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Lo verdadero es
irrepetible
Ciro Benemelis,
director de la Oficina Nacional Fonográfica, habla sobre la
importancia de mover ideas en torno al disco cubano
PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu
“No
me gusta hablar de tormenta de ideas. Lo tormentoso suele resultar
caótico. Prefiero aludir a una lluvia fertilizadora, como la que
asegura las buenas cosechas”.
Con esta precisión
comienza el diálogo con Ciro Benemelis, director de la Oficina
Nacional Fonográfica adscrita al Instituto Cubano de la Música.
Apenas unos minutos antes de esta conversación compartió ayer con
las musicólogas Laura Vilar y Alicia Valdés la primera sesión del
Simposio Internacional Cubadisco 2006, en la sala Caturla del teatro
Amadeo Roldán. Hubo una activa participación de promotores y
críticos, radiodifusores y musicólogos, representantes de sellos
discográficos e instituciones culturales. A esa “lluvia” de ideas
se refirió Benemelis al abordar la importancia de estimular la
reflexión en medio del evento musical más abarcador que tiene lugar
en el país.
¿No temes que el
debate quede en el plano teórico, sin efectos prácticos?
“Creo
en la inteligencia colectiva y he podido comprobar, a lo largo de las
diez convocatorias a la Feria Cubadisco, que los encuentros teóricos
han tenido consecuencias prácticas. Hemos aportado un granito de
arena al empeño de hacer del fonograma un centro insoslayable de la
plasmación y conservación de nuestro quehacer musical. Tanto el
Simposio como de manera muy especial el Premio Cubadisco, que cada
año ha ido perfeccionando sus conceptos y mecanismos, han ayudado a
perfilar de un modo más coherente la producción fonográfica, pero
también han desnudado algunas de las imperfecciones que esta tiene y
la falta de planes temáticos bien pensados y mejor argumentados”.
¿Dónde sitúas las
más sensibles carencias de la discografía cubana?
“Se
evidencia una pobre edición en música culta, infantil, de nuestra
cancionística en su más amplio espectro, de la creación
folclórica, y de registros testimoniales y antológicos. Desde la
Oficina Nacional Fonográfica, con especialistas seleccionados a
través del Comité del Premio, se puede lograr un espacio para
debatir, analizar, y repensar los catálogos de nuestros sellos
discográficos”.
¿En qué medida un
fenómeno como el de Buenavista Social Club, de tanto éxito
internacional, ha influido en la industria discográfica doméstica?
“En
un primer momento provocó la urgente edición de muchos discos de los
géneros tradicionales. Esta explosión nos llevó a nominar hasta
once discos en esa categoría. Es justo reconocer que algunos de los
que formaron parte de ese proyecto tenían grabaciones realizadas por
la EGREM como Compay Segundo, Eliades Ochoa, Omara Portuondo, Pío
Leyva y Rubén González, entre otros, pero entre las trabas de la
distribución internacional producto del bloqueo y una mala política
de promoción en nuestros medios muchos intentos anteriores a
Buenavista quedaron truncos. Tampoco debemos tapar el sol puede con un
dedo porque es cierto que el sol tiene manchas, aunque el trovador
Silvio Rodríguez nos acotó que en una sola mancha del sol puede
caber el mundo. Una vez más vinieron los colonizadores `salvadores' y
`descubridores', y hubo gente entre nosotros que se volvieron locos
por ser `salvados' y `descubiertos'. Por otra parte, la explosión
tradicional trajo como consecuencia que las agrupaciones que trabajan
para el turismo comenzaran a montar temas tradicionales pensando
únicamente en el consumo. Comenzamos a hacer una cultura para el
turismo. Estamos en un momento de inflexión, en el que debemos
recanalizar la cosecha de Buenavista y, al mismo tiempo, apostar por
reflejar la diversidad creativa de nuestra música”.
¿Cómo debiera
entenderse la dinámica entre la tradición y los nuevos desarrollos?
“Aunque
me confieso un `trovadicto', no soy un tradicionalista a ultranza y
creo en las novedades, en los éxitos del momento, incluso en las
modas, porque muchas de las cosas que hoy llamamos tradicional e
incluso patrimonial fueron novedades y modas de su tiempo. Pero las
modas pasan y queda el hecho artístico verdadero, que al decir del
musicólogo Jesús Gómez Cairo, cuando es verdadero es irrepetible. A
veces nos referimos a identidad y patrimonio como aquello que pasó
una vez y no estamos alertas a lo que está pasando delante de
nuestros oídos. Como afirma Leo Brouwer: `El sonido se pierde en el
mismo instante que se produce'. De ahí la importancia de atesorarlo
en un fonograma”.
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