Que el sol no los castigue en vano 

JOEL MAYOR Y HAYDÉE LEÓN

Es difícil la vida cuando no tienes empleo. Precisamente por eso se incluyó este problema en el Programa del Moncada. Y se solucionó. Pero el periodo especial les jugó una mala pasada a los habitantes de Punta de Maisí, y en 1996 los desocupados llegaron a representar el 63% de esa población.

Foto: OTMARO RODRÍGUEZLa producción de flores es una opción de empleo.

Fue un tiempo en el que las fuentes donde ubicarse escasearon. Quedaron paralizadas varias de las principales opciones, y algunas no llegaron a fructificar como estaba previsto. La Empresa Mayorista de Alimentos se trasladó a otro lugar de la costa, con tal de que pudiesen atracar las patanas. Cerró el aeropuerto. La sequía provocó que el ganado fuera trasladado a zonas con mejores pastos. Tampoco pudo desarrollarse la Agricultura Urbana. En fin, 500 empleos menos en un año.

Para el 2003, esta situación había mejorado: la tasa de desocupación marcó 39%. Y a inicios del 2006 bajó a 10,8.

Todavía es muy alta, y más si se le compara con la media nacional. Sin embargo, en una zona tan árida, distante y sin infraestructura capaz de generar una vida económica relevante, resulta notable el cambio.

¿CÓMO?

Únicamente la voluntad política de los dirigentes del territorio y del país podía transformar semejante realidad. Al contrario de otros pueblos donde se levantan nuevas obras con frecuencia, en Punta de Maisí fue preciso concebirlas para ese objetivo específicamente.

Por ejemplo, la escuela comunitaria de deportes no solo incluía la práctica de diferentes disciplinas en aquel paraje donde era extraño ver a la gente jugar pelota: su propósito principal fue ofrecer empleo. Prepararon a un grupo de 15 graduados de preuniversitario, a quienes el ocio les llevaba a la costa o al parque, y los prepararon como entrenadores mediante un curso intensivo.

Lograron un impacto por partida doble, pues ya sus pupilos participan en competencias provinciales. Por primera vez en la historia local, 15 niños intervinieron en la copa pioneril guantanamera.

También hubo que hacer excepciones. En todo el archipiélago, el Curso de Superación Integral admite a jóvenes de hasta 30 años de edad. En cambio, para los residentes en el rincón más oriental de Cuba, se extendió el límite hasta los 35. De ese modo, 189 pobladores se acogieron a la opción del estudio como forma de empleo.

La gastronomía contribuyó con plazas en la carnicería, el comedor comunitario y el establecimiento para la venta de frozzen, al tiempo que le brinda alternativas a la comunidad. Asimismo, la sala de televisión, el video club, estación meteorológica, pesca deportiva y el programa de los trabajadores sociales apoyaron tal empeño.

Por otra parte, el hecho de que quizás su vuelo sea el más corto del mundo (12 minutos) no le resta brillo a la reapertura del aeropuerto y reanudación de la ruta Maisí-Baracoa, sino que les devuelve algo de orgullo a los maisienses, auxilia en la situación del transporte y aporta puestos laborales.

La reanimación tiene múltiples colores: los de rosas, gladiolos, margaritas, y una creciente variedad de botones, que se multiplican en un hermoso jardín. En la nueva “finquita” cuatro mujeres le dieron una lección a los escépticos. La tierra se llenó de flores.

También la cultura comienza a expandirse por aquellos contornos, y con ella un pequeño ejército de promotores. Mientras, el incremento en la cría de ovinos y las faenas constructivas brindan otras posibilidades. Y con la electrificación del molino, al llegar la cosecha cafetalera, se adicionarán 300 brazos para beneficiar el grano.

Todos ayudaron a aliviar lo que significó perder 250 plazas en la ganadería, casi 70 en los almacenes de la Empresa Mayorista y unas 20 en los talleres textiles, entre otras oportunidades de colocación.

NO ES SUFICIENTE

Todos coinciden en que se han hecho cosas, pero faltan otras muchas. La gente quiere trabajar, sabe que están aumentando los salarios.

Ahora no seleccionan, van a donde les oferten empleo, afirma Orlando Domínguez, coordinador de Cultura en la Punta.

El problema se torna más complejo a causa de una singularidad: los lugareños no acostumbran a salir de su terruño, ni siquiera en estos momentos, con la carretera recién reparada. No importa que en la cabecera municipal existan ventajas para trabajar.

Hasta que llegara el tiempo de la zafra cafetalera, la gente se dedicaba a la pesca “por cuenta propia”. Algunos ya tienen ocupación. Otros quieren ver pronto sus manos sudadas y que el sol no les castigue sin haberle sacado provecho al día.

 

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