XI Festival Internacional de Poesía de La Habana

De alguna manera, Kunitz

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu 

Sabe dios, o mejor dicho el hombre, cuánta ventura puede haber en el interior de una botella, como las que fueron lanzadas al mar este último viernes en la costa de Mariel. Tan solo haber escrito dos palabras de amor y paz, debería bastar para que la primera piedra de un puente de comprensión y justicia se alce ante la iniquidad y la soberbia.

Stanley Kunitz, poeta norteamericano.

Lo importante, en todo caso, es el gesto, la convicción de los bardos reunidos en La Habana para celebrar (justo es eso, una celebración, un rito) el XI Festival Internacional de Poesía de La Habana. En fábricas y escuelas, en calles y plazas, y en el mar, dejaron testimonios del poder de la imagen, de su posibilidad de redención en estos tiempos.

"Hemos logrado —afirmó Alex Pausides, coordinador del encuentro— que los poetas abran su alma al hombre y la mujer común, que son los dueños de la poesía. Hay generosidad en el mundo, hay solidaridad en el mundo, hay necesidad de comunicarse en el mundo, y este encuentro es precisamente eso: comunicación, necesidad de verse, de saludarse, de encontrarse y si somos capaces de lograr ese objetivo esencial, ya el Festival habrá tenido sentido".

De alguna manera, aún cuando no se le mencionara, estas jornadas me recordaron a Stanley Kunitz, un poeta norteamericano que murió dos semanas antes de que comenzara el Festival, justo en el filo de su centenario.

Cuando Vietnam ardía en napalm, agredido por sus compatriotas, Kunitz alzó su voz contra el crimen.

Un mes después de que la administración Bush lanzara su despiadada guerra de ocupación contra Iraq, el venerable maestro se unió a la iniciativa de Sam Hamill y de muchos colegas más, entre los que se hallaban Ann Waldman, Martín Espada, Sharon Olds, Suheir Hammad, Ammiel Alcalay, Lee Ann Brown, Willie Perdomo, Steve Colman, Tracie Morris, Rose Styron y Galway Kinnell y el cantante Mos Def, para condenar la barbarie desde el escenario del Lincoln Center de Nueva York.

Kunitz hubiera suscrito la intención de los poetas reunidos en La Habana, cuya voluntad resumió el cubano Carlos Martí al decir: "Pretendemos una mínima y definitiva esperanza; salvar la poesía, no dejarla indefensa en la subasta de las ilusiones, no perderla tras la ola expansiva de un misil; menos aún que la poesía se evapore en el fatigoso camino de un refugiado o abandone el sentir de los que sufren. Queremos expandir los sentimientos humanos como un arco iris violento a través de los satélites y las computadoras para que un nuevo paisaje global, esta vez sí capaz de ensartar costas y mares, ríos, ciudades y ciudadelas, se reconozca en el rostro del hombre".

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir