Hierba buena para campos deportivos

Texto y foto: VENTURA DE JESÚS

El colectivo de la Estación Experimental Indio Hatuey, de Matanzas, produce variedades de hierba para utilizar básicamente en instalaciones deportivas. Hoy lo consideran uno de sus quehaceres más apreciados en los últimos tiempos.

Las atenciones para lograr un buen césped no son pocas.

Los césped son actualmente la cara más popular de este sitio con abolengo científico, buen ejemplo de lo que se puede con escasos recursos.

Conocido por sus líneas de pastos y forrajes a lo largo de más de 40 años, el colectivo matancero desarrolla desde hace una década un importante proyecto de investigación.

Camino que transita sin el auxilio de experiencias anteriores. En el país ninguna otra institución realiza ese trabajo. Aprendimos sobre la marcha, y eso siempre constituye un reto, pero sirve de mucho, precisa Giraldo Jesús Martín Martín, director de la Indio Hatuey.

El primer "encespado" lo obtuvieron en 1996 y fue destinado para el campo de golf de Varadero. Luego fabricaron la cubierta del Estadio Latinoamericano, donde existían más de 20 especies de plantas en el césped. Después incursionaron en el Changa Mederos, en la capital. También apoyaron la remodelación del Capitán San Luis, en Pinar del Río.

¿Qué ha ocurrido allí donde han sido colocados?

"Deben perdurar, pero como todo en la vida necesitan de atención. Aunque se trata de variedades resistentes requieren de cuidado y mantenimiento. El Latino es buena muestra. Allí hay mucho celo por el césped. No es así en otros lugares. Todavía falta cultura.

"En el terreno del Cerro se trabajó bajo la supervisión de un grupo multidisciplinario. Todo se hizo nuevo, levantaron el césped, removieron la tierra y nivelaron hasta con rayos láser".

¿Cuál es la variedad más usada?

"La Bermuda 328, conocida científicamente como Cynodon Dactylon" es una planta con buen anclaje en el suelo, de hojas finas que se entretejen, facilita el corte bajo y permite el paso de la pelota sin dificultad.

"El país cuenta en estos momentos con unas 10 variedades, y la aspiración es importar otras que admiten la irrigación con agua salada.

"Se piensa además en la aplicación de biofertilizantes y bioplaguicidas para reducir al mínimo el uso de fertilizantes químicos, y de ese modo concebir un césped orgánico."

En Cuba no todos los terrenos deportivos disponen del césped que establecen las normas. El veterano Carlos Arturo Gómez, con 43 años en los trajines de la Indio Hatuey, advierte que los más de 20 trabajadores del centro dedicados a la especialidad de césped participan, aunque modestamente, en obras de la Batalla de Ideas.

Apunta que hoy se requiere mucho tiempo y esfuerzo para lograr, por ejemplo, la cubierta de un terreno de pelota, algo que puede simplificarse con equipos modernos, que además reducirían el costo.

De cualquier manera, son innegables las ventajas de estas variedades de césped. No se sabe, afirma Carlos Arturo, cuánto lo agradecen los deportistas, especialmente los peloteros.

 

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