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Academia viva
PEDRO DE LA HOZ
La idea de un grupo de
personas provectas, entregadas a vaporosas disquisiciones y
elucubraciones etéreas, no tiene nada que ver con el ejercicio
intelectual de los actuales miembros de la Academia Cubana de la
Lengua.
Enrique José Varona, fundador de la Academia Cubana de la Lengua.
A 80 años de su
fundación el 19 de mayo de 1926, el organismo respira cada vez más
al compás de la realidad cultural de la nación, a partir de un
compromiso con el crecimiento espiritual de los cubanos.
Si bien, al igual que la
Real Academia Española (RAE) y las instituciones similares en
Iberoamérica, tiene entre sus finalidades las de estudiar el idioma y
velar por su pureza, concede cada vez mayor importancia al estudio y
cuidado de las modalidades del español en Cuba, su desarrollo y
particularidades lexicales, fonéticas y semánticas, a partir de que
la lengua es una entidad dinámica, viva, dialéctica.
Una de sus tareas
prácticas, ha explicado su actual director, el escritor Lisandro
Otero, consiste en actualizar permanentemente el inventario de
aquellas voces utilizadas en nuestro país, que por su difusión
merecen engrosar el vocabulario de la lengua española.
Esta labor implica prestar
esmerada atención al habla popular y a la producción literaria,
estudiar el reflejo del idioma en los medios masivos de comunicación,
e informarse de las investigaciones filológicas que realizan las
instituciones científico-culturales domésticas.
Vale aclarar que no
existe, como algunos piensan, una relación de subordinación con la
RAE. Ambas entidades mantienen nexos de colaboración y consulta, que
se refleja en la entrada de nuevas voces al Diccionario de la RAE y en
la elaboración de las normas gramaticales. Estos vínculos se
refuerzan en el ámbito de la Asociación de Academias de la Lengua
Española, en funciones desde 1951.
“Hoy es grande —explica
Otero— el prestigio de las opiniones de las diferentes academias que
representan el modo de hablar de los pueblos del continente americano,
cuyo número total de habitantes supera ampliamente al de España.|”
La representatividad de
los académicos cubanos les confiere, por demás, plena autoridad
intelectual. Sus respectivas trayectorias y su activismo sociocultural
contribuyen a promover la obra de la institución, que cuenta con una
espléndida sede en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, radicado
en la casa del Vedado que habitara la notable poetisa cubana,
merecedora del Premio Cervantes, y directora de la Academia.
Hoy día son miembros de
la institución Delio Carreras, Miguel Barnet, Luisa Campuzano,
Lisandro Otero, Salvador Bueno, Eusebio Leal, Ángel Augier, Sergio
Valdés Bernal, Ofelia García Cortiñas, Enrique Saínz, Roberto
Fernández Retamar, César López, Graziella Pogolotti, Pablo Armando
Fernández, Ambrosio Fornet, Nuria Grégori, Nancy Morejón, Gisela
Cárdenas, Rogelio Rodríguez Coronel, Carlos Manuel de Céspedes,
Abelardo Estorino, Eduardo Torres Cuevas y Margarita Mateo.
Al arribar a sus ocho
décadas de existencia, la Academia no olvida a su director fundador,
Enrique José Varona (1849-1933), a quien José Martí admiró “por
la limpieza de su carácter y la hermosura de su talento|”.
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