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La doctora María Teresa Linares
Genuino aroma en su cubano punto
Texto
y foto: PASTOR BATISTA VALDÉS
LAS TUNAS.— Destilando 17 lustros de
ternura en las manos del pequeño Melquíades Hernández (revelación
de la décima y el verso con apenas cinco años de edad), la destacada
musicóloga, doctora María Teresa Linares, observa a los jóvenes que
bailan una danza campesina. Muy cerca, las candidatas a Flor de Virama
por cada provincia mueven discreta y espontáneamente piernas, brazos
y caderas. El público también deviene "rehén del criollo ritmo". No
solo hay tuneros. Muchos, como el villaclareño Jesús (El Tuto)
Hernández, han venido por sus propios medios para disfrutar el mayor
guateque cubano.
Junto al pequeño Melquíades, en la XXXIX Jornada Cucalambeana.
La XXXIX Jornada Cucalambeana, confirma
muchos de los puntos de vista, recuerdos y vivencias que un rato antes
había evocado la doctora Linares:
"Esa
efervescencia popular siempre existió —afirma— desde que Pepe
Ramírez reunía a poetas y trovadores, para que cantaran en la
guerrilla de la Sierra Cristal (tal y como se había hecho un siglo
atrás, en las guerras de 1868 y de 1895), y también desde que se
iniciaron estas jornadas, como un evento representativo de la cultura
y de los intereses del campesinado, cuando El Cornito era solo un
ranchón y un pequeño motelito. Recuerdo que incluso el primer
coloquio lo hicimos con seis o siete taburetes en el piso. A aquellas
canturías venían campesinos de todas partes, invitados o no;
llegaban en tren, en ómnibus, en lo que podían... Las jornadas
campesinas y el movimiento de aficionados tenían gran fuerza. El
Indio Naborí, Raúl Lima, Alejandro Aguilar y otros compañeros
habían organizado grupos campesinos en todo el país. Por eso venían
no solo poetas mayores, sino también jóvenes: tanto que un señor de
la Isla de Pinos trajo a un niñito de cuatro años que improvisaba de
manera excelente. Aquel pequeñín era Díaz Pimienta."
—Muchos
niños, adolescentes y jóvenes están vinculados hoy a talleres de
improvisación...
"Sí,
es un movimiento muy fuerte e interesante, pero es precisamente ahí
donde más debemos ahondar ahora, porque cientos de tonadas campesinas
están siendo olvidadas o restringidas. A veces el pueblo se cansa de
escuchar al cantador con la misma fórmula musical. Por eso pienso que
es necesario enseñarles a esos niños tonadas diferentes y también a
tocar el laúd, la guitarra, el tres... para que sean virtuosos de
nuestra música. Nos hace mucha falta un desarrollo integral en los
acompañantes; que se vea la representación de la música como parte
integrante del género. No es la décima sola; es ella con su
acompañamiento musical."
María Teresa —a quien esta Jornada
rinde especial respeto— levanta sus dos manos a favor de la edición
y profusión de nuestras riquísimas tonadas en peligro de extinción.
Y aún más: previa consulta con la empresa de grabaciones, ha
ofrecido su archivo para conformar una antología de música
campesina.
Amante y defensora insaciable del punto
cubano, de la música y de las tradiciones campesinas, María Teresa
Linares no cesa de preguntarse "por qué las maravillas que expresan
jóvenes repentistas como los de la Casa de la Décima en Limonar,
Alexis Díaz Pimienta, Emiliano y otros muchos que asisten a estas
jornadas, no ocupan también un lugar en programas juveniles o en
espacios variados estelares de la programación radial y televisiva".
Tal insatisfacción se acentúa ante el hecho real de que "el punto
cubano dejó de ser exclusivamente campesino desde hace muchos años".
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