| Canto a Fidel
De este momento, en que Fidel va a
ser liberado de la prisión en México gracias a las gestiones del
ex presidente Lázaro Cárdenas, el Che contaría después: Recuerdo
que le expuse específicamente mi caso: un extranjero, ilegal en
México, con toda una serie de cargos encima. Le dije que no debía
de manera alguna pararse por mí la revolución, y que podía
dejarme, que yo comprendía la situación y que trataría de ir a
pelear desde donde me lo mandaran, y que el único esfuerzo debía
hacerse para que me enviaran a un país cercano y no a la Argentina.
También recuerdo la respuesta tajante de Fidel: "Yo no te abandono".
Vámonos,
ardiente profeta de la aurora,
por recónditos senderos
inalámbricos
a liberar el verde caimán que
tanto amas.
Vámonos,
derrotando afrentas con la frente
plena de martianas estrellas
insurrectas,
juremos lograr el triunfo o
encontrar la muerte.
Cuando suene el primer disparo y
se despierte
en virginal asombro la manigua
entera,
allí, a tu lado, serenos
combatientes,
nos tendrás.
Cuando tu voz derrame hacia los
cuatro vientos
reforma agraria, justicia, pan,
libertad,
allí, a tu lado, con idénticos
acentos,
nos tendrás.
Y cuando llegue el final de la
jornada
la sanitaria operación contra el
tirano,
allí, a tu lado, aguardando la
postrer batalla,
nos tendrás.
El día que la fiera se lama el
flanco herido
donde el dardo nacionalizador le
dé,
allí, a tu lado, con el corazón
altivo,
nos tendrás.
No pienses que puedan menguar
nuestra entereza
las decoradas pulgas armadas de
regalos;
pedimos un fusil, sus balas y una
peña.
Nada más.
Y si en nuestro camino se
interpone el hierro,
pedimos un sudario de cubanas
lágrimas
para que se cubran los
guerrilleros huesos
en el tránsito a la historia
americana.
Nada más.
Che Guevara,
México, 1956. |