MANILA, 24 de mayo (PL).
— La Unión de Periodistas de Filipinas
(NUJP) rechazó hoy los planes del gobierno de permitir que los
periodistas porten armas para defenderse de la violencia desatada en
el país contra los profesionales de la prensa.
No necesitamos y no queremos armas ni
guardaespaldas, señaló el portavoz de la NUJP, José Torres, quien
recalcó que la mejor forma de terminar con los asesinatos es
arrestar, procesar y condenar a los asesinos y a sus jefes de manera
implacable.
Torres consideró irónico que sea el
ministro de Justicia filipino, Raúl González, el que proponga las
pistolas como solución cuando debería defender la ley y el orden
por encima de todo.
La víspera, González comunicó que
autorizará a los periodistas a portar armas para defenderse de la
creciente ola de asesinatos desatada en el archipiélago contra los
profesionales de la prensa.
El anuncio se hizo un día después
de que otro reportero falleciera en la localidad de Puerto Princesa,
en la isla de Palawan, mientras se dirigía a su trabajo.
Fernando Batul, de la emisora radial
DYPR, perdió la vida cuando hombres armados que se trasladaban en
una motocicleta le dispararon varias veces. Con este hecho, asciende
a cinco el número de periodistas muertos en lo que va de año.
Incidentes como estos son frecuentes
en Filipinas, calificado por la Federación Internacional de
Periodistas (FIP) y otras organizaciones, como el segundo país más
peligroso del mundo para los profesionales de la prensa después de
Iraq.
El archipiélago ostenta esa
condición por segundo año consecutivo.
La FIP instó a Manila a adoptar
"acciones decisivas" para castigar a los responsables y
proteger a los trabajadores de los medios de comunicación.
El presidente de la entidad,
Christopher Warren, preguntó que cuántos periodistas más deben
fallecer para que la presidenta Gloria Macapagal detenga esos
asesinatos.
La cultura de impunidad que se ha
permitido pone la responsabilidad de los asesinatos en Macapagal y
su Administración, subrayó Warren.
Estos incidentes, recalcó, son un
intento de amordazar a la prensa independiente, constituyen un
ataque contra los fundamentos de una sociedad libre y son totalmente
inaceptables.
Al menos 42 periodistas, la mayoría
destacados por denunciar la corrupción en el ámbito político,
perdieron la vida desde que Macapagal asumió el poder en enero de
2001.
La mayor parte de los casos no han
sido resueltos, ni los culpables llevados a la justicia, pese a que
en fecha reciente, el gobierno anunció la creación de una fuerza
de trabajo especial en la Policía para investigar este tipo de
hechos.