Varios impactos de obuses de mortero,
seguido de una potente explosión de un coche bomba, dejaron
alrededor de 30 muertos y más de un centenar de heridos, informó
el coronel de la policía Abbas Mohamed Salman, quien no clasificó
las víctimas entre civiles y militares.
En Karrada viven algunos de los
principales dirigentes del Consejo Supremo de la Revolución
Islámica de Iraq, incluidos su titular, Abdul Aziz al Hakim; el
presidente del país, Jalal Talabani, y el vicepresidente, Adil
Abdul Mahdi.
Los proyectiles de mortero
destruyeron edificios y viviendas, mientras el carro bomba explotó
a pocos metros de una gasolinera, lo cual ocasionó gran
deflagración en los alrededores, indicó la fuente.
El ataque fue considerado una clara
señal de las fuerzas insurgentes al gobierno del primer ministro
iraquí, Nuri al Maliki, y al mando de las tropas extranjeras de
ocupación, de que persistirán en la lucha hasta expulsar a los
invasores.
Los expertos estimaron, además, que
es un reto a la aprobación del presidente estadounidense, George W.
Bush, del envío de más militares a Bagdad desde otras regiones del
convulso país, acordado el pasado martes en coincidencia con la
visita a Washington de Al Maliki.
La decisión de Bush indica el
fracaso del anunciado plan de reconciliación nacional del jefe del
gabinete iraquí y de la operación Adelante juntos, que desde el
pasado 14 de junio 55 mil efectivos norteamericanos e iraquíes
lanzaron en Bagdad.
Toques de queda, allanamientos de
viviendas, prohibición vehicular y otras medidas de excepción
forman parte del plan, a fin de frenar el incesante accionar de los
grupos rebeldes.
Al oste de esta capital, en Mansour,
hombres armados dieron muerte a cuatro guardias de seguridad frente
a la mezquita al Rahman, dijo una fuente policial.
Por otro lado, el Tribunal Penal
iraquí anunció hoy que el fallo del juicio seguido al ex
presidente iraquí Saddam Hussein y a siete de sus colaboradores
será dado a conocer el próximo 16 de octubre.
El proceso iniciado hace varios meses
se ha caracterizado por un marcado carácter político y
propagandístico, matizado por los asesinatos de tres de los
abogados de la defensa, la huída a otros países de testigos y la
imposición de patrones por el tribunal.