Osadía en el corazón de la montaña

HAYDÉE LEÓN MOYA y JOEL MAYOR LORÁN

En pocos meses Leydiana Plutín quedó atrapada entre montañas. No imaginaba la joven estomatóloga de Centro Habana que el paisaje de Valle de Caujerí llegara a seducirla. Como a ella, también a otros le sucedió. Bajaron desde lo más intrincado de la serranía sin otro equipaje que las ilusiones, justo cuando una nueva alborada tornó más verde aquel lomerío.

Foto: RAÚL LÓPEZLeydiana brinda sus servicios en lugares apartados de Guantánamo.

Vivía allá, en Los Guineos, dice Ermelinda Frómeta mientras apunta hacia un sitio que su mente ya no puede ubicar. "Llovía cantidad y había muchos mosquitos y miseria. Cuando la Revolución triunfó se nos dio la oportunidad de mejorar, y nos integramos a la cooperativa".

Su mamá pudiera contar una historia más triste aún de su vida en aquel paraje. Ya no puede levantarse del taburete a recibirnos. Cien años pesan demasiado, pero no consiguen borrarle el dolor de haber perdido un hijo de cinco años de edad... apenas por una fiebre. Ya eso no pasa, porque ahora sí hay médicos, sostiene Aurora Acosta.

UN VALLE DE SONRISAS

La casa de Ermelinda está a la puerta de una plantación de tomates. Ella y su hermano Orlando son obreros de una cooperativa, y se hallan en plena cosecha. Toman un respiro para preparar la comida. Esta vez, no se enredan entre el olor penetrante del petróleo, el tizne de los calderos y la demora para cocinar los alimentos. El fastidioso fogón de leña fue echado al patio. Sobre una meseta limpia y ordenada reinan una hornilla eléctrica y las ollas que en breve dejarán listo el almuerzo.

Foto: OTMARO RODRÍGUEZ A ambos lados del río Sabanalamar brotan las escuelas.

Desde el exterior de la humilde casa la vista se nos detiene ante un portento tecnológico. Parece una osadía el funcionamiento de una planta digital instalada hace muy poco en el corazón de San Antonio del Sur, uno de los municipios más intrincados de Guantánamo. Decenas de familias del pintoresco valle disponen de servicio telefónico de calidad.

También a la orilla de un río o a los pies de una loma, se aprende cómo piensa la gente de allí. Leydis Marian luce una hermosa pamela para refugiarse del fuerte sol que castiga a los lugareños.

ADIÓS AL DESAMPARO

En la memoria histórica del lugar, 1976 quedó como el año del despegue del Valle. Con la siempre estimulante presencia de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, fueron constituidas entonces tres Cooperativas de Producción Agropecuaria. Con ellas fueron levantadas casas confortables para las familias campesinas, escuelas nuevas para sus hijos, consultorios médicos...

Así, la vida en comunidad comenzó a robarle protagonismo al aislamiento, que aquí era particularmente notorio. Aunque con el misterio y la riqueza de versiones, propias de los sucesos que pasan de generación a generación, lo cierto es que nadie en este paraje desconoce que algo terrible ocurrió en Los Jagüeyes, como consecuencia del desamparo en que vivía la gente.

Cuentan que durante un temporal cuatro familias y sus casas quedaron sepultadas, tras el desplome de una piedra enorme que todavía hoy asusta a los lugareños. "Fue impresionante. Nunca apareció nadie", repiten.

No bastaba dejar atrás el abandono social, era precisa una transformación completa: crear bases productivas sustentadas por un sistema hidráulico que reforzara la fertilidad de las tierras. De ese modo surgieron tres presas, y una derivadora con su estación de bombeo.

Entonces las 100,6 caballerías de tierra apta para el cultivo fueron favorecidas por el riego. Y fue planteado entonces el reto de convertir al intramontano sitio en un jardín hortícola, a partir del esfuerzo de la gente y cuantiosas inversiones.

Alcanzar la producción de un millón de quintales de hortalizas y granos, es desde entonces la aspiración de los campesinos del lugar. Y en eso andan todavía. La gente se consagra al surco y el Estado no escatima esfuerzos.

El problema, explica Walquer Gamboa Cueto, presidente del Gobierno en el municipio de San Antonio del Sur, es que el funcionamiento del sistema hidráulico no resulta hoy ni efectivo ni económico: una derivadora desde la presa Los Asientos lleva el agua de ese embalse a la Pozo Azul, mediante un sistema de bombeo, y desde esta última por gravedad a las plantaciones del Valle.

¿SOBRA TOMATE?

Cada año ocurre una explosión productiva de tomate, que tiene como mejor recompensa su presencia constante en la mesa del guantanamero, especialmente en estos meses. Desde enero hasta los primeros días de abril, se habían cosechado más de 40 000 quintales de la hortaliza, y fue roto el mito de que los rendimientos no podían sobrepasar los 5 000 quintales por caballería (casi 7 000 en marzo).

Abundancia del fruto en los campos, y decenas de campesinos en la unidad central de Acopio en Valle de Caujerí, esperando los envases para sus cosechas, muestran que algo no funciona bien allí.

En efecto, no se "engrasaron" los mecanismos para una eficiente comercialización: no son serios los contratos previos a la cosecha (a veces por no realizar el estimado a pie de surco y otras porque el productor no declara todo cuanto siembra); tampoco se garantizan el transporte ni los envases de acuerdo con la demanda.

Además, la vieja industria procesadora, ubicada en el municipio de Guantánamo, a más de 80 kilómetros del Valle, no asimila tales cantidades.

¿Consecuencias? Más allá de criterios de ambas partes, se pudre tomate en los campos. Una lástima, pues a pesar de la sequía, y del esfuerzo de los campesinos, pierden parte de la producción.

Urgen soluciones, pues por los campos del Valle comenzaron a multiplicarse casas de cultivo tapado con el propósito de abastecer de posturas de alta calidad a los productores. Son más resistentes y de mayor rendimiento.

Al principio no eran aceptadas. Actualmente resultan insuficientes. En la campaña anterior sembraron 10 millones y medio de posturas de tomate y para la próxima prevén incrementar sustancialmente esa cantidad.

Otra de las herramientas científicas en función, es la recién inaugurada Estación Agrometeorológica. Sus diversos termómetros, el heliógrafo y el barómetro aportan otros datos de interés. Todo está en función de obtener más producciones.

Sucede que cualquier adelanto, éxito o proyecto allí resulta una audacia. Es la osadía de pretender transformar una hondonada entre montañas, y haberlo logrado en buena medida. Este no volverá a ser el sitio donde el hijo del dictador Fulgencio Batista se hizo rico explotando a los campesinos. Será siempre una comunidad próspera, donde nadie recuerde historias como la de Aurora... y hermosa como la misión de Leydiana, la estomatóloga habanera que fue hechizada por la gente humilde de Valle de Caujerí.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir