La época de los descalzos

JOAQUÍN RIVERY TUR
rivery@granma.cip.cu 

Caminando por el centro de Lima vi una vez una niña de nueve o diez años con uniforme escolar dedicada a vender cigarrillos por las calles. Andaba con su paso apurado, no sé si eludiendo el aula para ganar algún dinero de sustento o trabajando en horario fuera de clases para lo mismo.

En cierta ocasión, en Montevideo, un pequeño limpiabotas sin zapatos se acercaba a todos los hombres con el ofrecimiento de sacar brillo a la piel de su calzado. Mi acompañante me hizo ver que trastabillaba, símbolo de que había estado inhalando cola hacía poco, para drogarse, como una salida a su vida de pesares.

En la céntrica Avenida Reforma, en la Ciudad de México, un adolescente se acostaba sobre vidrios rotos cuando la luz roja de un semáforo detenía los automóviles. Luego estiraba la mano en busca del "pago" a su arte. No se podía saber el tiempo que sus pies llevaban sin conocer la protección de un par de zapatos.

Caracas era de sobra conocida porque los que vivían en los cerros se consideraban gente peligrosa, pendenciera... y simplemente eran desahuciados de la fortuna, gente del mundo descalzo que no tenían más remedio que vivir allí, donde hoy hay médicos, la miseria ha retrocedido y aparecen sonrisas en los rostros. La vida cambió con la confianza en el futuro.

Casi creo que se trata de una reacción orgánica de esa parte maltratada de la sociedad —los pobres— ante la aparición de las oportunidades.

En Bolivia, donde la población indígena, la verdadera dueña de todas las tierras y del subsuelo, perdía toda esperanza tras siglos de explotación y abandono, acaban de realizar una encuesta original.

Lo más descollante: la llegada del líder indígena Evo Morales a la presidencia permitió aumentar la confianza en un 44% de los consultados, que considera la situación mejor que hace 12 meses.

El estudio hecho por una consultora privada recalca que esa actitud contrasta con "la posición pesimista que se registraba años atrás".

Por supuesto, no ha sido ningún pase mágico lo que ha hecho variar la percepción del pueblo boliviano. Textualmente, el informe de la encuesta indica que "resulta notable observar el nivel de confianza que se ha generado en el país a raíz de la elección del presidente Morales".

Había la opinión negativa. La firma indica que un 38% de los entrevistados dijo que su situación seguía igual y 16% la vio peor que antes. Lógico. Los cambios no alcanzan a todos de inmediato y, además, los giros a favor de los pobres tienen muchos enemigos.

También recuerda la empresa que si en junio de este año el 44% aprecia mejoría en la situación, en el 2005 ese índice solamente llegaba al 10%, en el 2004 era el 13% y en el mismo mes del 2003 era el 5%.

Añadamos que el 58% de los entrevistados en el sondeo estimó que la nación estará mejor en los 12 meses venideros. "Uno de cada dos entrevistados considera que Bolivia está progresando".

Independientemente de que la aparición de un Gobierno con un programa social definido ha hecho que aumente la confianza de la población, el salto hacia delante de los índices señala asimismo un juicio negativo sobre los gobernantes que precedieron a Evo Morales.

¿Qué ha hecho el Presidente Indígena para que se produjera el cambio de actitud?

Nacionalizó los hidrocarburos y su Movimiento al Socialismo encabezó los cambios en el país mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente —ya el proceso está en camino—, despenalizó el cultivo de la hoja de coca y enfatizó la lucha contra la cocaína, pero sin la erradicación forzosa reclamada por el gobierno de Estados Unidos. Es una fórmula sencilla: Evo está cumpliendo lo que prometió y antes las promesas se olvidaban.

Como la hoja de la Erythroxylon coca tiene usos rituales y medicinales desde hace miles de años, planteó la necesidad de ayuda para la industrialización del vegetal y evitar que se desvíe para la fabricación de la droga. Hasta organismos de la ONU están ayudando en este fin.

Otros pasos de carácter social que están cambiando la mentalidad de los bolivianos, son los centros oftalmológicos donados por Cuba para eliminar gratuitamente cegueras curables, el equipamiento de hospitales y el inicio de una campaña de alfabetización por el método Yo sí puedo, con la colaboración de Cuba y Venezuela.

Desde el resto de la región, los descalzos del continente miran hacia Venezuela y Bolivia con esperanza. Eso hiere los intereses de las transnacionales norteamericanas, que ven reducirse el saqueo; irrita al gobierno de Estados Unidos, que ve a sus representadas perder terreno.

Porque cada día en América es más difícil evitar la llegada de la época de los desahuciados.

 

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