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El legado de Ninón
Mondéjar
OMAR VÁZQUEZ
omar.vc@granma.cip.cu
Con la muerte, este
año, de Ninón Mondéjar, una época de oro de las charangas en
Cuba finaliza, pero él deja su ejemplo de artista identificado con
las luchas de su pueblo y su gran legado: la Orquesta América,
donde se gestó uno de los géneros más originales de la historia
sonora de Cuba y al que el compositor aportó La verde palma
real, Yo no camino más, México, México lindo y otros números
que ayudaron a la internacionalización del ritmo.
El 19 de octubre de 1956, en el Auditorio Nacional de México, la actriz María Félix se reúne con los integrantes de la América: Ninón (extremo derecho), Félix Reina, Leo Soto, los hermanos Lozano y Aurelio Gutiérrez, entre otros.
Esta historia comenzó
en 1942, cuando, a los 28 años de edad Ninón Mondéjar organizó
una orquesta en el Club Julio Antonio Mella, que había sido creado
para los trabajadores por el Partido Socialista Popular (Comunista),
del cual él era su secretario general en el barrio de Los Pocitos
(Marianao). Le puso por nombre América. Entre sus fundadores
estuvieron Enrique Jorrín, Félix Reina, Antonio Sánchez
(Musiquita), Augusto Barcia, Gustavo Tamayo, Alex Sosa y otros
destacados músicos cubanos. En 1954, Mondéjar fundó la
Asociación de Agrupaciones Musicales de Cuba, junto con Pedro Vila
y Luis Santí, para defender al sector.
Ninón fue cantante
lírico —lo que alternaba con el oficio de panadero—, y actuó
con el maestro Rogelio Dihigo, el destacado violinista, y luego con
la Orquesta Anckermann-Dihigo.
El ritmo Chachachá se
gestó en la célebre esquina de Prado y Neptuno, y el tema que le
escribió Enrique Jorrín —su director musical y primer violín—
sirvió de puente para establecer la comunicación entre la orquesta
y el bailador. Corría 1951, y en 1953 el sello Panart editó un
disco (45 revoluciones por minuto) con La engañadora y Silver
Star, de la autoría de Jorrín, el cual se adueñó de las
victrolas. Rápidamente en Cuba todos bailaron chachachá. Y la
agrupación comenzó a ser presentada justamente como Su
Majestad, la orquesta América, creadora del Chachachá y el danzón
cantado.
Según me contó el
propio Mondéjar, una noche en que la orquesta tocaba en el Centro
Montañés (Prado y Neptuno), donde radicaban las sociedades
juveniles, mientras la América tocaba La engañadora, le
avisaron que una escultural muchacha lo estaba buscando. Era la
popular rumbera Ninón Sevilla, quien se quería llevar el ritmo
para México. Ella había hecho lo mismo con Dámaso Pérez Prado.
El 8 de noviembre de
1954 la América partió para Ciudad México, donde triunfó
clamorosamente durante cuatro años. Conquistó grandes premios y
participó en unas doce películas.
En 1958 la América
retorna a Cuba, pero por la situación política imperante no toca
en un baile más hasta el triunfo de la Revolución. Ninón se
incorpora a las nuevas tareas, entre ellas la de Director Artístico
del naciente Instituto Nacional de Turismo (INIT), y posteriormente
la América representa a Cuba en el Festival Mundial de la Juventud
y los Estudiantes, celebrado en Viena en julio de 1959, de donde
sigue en gira por España y otros países de Europa. Mondéjar se
jubiló en 1974, aunque continuó vinculado a su orquesta.
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