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El día en que las letras se volvieron nuestras
El seis de junio de
1961 el Gobierno Revolucionario cubano decretó la Ley de
Nacionalización de la Enseñanza, y garantizó así una educación
accesible y gratuita a todo el pueblo
MARIAGNY TASET
AGUILAR
Hoy es un 6 de junio que
recuerda muy poco al de 45 años atrás en Cuba: casi nadie quedó
en casa esta mañana, apenas los habituales. Quien no marcha a
brindar su sabiduría hacia algún puesto de trabajo, la recibe
sentado sin miedo en un pupitre escolar o, incluso en el hogar se
las ingenia para tomar de esta Patria de ahora un poco de cultura.
Fidel proclamó aquel Primero de Mayo que la Revolución estaba en el deber de organizar y establecer el principio de la enseñanza gratuita a todos los ciudadanos del país.
Como sucede desde que la
Revolución le impregnó buen sentido a los cuarteles y levantó
escuelas en lugar de guerras, los caminos al salir el sol son
testigos de un apresurado desfile de pañoletas, mochilas y deseos
de aprender. No es menester tantearse los bolsillos para entrar al
colegio, basta la libertad que Fidel nos regaló en 1961, cuando
parecía utópico que en aquel Año de la Educación miles de
cubanos conquistaran las letras.
Porque, afirmaba en un
discurso el Primero de Mayo de aquel lustro, "escuelas, profesiones
universitarias, arte, cultura, honores, no fueron jamás para los
hijos de familias humildes de la ciudad o del campo (...) fueron
solo privilegio de una insignificante minoría", y era por eso que
la Revolución se consideraba entonces, decía, "en el deber de
organizar y establecer el principio de la enseñanza gratuita a
todos los ciudadanos del país."
El Comandante en Jefe
también aprovechaba la ocasión para anunciar que "en los próximos
días el Gobierno Revolucionario decretará una Ley nacionalizando
las escuelas privadas (...) no las pequeñas escuelitas, donde un
maestro dé clases, las escuelas privadas que tienen varios
maestros."
Ese día llegó semanas
después con la Ley de Nacionalización de la Enseñanza que
facilitó el acceso gratuito a todos, sin importar credos ni razas.
Y fue cuando la
educación cubana aceleró tanto su carrera infinita hacia la
gloria, emprendida desde el triunfo revolucionario, que ya en
diciembre de 1961 más del 70% de los analfabetos del país dejaron
de serlo. Por aquella época, cuando Cuba podía decir con orgullo
al mundo que su territorio estaba libre de analfabetismo, Fidel
diría a propósito del hecho el 22 de diciembre de ese año:
"Ningún
momento más solemne y emocionante, ningún instante de júbilo
mayor (...) como este en que cuatro siglos y medio de ignorancia han
sido derrumbados.
"Hemos
ganado una gran batalla (...) Batalla que comenzaron los maestros,
que prosiguieron los alfabetizadores populares, y que cobró
extraordinario y decisivo impulso cuando nuestras masas juveniles,
integradas en el ejército de alfabetización Conrado Benítez, se
incorporaron a esa lucha (...). Y cuando todavía hacía falta un
esfuerzo mayor, llegó (...) el último refuerzo, el (...) de la
clase obrera directamente, a través de millares de brigadistas
Patria o Muerte".
Después vinieron los
tiempos de aumentar el nivel, y eran reiterados los logros de
alcanzar un sexto y noveno grados, ingresar en preuniversitarios, en
facultades obrero-campesinas...
En aquel discurso el
Comandante en Jefe hacía también un decisivo llamado a los
brigadistas, que marcó el camino de la Cuba de hoy:
"La
Revolución, después de haberles pedido el esfuerzo que han hecho
en la alfabetización (...) ahora les pide que se hagan técnicos,
que se hagan ingenieros, que se hagan economistas, que se hagan
maestros, que se hagan instructores de arte, que se hagan artistas,
que se hagan profesores (...). Esto significa una extraordinaria
oportunidad para todos, sobre todo para desarrollar la vocación de
ustedes, para estudiar los que no tengan recursos (...)
"Esto
significa la oportunidad de que con los preuniversitarios que se han
abierto, las secundarias que se han abierto, las escuelas técnicas
que se han abierto, y las becas que se han concedido, cualquiera de
ustedes, jóvenes compañeros (...) tengan esta oportunidad como un
premio por el trabajo que han realizado (...), como un
reconocimiento del pueblo por lo que han hecho, (...) como legítimo
derecho que se han ganado, como juventud que ha sido capaz de
escribir una de las páginas más hermosas en la historia de la
educación y de la cultura." |