Lo verdadero es irrepetible

Ciro Benemelis, director de la Oficina Nacional Fonográfica, habla sobre la importancia de mover ideas en torno al disco cubano

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu 

Foto: RICARDO LÓPEZNo me gusta hablar de tormenta de ideas. Lo tormentoso suele resultar caótico. Prefiero aludir a una lluvia fertilizadora, como la que asegura las buenas cosechas”.

Con esta precisión comienza el diálogo con Ciro Benemelis, director de la Oficina Nacional Fonográfica adscrita al Instituto Cubano de la Música. Apenas unos minutos antes de esta conversación compartió ayer con las musicólogas Laura Vilar y Alicia Valdés la primera sesión del Simposio Internacional Cubadisco 2006, en la sala Caturla del teatro Amadeo Roldán. Hubo una activa participación de promotores y críticos, radiodifusores y musicólogos, representantes de sellos discográficos e instituciones culturales. A esa “lluvia” de ideas se refirió Benemelis al abordar la importancia de estimular la reflexión en medio del evento musical más abarcador que tiene lugar en el país.

¿No temes que el debate quede en el plano teórico, sin efectos prácticos?

Creo en la inteligencia colectiva y he podido comprobar, a lo largo de las diez convocatorias a la Feria Cubadisco, que los encuentros teóricos han tenido consecuencias prácticas. Hemos aportado un granito de arena al empeño de hacer del fonograma un centro insoslayable de la plasmación y conservación de nuestro quehacer musical. Tanto el Simposio como de manera muy especial el Premio Cubadisco, que cada año ha ido perfeccionando sus conceptos y mecanismos, han ayudado a perfilar de un modo más coherente la producción fonográfica, pero también han desnudado algunas de las imperfecciones que esta tiene y la falta de planes temáticos bien pensados y mejor argumentados”.

¿Dónde sitúas las más sensibles carencias de la discografía cubana?

Se evidencia una pobre edición en música culta, infantil, de nuestra cancionística en su más amplio espectro, de la creación folclórica, y de registros testimoniales y antológicos. Desde la Oficina Nacional Fonográfica, con especialistas seleccionados a través del Comité del Premio, se puede lograr un espacio para debatir, analizar, y repensar los catálogos de nuestros sellos discográficos”.

¿En qué medida un fenómeno como el de Buenavista Social Club, de tanto éxito internacional, ha influido en la industria discográfica doméstica?

En un primer momento provocó la urgente edición de muchos discos de los géneros tradicionales. Esta explosión nos llevó a nominar hasta once discos en esa categoría. Es justo reconocer que algunos de los que formaron parte de ese proyecto tenían grabaciones realizadas por la EGREM como Compay Segundo, Eliades Ochoa, Omara Portuondo, Pío Leyva y Rubén González, entre otros, pero entre las trabas de la distribución internacional producto del bloqueo y una mala política de promoción en nuestros medios muchos intentos anteriores a Buenavista quedaron truncos. Tampoco debemos tapar el sol puede con un dedo porque es cierto que el sol tiene manchas, aunque el trovador Silvio Rodríguez nos acotó que en una sola mancha del sol puede caber el mundo. Una vez más vinieron los colonizadores `salvadores' y `descubridores', y hubo gente entre nosotros que se volvieron locos por ser `salvados' y `descubiertos'. Por otra parte, la explosión tradicional trajo como consecuencia que las agrupaciones que trabajan para el turismo comenzaran a montar temas tradicionales pensando únicamente en el consumo. Comenzamos a hacer una cultura para el turismo. Estamos en un momento de inflexión, en el que debemos recanalizar la cosecha de Buenavista y, al mismo tiempo, apostar por reflejar la diversidad creativa de nuestra música”.

¿Cómo debiera entenderse la dinámica entre la tradición y los nuevos desarrollos?

Aunque me confieso un `trovadicto', no soy un tradicionalista a ultranza y creo en las novedades, en los éxitos del momento, incluso en las modas, porque muchas de las cosas que hoy llamamos tradicional e incluso patrimonial fueron novedades y modas de su tiempo. Pero las modas pasan y queda el hecho artístico verdadero, que al decir del musicólogo Jesús Gómez Cairo, cuando es verdadero es irrepetible. A veces nos referimos a identidad y patrimonio como aquello que pasó una vez y no estamos alertas a lo que está pasando delante de nuestros oídos. Como afirma Leo Brouwer: `El sonido se pierde en el mismo instante que se produce'. De ahí la importancia de atesorarlo en un fonograma”.

 

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