PENA DE MUERTE-EEUU:

Mi origen latino me condena

MARK WEISENMILLER

"Recuerdo día y fecha exactos, jueves 3 de enero del 2002. Es como mi segundo cumpleaños. Lo primero que hice fue besar el césped, porque durante 17 años no pisé más que el hormigón", relata el ex condenado a muerte Juan Roberto Meléndez, quien a pesar de sus 55 años luce barba y pelo bien negros.

Desde que fue liberado cuatro años atrás de una prisión del estado de la Florida, donde aguardaba su ejecución, no ha podido dejar de contar su historia.

Meléndez fue liberado del penal correccional de Raiford, tras haber sido condenado en 1984 a la pena máxima por un crimen que no cometió. El estado de la Florida aún no se ha disculpado con él.

Esta es la historia de muchos prisioneros exonerados de ese castigo extremo que se hallan en el sistema carcelario simplemente por ser pobres y de origen latinoamericano. Noventa y seis por ciento de los estados donde la Asociación de Abogados Estadounidense estudió en 1998 las sentencias a muerte, muestra claramente esa discriminación existente.

"Solo Dios sabe cuántas personas de las que han sido ejecutadas en este país no corrieron con mi misma suerte y la de otros prisioneros exonerados", dijo Meléndez a IPS. "No puedo dejar de recalcar cuánta suerte tuve en haber podido demostrar mi inocencia".

Meléndez permaneció 17 años, ocho meses y un día, casi un tercio de su vida, en el pabellón de los condenados a muerte. "Cuando me liberaron me dieron 100 dólares, un par de pantalones y una camiseta. Eso es todo. Nunca nadie me pidió disculpas", señaló.

Tras haber cursado el noveno grado en Puerto Rico, Estado Libre Asociado, Meléndez, nacido en Estados Unidos, se mudó en 1970 nuevamente y consiguió un empleo en Delaware, como trabajador inmigrante, recogiendo verduras. Ese mismo año, viajó a la Florida donde trabajó en varias plantaciones de cítricos.

El 13 de septiembre de 1983, el propietario de un centro de enseñanza de cosmetología, Delbert Baker, fue asaltado y brutalmente asesinado en la noche.

Meléndez fue acusado, se declaró inocente y llegó a presentar cuatro testigos que manifestaron que ese día, él se encontraba en otro lugar. La policía detuvo a una persona de origen latinoamericano en base al testimonio de un hombre que le guardaba rencor.

Mientras esperaba el juicio, su abogado entrevistó y grabó la confesión de Vernon James, un hombre que había sido visto en la escuela de cosmetología poco antes de la hora de cierre.

James se negó a testificar a favor de Meléndez amparado en la quinta enmienda constitucional, que da derecho a toda persona a no autoincriminarse. Además, el tribunal determinó que la confesión grabada era una prueba indirecta y no permitió que se escuchara.

El 21 de septiembre de 1984, Meléndez fue condenado a muerte.

Tras haber agotado las instancias de apelación, un hombre inocente entró en el pabellón de la muerte. En 1986, James fue asesinado.

"Estar entre los sentenciados a muerte es un infierno. Todos los días (los prisioneros) sentíamos la presión. Todos sentimos la angustia mental de saber que la pena capital pendía sobre nuestras cabezas", señaló.

Después de haber estado 10 años en prisión, Meléndez perdió las esperanzas. Pero su nuevo abogado le pidió a un investigador que encontrara algo, cualquier cosa, que le diera más tiempo a la defensa. Y lo logró. Encontró la transcripción de la confesión de James en la oficina de un juez de un tribunal de circuito del condado de Polk, en la Florida. El juez no era otro que el primer abogado defensor de Meléndez.

El magistrado le dijo al investigador que mientras que limpiaba su oficina encontró el documento. Ese hallazgo fue suficiente para que Meléndez tuviera derecho a un nuevo juicio.

"Durante uno o dos días, estuve enojado con el juez por haberse olvidado o ignorar la existencia de la transcripción. Pero después me di cuenta que cualquier cosa que me salvara de la pena de muerte era buena", recordó Meléndez.

Pero todavía tuvieron que pasar dos largos años para que la jueza Bárbara Fleisher le concediera un nuevo juicio, que tuvo lugar el 5 de diciembre del 2001. Un mes después, Meléndez era libre. (Fragmentos tomados de IPS)

 

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