ROMA, 18 de julio (PL).—
Los Premios Nobel de Literatura Nadine Gordimer y José Saramago
instaron hoy al pueblo y justicia italianos a exigir a su gobierno
que pida la extradición a Venezuela de Luis Posada Carriles,
"notorio criminal y antiguo agente de la CIA".
En prisión preventiva en una cárcel
de El Paso (Texas), la justicia estadounidense rehúsa juzgarlo por
los crímenes cometidos —señala el texto— y lo detiene sólo
por encontrarse en situación irregular en territorio
norteamericano.
El documento recuerda que Posada
Carriles causó la muerte a más de un centenar de personas
"durante cuatro décadas de terror", y es responsable,
entre otros, del asesinato del joven italiano Fabio di Celmo,
víctima de un atentado con bomba el 4 de septiembre de 1997 en el
hotel habanero Copacabana.
Raúl Ernesto Cruz León, el
terrorista de origen salvadoreño que instaló la bomba —precisa—,
arrestado ese mismo día, reconoció que fue reclutado el 12 de
junio de 1997 y entrenado por el salvadoreño Francisco Chávez
Abarca, bajo la dirección y el financiamiento de Posada Carriles.
Suscrita por el Premio Nobel de la
Paz Adolfo Pérez Esquivel, el periodista Gianni Miná, el profesor
norteamericano Noam Chomsky y el investigador francés Salim
Lamrani, la declaración puntualiza cómo Posada Carriles admitió
ser autor intelectual del atentado que costó la vida a Di Celmo.
Lo hizo en una entrevista concedida
el 12 de julio de 1998 a los periodistas Ann Louise Bardach y Larry
Rother, del diario New York Times —agrega—, en la cual
reconoció que fue financiado por la Fundación Nacional Cubano
Americana.
En esa ocasión sostuvo, con cinismo
—destaca el texto— que Di Celmo "se encontraba en el lugar
equivocado en el momento equivocado", y aseguró que el hecho
no le ocasionaba ningún problema de conciencia ni tampoco lo
inducía al arrepentimiento.
Los firmantes subrayan que el pueblo
y la justicia italianos deben demandar a su gobierno que exija la
extradición de Posada Carriles para que responda por el asesinato
de Di Celmo.
La memoria de todas las víctimas del
terrorismo —concluye— requiere de forma imperiosa que la
justicia triunfe sobre la impunidad.