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Rebeldía, denuncia y hardcore
Clausurado Segundo
Festival de Pop Rock
MICHEL HERNÁNDEZ
La
Tribuna Antimperialista José Martí acogió un trash (género fuerte)
de ribetes góticos mezclado con un mordiente heavy (rock duro) y la
implosión sonora del rap-metal para clausurar el Segundo
Festival de Pop Rock Ciudad Habana 2006 en las últimas horas del
sábado ante cerca de 3 000 personas
Cuando retumbaron los
primeros campanazos del rock, llegó la escudería de Ánima Mundi,
que demostró con su diseño progresivo el mérito de unos músicos
destinados a convertirse en vanguardia armónica del país.
Consiguieron aplausos. Pero el público metalero rugía: "¡Más!". En
el frente de la instalación dos carteles anunciaban a Hipnosis y
Escape.
Los Kent hicieron un
rápido recorrido por los oscuros túneles del rock cubano partiendo
de los años sesenta y cayeron frente al Malecón habanero. Tomaron el
escenario fácilmente cuando cientos de gargantas se agitaron con su
versión de Another Brick in the Wall, de los inmortales Pink
Floyd. Recordamos a Syd Barret, recientemente fallecido. También a
George Harrison, cuyas cenizas descansan tranquilas en el Ganges. El
ex Beatle fue un hombre fiel al ideal de su vida. Nos unimos a la
excelente idea de homenajearlo.
En este punto álgido del
concierto se sintió la ausencia de imágenes en las pantallas
gigantes a ambos lados de la explanada. Hubieran tributado al
espectáculo y ayudado a incrementar la cultura musical de mareas
adolescentes que caen deslumbradas ante la rebeldía artificial
construida por el mercado del New Metal.
Los Kent, los más
veteranos del programa, merecen reverencia. Quienes los han seguido en
el Café Cantante del Teatro Nacional, en el Chévere, o en homenajes
a John Lennon, podrían compartir mi opinión. El rock cubano siempre
será deudor del esfuerzo y dedicación de estos músicos. Sería
reconfortante agasajarlos en algún momento. Los arreglos "kentianos"
de Smoke on the Water provocaron marejadas de fondo. El "pinchazo"
de Deed Purple elevó el nivel de adrenalina rápidamente.
Pero ninguna sorpresa
emanó de la caja de Pandora de las bandas presentes. Sobrevino del
acontecimiento menos esperado. En medio de los coros guturales de
Hipnosis, acompañados por el "trasheo" de ángeles del "heavy-trash"
y la voz penitente del vocalista, una figura histórica del rock
cubano atravesó el tablado: David Blanco, ex-vocal de Cosa Nostra y
máximo responsable del disco Invisible Bridges (EGREM, 1999).
Resurgió para evocar junto al "Zeppelin", los espasmos de un dios del
movimiento grunge. Mediante una poderosa ejecución de Man
In the Box (Alice Chains, 1991) complació las expectativas de los
entendidos.
La escena quedó preparada
para cerrar a base de hardcore (género musical derivado del punk
rock). Escape robó las energías esparcidas en el ambiente por casi
cuatro horas. Los primeros riffs (acordes de guitarra) de Ahora
o nunca delinearon el contorno social de un sector del rock
cubano.
Denuncias al bloqueo
norteamericano y contra la Ley de Ajuste Cubano antecedieron a Cuba
Rebelión. El espíritu del grupo barrió los pocos espacios de
silencio. A pesar de sufrir cambios en su alineación, se ha ubicado
en el pináculo preferencial de los seguidores de la radicalidad
sónica. Ganaron por gol de ventaja el mundial nocturno donde también
cabe destacar el trabajo de uno de sus músicos, El Dela, quien lleva
a la par el bajo y su trabajo como diseñador en la UCI.
Cerramos otra página de
historia del rock cubano, coauspiciada por el Instituto Cubano de la
Música y la Asociación Hermanos Saíz. Pero no podemos reposar otro
año para lograr mejores condiciones en pos de una mayor calidad en
nuestras bandas. Si batallamos por conseguir mejores espacios, pienso
también en la necesidad de refundar el debate y construir una
armazón teórica acerca de las posibilidades del género en Cuba.
Queda esa deuda pendiente.
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