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Un juez británico impuso hoy un filtro para comentar los diálogos
oficiales, incluidos los referidos a la agresión a Iraq, al alegar
razones de seguridad nacional, indicó hoy el diario The Guardian.
El magistrado del distrito de Old Balley, Justice
Alkens, dictaminó que deberá transcurrir a puertas cerradas el
proceso contra David Keogh, ex miembro del gabinete, y Leo O'Connor,
un ex investigador del legislador laborista Anthony Clarke.
La decisión atañe, además, a la discusión de
todo lo relacionado con las conversaciones sostenidas por el
presidente estadounidense, George W. Bush, y el primer ministro
británico, Tony Blair, en abril de 2004.
Durante esa plática, Bush habría confesado que
deseaba bombardear la sede del canal de televisión qatarí Al
Jazeera, el cual mostraba escenas de la matanza de unos mil civiles
perpetrada por tropas estadounidenses en la localidad iraquí de
Falluja.
El encuentro de ambos estadistas ocurrió cuando
tanto funcionarios del ejecutivo del Reino Unido como altos
oficiales de este país expresaron su consternación por la escalada
bélica norteamericana en ese poblado iraquí.
Las imágenes de la masacre de civiles, realizada
por las tropas de ocupación bajo el pretexto de acabar con la
resistencia iraquí, enfurecieron a los generales estadounidenses,
recuerda The Guardian.
Un segundo documento confidencial, filtrado en mayo
de 2004 a la prensa, al parecer por uno de los acusados, se refería
a las preocupaciones de Londres por las tácticas violentas
utilizadas en las ofensivas de Falluja y Najaf, otra localidad
iraquí.
Los abogados de los implicados, que serán juzgados
el próximo 9 de octubre, consideraron que el veredicto del referido
magistrado era, al menos, embarazoso, mientras varios medios de
prensa planean desafiarlo.
Una investigación efectuada en 2004, a raíz de la
muerte de David Kelly, un consejero del Ministerio de Defensa,
demostró que Blair manipuló la información sobre el país árabe
para justificar la invasión anglo-estadounidense de marzo de 2003.
Kelly consideró exagerado el argumento presentado
por el jefe de Gobierno británico ante el Parlamento, en septiembre
de 2002, sobre la supuesta posibilidad de Bagdad de emplear armas de
destrucción masiva en 45 minutos.
Sin embargo, al concluir esa pesquisa, el Primer
Ministro y su gabinete quedaron exentos de acusación alguna,
mientras que funcionarios de la cadena de radio y televisión BBC
fueron criticados y sancionados por publicar las declaraciones de
Kelly.
La investigación de un juez independiente
británico debía aclarar en esa ocasión las circunstancias en
torno al suicidio del también ex experto en desarme de la ONU, tras
ser señalado por el Gobierno como la fuente de las denuncias de la
BBC.
Ese medio de prensa publicó en mayo de 2004 la
información, sin revelar la fuente, que ponía en duda la veracidad
de las afirmaciones de Blair ante los legisladores.