WASHINGTON, 19 de mayo (PL).—
Una dosis excesiva de analgésico causó la muerte de uno de los dos
soldados estadounidenses que fallecieron bajo el Programa de
Rehabilitación y Preparación Física del Ejército, evidencian los
resultados de la autopsia divulgada hoy.
El plan de salud ha sido blanco de
críticas por negligencias médicas y otros abusos de que son
víctimas los pacientes-reclutas.
Según el reporte de medicina legal,
difundido por el diario The New York Times, el soldado de primera
Mathew Scarano, de 21 años, murió en marzo último debido a una
excesiva concentración de fentanyl en sangre.
Aunque en el informe forense se
califica el deceso de "accidental", otro soldado, Clayton
Howell, declaró al Times que en varias ocasiones él le dijo a los
médicos que Scarano no estaba ingiriendo el fármaco en la cuantía
que debía ser.
"Pero yo no sé por qué ellos
no hicieron nada", exclamó el militar.
Por su parte, la madre de Scarano,
Christen, consideró que la autopsia deja muchas interrogantes en el
aire.
¿Se trata de negligencia o de
prescripción inadecuada?, preguntó, tras afirmar que el Ejército
cometió errores.
El viernes pasado, el propio The New
York Times divulgó las denuncias de soldados y sus familiares
contra el programa, supuestamente dirigido a subsanar problemas de
salud de los militares.
De acuerdo con el rotativo, desde que
comenzó a ser aplicado el plan en 2004 en Fort Sill, Oklahoma, dos
uniformados murieron.
En opinión de los padres de los
reclutas, las lesiones que estos sufrieron, muchas de ellas durante
entrenamientos para marchar a Iraq, fueron ignoradas o
inadecuadamente tratadas por el personal médico, incluso resultaron
motivo de burlas.
"Yo soy un preso",
escribió en una carta a sus familiares en enero último Scarano, de
California, en alusión a las condiciones a las que fue sometido en
un centro hospitalario del Ejército.
"A veces le pregunto a amigos
míos tatuados en la cárcel de dónde ellos saldrían mejor, si de
la prisión o de aquí. De manera unánime coinciden en que
saldrían mejor de la cárcel", señaló el militar.
Oficiales de alto rango reconocen los
problemas del programa de rehabilitación, y pidieron cambios, tanto
para Fort Sill como para otros centros de entrenamiento.
El portavoz civil John Long reveló a
The New York Times que un sargento instructor pateó a un recluta,
pese a que este tenía suturada una de sus rodillas.
Soldados-pacientes aseguraron que en
horas de la noche eran despertados repetidamente, obligados a vestir
el uniforme y a hacer formaciones.
"Weblogs" de varios
reclutas en Internet reflejan su descontento con los programas de
salud, ya que en muchos casos los jefes no creen que realmente
padezcan enfermedades.
Un militar víctima de una fractura
sintió frustración por el mal trato recibido y, en protesta, optó
por acuchillarse con una navaja de afeitar, embarrarse con
excremento y caminar desnudo por la clínica donde debía ser
atendido.
La dirección del hospital alegó que
estaba fingiendo la lesión, y le devolvió a la unidad de donde
procedía.