| La muerte segunda de Bush
"Dios me dijo que atacara a Al Qaeda
y los ataqué, y entonces Él me dio instrucciones para atacar a Sadam y lo hice"
George W. Bush
RICARDO ALARCÓN DE QUESADA
Las
intenciones genocidas de Bush no tienen límites. Se propone hacer
sufrir a todos los cubanos y las cubanas, independientemente de
quiénes sean, la profesión o el oficio que desempeñen, el color
de la piel, sus gustos o costumbres, sus creencias o posiciones
filosóficas. Contra cualquier hijo de esta tierra, hombre o mujer,
niño o anciano, y contra las organizaciones que los cubanos han
creado y a las que han dado vida desde el barrio y la comunidad, en
el campo y las ciudades.
Para causarles daño ahora castiga
también a sus instituciones religiosas y a las Iglesias
norteamericanas. Nunca antes había pretendido ir tan lejos.
Lo dice con todas las letras el
tercer párrafo de la página 32 del Informe que acaba de aprobar el
pasado 10 de julio. Es un texto que nadie puede ignorar.
Bush afirma literalmente que va a "apretar
las regulaciones para exportaciones de artículos humanitarios con
el fin de asegurar" que no puedan ser enviadas a organizaciones "tales
como el Consejo de Iglesias de Cuba".
Por lo pronto, el empleo de esa
expresión, "tales como", le permitirá mañana hacer lo mismo con
cualquier otra entidad sea religiosa o de otro tipo. Bastaría con
afirmar que es "administrada o controlada" por el Gobierno como
acaba de hacerlo, mintiendo de manera impúdica y grosera respecto
al Consejo de Iglesias.
Un Consejo al que pertenecen la
Iglesia Episcopal y 22 iglesias protestantes y evangélicas, en el
que tienen condición de observadoras tres iglesias más con las que
están asociadas fraternalmente otras siete organizaciones,
incluyendo la Comunidad Hebrea de Cuba, y con el que colaboran
permanentemente 12 movimientos ecuménicos y organizaciones de
inspiración cristiana. En otras palabras, se trata de por lo menos
45 instituciones religiosas o fraternales que cuentan con la activa
participación de miles de ciudadanos de este país.
Tiene razón el presbítero Pablo
Odén Marichal, ex presidente del Consejo y actual Director de su
Centro de Estudios y Rector de la Parroquia Episcopal "Fieles a
Jesús", de Matanzas, al denunciar que Bush pretende "matar al
movimiento ecuménico en Cuba, que es uno de los más fuertes de
América Latina".
Por su parte, al condenar las medidas
norteamericanas, la actual presidenta del Consejo de Iglesias de
Cuba, Reverenda Rodhe González Zorrilla, aseguró que "nosotros
seremos capaces, como siempre hemos sido, de sobreponernos a todas
las situaciones, porque las relaciones entre las iglesias de Cuba y
los Estados Unidos son relaciones históricas" y expresó su
convicción de que nada "será capaz de distanciarnos como iglesias".
Desde su sede en Ginebra, el Consejo
Mundial de Iglesias reaccionó enérgicamente mediante una
declaración de su Secretario General, el Rev. Dr. Samuel Kobia, que
calificó las acciones de Bush como "una flagrante violación de la
libertad religiosa y una notoria interferencia en asuntos religiosos".
Kobia hizo un llamamiento a todas las iglesias y a los consejos
nacionales de iglesias a expresar su solidaridad con el Consejo de
Iglesias de Cuba y a evidenciar su preocupación a las autoridades
norteamericanas.
En Estados Unidos alzó su voz de
protesta el Servicio Mundial de Iglesias (CWS), Agencia Ecuménica
integrada por 35 denominaciones (protestantes, ortodoxos y
anglicanos), que agrupan a decenas de millones de miembros en ese
país. Su director Ejecutivo, Rev. Johan L. McCullough, tras
advertir que estas medidas pondrán fin a su capacidad para proveer
ayuda humanitaria básica a personas necesitadas, las calificó "como
una incursión injustificada en la libertad religiosa por la
administración de Bush". Recordó que desde los años cuarenta del
pasado siglo, el CWS ha mantenido relaciones de cooperación con las
iglesias cubanas y afirmó categóricamente: "No tenemos dudas de
que el Consejo de Iglesias de Cuba es una auténtica expresión
cristiana".
Martin Shupack, director asociado
para Relaciones Públicas del Servicio Mundial de Iglesias, precisó
que "perturbar esta actividad Åla cooperación con las iglesias
cubanasÅ es golpear el corazón de nuestra identidad religiosa y
nuestra libertad. La libertad religiosa fue un principio fundamental
para los fundadores de la República Americana".
El Centro Memorial "Dr. Martin Luther
King Jr." puntualizaba que "los verdaderos intereses de la actual
administración norteamericana nada tienen que ver con el ministerio
diacónico de las iglesias y mucho menos con el espíritu de la
enseñanza de Cristo de amor al prójimo como el mandamiento que es
semejante al amor a Dios".
Quien así insulta a millones de
creyentes es el mismo Bush que ha tratado de manipular a favor suyo
y de su camarilla los sentimientos religiosos de la gente. Lo ha
hecho, además, de un modo grotesco, rayano en la más vulgar
blasfemia. Ha llegado a decir que habla con Dios, le consulta las
principales decisiones y de Él recibió instrucciones sobre
cuestiones tales como apoderarse de la presidencia de su país y
llevar la guerra y la muerte a pueblos indefensos. ¿Se atreverá a
decir ahora que de Él recibió la orden de golpear con estúpida
saña al movimiento ecuménico cubano? ¿De cuál otro crimen osará
inculpar a Dios?
Se sabe, porque lo ha dicho, que Bush
no lee libros. Por ello aún no sabe el destino que le aguarda y que
fue descrito hace ya casi un par de milenios: "todos los mentirosos
tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la
muerte segunda"
(Apocalipsis, 21.8) |