Un amplio plan de medidas para
revertir procesos conducentes a la desertificación y la sequía se
pone en práctica en la provincia de Santiago de Cuba, donde el 11
por ciento de su superficie está expuesta a tales fenómenos.
La reforestación de unas cuatro mil
hectáreas por año, la rotación de cultivos y uso de abonos
orgánicos contribuyen a mitigar el impacto ante estos problemas,
que crecen en el mundo y con ello el subdesarrollo, la pobreza y el
deterioro ambiental por la falta de compromisos tangibles.
Especialistas de la delegación
territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente
señalaron que avanzan programas de saneamiento de las cuencas
hidrográficas y la protección de la diversidad biológica,
considerados elementos vitales del patrimonio natural.
El desarrollo de prácticas
agroecológicas en casi el 80 por ciento del área productiva de la
provincia es también un esfuerzo en este frente, con el objetivo de
combatir las plagas y lograr mayores rendimientos productivos.
La necesidad de preservar la humedad
del suelo y frenar la erosión y pérdida de la capa vegetal tienen
como respuesta acciones que involucran a los ministerios de la
Agricultura y del Azúcar, así como también a instituciones
científicas.
Algo más del 75 por ciento de los
suelos de Cuba se catalogan como poco o muy pocos productivos, y el
territorio santiaguero es uno de los más afectados.
El país dispone de un Programa de
Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía,
fenómenos que a escala global generan pérdidas de ingresos
superiores a los 42 mil millones de dólares. (AIN)