MÉXICO, 1 de julio (PL).
— Previo a la que analistas aquí consideran hoy la jornada
electoral más competida de la historia, México fue sacudido en los
últimos siete días por 29 temblores de tierra de mediana y baja
intensidad.
De todos esos estremecimientos, el
más fuerte se produjo el martes pasado al sureste de Salina Cruz,
en el estado de Oaxaca, y alcanzó los 5.8 grados en la escala
abierta de Richter, detalló un reporte del Servicio Sismológico
Nacional.
Este fue, sin embargo, sólo el más
violento de los 13 movimientos telúricos que registraron en la
propia fecha los sismógrafos de esa institución, adscripta al
Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de
México.
El resto de las sacudidas oscilaron
entre los 4.5 y 3.5 grados en esa propia escala.
Mas si la actividad en el subsuelo
mexicano resultó intensa previo a los comicios presidenciales, no
lo fue menos a ras de tierra, donde continuó una, al parecer
irrefrenable, ola de ejecuciones.
Según estimados del diario El
Universal, en los primeros seis meses de este año la violencia
entre cárteles del narcotráfico ha dejado en todo el país un
saldo de al menos mil muertos.
En igual período de 2005 la cifra
era de 683 asesinatos.
Ciudad Juárez (Chihuahua) y Nuevo
Laredo (Tamaulipas), ambas en la frontera norte, y los estados de
Guerrero, Michoacán, Baja California y Sinaloa, son por el momento
los más afectados por esta ola de ejecuciones.
La propia publicación llamó la
atención sobre la proliferación de dos formas de violencia poco
comunes, la primera de estas la decapitación de víctimas como
"advertencia" entre los grupos criminales y para
autoridades presuntamente involucradas con el narco.
La otra, el empleo de granadas de
fragmentación para atacar instalaciones policíacas, especialmente
en Guerrero y Michoacán, en la región suroccidental del país.