década de los 80 del
siglo pasado y costó la vida a unos 100 mil kurdos, según testigos
acusadores.