—
Políticos estadounidenses se oponen hoy al bloqueo por el
presidente George W. Bush de una investigación interna del
Ministerio de Justicia sobre la legalidad de un programa de escuchas
sin permiso judicial.
Las palabras de condena ocurrieron luego de que en
una audiencia pública, el fiscal general, Alberto González,
reveló que Bush ordenó el cese inmediato de la comprometedora
investigación para su gobierno, bajo el argumento de que el plan
tiene carácter secreto.
El senador demócrata Russell Feingold, uno de los
mayores críticos del programa de fisgoneo de las comunicaciones,
dijo estar convencido de que el Tribunal Supremo lo hallaría
inconstitucional.
Feingold argumentó que los jueces dejaron claro que
cuando el Congreso aprueba una ley, el presidente del país debe
acatarla.
Una ley nacional de vigilancia de 1978 establece que
los servicios de inteligencia deben solicitar permiso a una corte,
antes de monitorear comunicaciones de civiles estadounidenses en
territorio norteamericano.
La fiscalía esclareció que la Oficina de
Responsabilidad Profesional (OPR) de Justicia abrió una
investigación sobre el consejo legal dado por los abogados de ese
departamento a la Casa Blanca, relacionado con el espionaje de
llamadas y correos.
A inicios de este año, sin embargo, la OPR anunció
la decisión de interrumpir la pesquisa porque se le prohibió
examinar secretos de seguridad nacional.
El escándalo sobre el plan espía de Bush estalló
a finales del año anterior cuando el diario The New York Times
denunció la existencia de esas acciones ilegales.
A raíz de esas revelaciones, la Casa Blanca
admitió que desde 2002 autorizó a la Agencia de Seguridad Nacional
a intervenir sin permiso legal las comunicaciones de personas en
Estados Unidos, para detectar grupos y redes terroristas.
La administración Bush viola de forma constante y
arbitraria las leyes estadounidenses, hecho que confirman las
recientes acusaciones contra Washington por vigilar mediante
agencias de inteligencia las cuentas bancarias de extranjeros y
nacionales en Estados Unidos.
Para poner en práctica las medidas de control, el
gobierno del presidente George W. Bush se aprovechó de un programa
belga nombrado SWIFT, que ejecuta multimillonarias transferencias
entre bancos, casas de cambio, bolsas y otras instituciones.