El graduado envejecido

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu 

No faltan espectadores para los que el tiempo ha sido incapaz de desteñir el final de aquel filme dirigido por Mike Nichols en el año 1967, en que un debutante, Dustin Hoffman, tomaba a su novia del brazo y en plena fiesta emprendía una escapada, esperanzado en encontrar una autenticidad moral de la que su entorno carecía.

Hoffman (una revelación a partir de entonces) desempeñaba el papel de Benjamín, un indeciso graduado resistido a seguir las reglas establecidas por una sociedad adulta en decadencia. En su tantear de mundos, Benjamín se encontraba entonces con la señora Robinson (Ann Bancroff), una atractiva amiga de su padre que le abriría —primero con reservas por parte de él y luego a pleno gusto— las puertas de una madura seducción.

Pero poco después, Benjamín conocía a Elaine, hija de la señora Robinson, y no obstante el baño de sexo que se venía dando con la madre, se enamoraría de la muchacha, dando lugar a una peripecia dramática matizada con exquisitos momentos de humor.

El graduado se convirtió rápidamente en el símbolo fílmico de una juventud desorientada en los comienzos de los años sesenta: guerra de Vietnam, drogas, Beatles, luchas por la integración racial, represión y fin de la llamada era ingenua, de la que se saldría con un despertar sexual imparable.

El filme de Mike Nichols —sorprendente historia en medio de lo que se rodaba en aquellos días— ganaría el Oscar al mejor director e incontables premios internacionales. En 1998, el American Filme Institute le otorgaba el séptimo puesto de una lista contentiva de los cien filmes más populares de la historia del cine y cifras conservadoras calculan en unos 110 millones de dólares los ingresos por taquilla de un título que todavía reporta ganancias.

A partir del año 2000, con Kathleen Turner en el papel de la señora Robinson, El graduado se convertiría en una de las más exitosas obras de teatro representadas tanto en Londres como en Nueva York. Tres años la Turner y luego, supliéndola, actrices de la talla de Lorraine Bracco y Anne Archer. Un rol que en lengua española han interpretado Angela Molina y Nacha Guevara.

Pero el antecedente de tanto éxito artístico y comercial parte de una novela escrita en 1963 por un joven poeta de 24 años nombrado Charles Webb, quien eufórico por su triunfo y pensando seguramente (con la misma ingenuidad de su personaje) que luego "vendría más", aceptó cobrar solo 25 mil dólares por el libro, además de renunciar a los beneficios que reportaría la película.

Del asunto dio cuenta hace unos días el londinense The Time al informar que Charles Webb, ahora con 67 años de edad y sumido en la más absoluta pobreza, está a punto de ser puesto en la calle porque hace más de dos meses que no tiene con qué pagar la renta de su hogar.

Tal fatalidad hubiera pasado inadvertida de no ser por aquella novela escrita hace más de cuarenta años, la película, y un hecho que ahora cobra mayor dramatismo: la historia contada por Webb es autobiográfica y la muchacha con la que entonces se fugó en plena boda es la misma con la que aún permanece casado y cuida las 24 horas, debido a una enfermedad mental crónica.

Hace seis años que el escritor abandonó Estados Unidos y se fue a residir a Inglaterra. Y hace tiempo que tiene escrita una segunda parte en la que se cuenta qué sucedió con la señora Robinson. Pero poco antes de llegar a la total pobreza había declarado que prefería llevarse la novela a la tumba, porque al haber renunciado a la propiedad intelectual de sus personajes podían tomar su nueva historia —a la que él no cree nada "comercial"— y destruírsela en una versión cinematográfica en la que carecería de voz y voto.

El graduado Webb, sin embargo, ha envejecido y a su edad no se puede dar el lujo de vivir bajo las estrellas con una esposa enferma. De ahí que haya decidido, finalmente, poner su novela en tarima. Venta ante la cual se precipitó una editorial ofreciéndole 30 mil euros.

Por el momento habrá techo. Después, una historia tan incierta como la de la joven pareja que un día, rompiendo atavismos y deseosa de encontrarse con un mundo diferente, huyera.

 

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