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Chernobil: esmerada atención en Cuba
Vivian
Collazo
LA
HABANA, 26 de abril.—La madrugada del 26 de abril de 1986, en el
reactor número cuatro de la central de Chernobil (Ucrania), se
produjo el mayor accidente de la historia nuclear.
Los efectos de la
radiactividad superaron todas las previsiones y la verdadera
magnitud de los daños son todavía imprecisos.
Miles de personas de
Ucrania, Rusia y Belarús, las repúblicas ex soviéticas más
afectadas, murieron desde entonces y millones se contaminaron por la
lluvia de isótopos radiactivos.
Sin embargo, las
secuelas de la catástrofe perdurarán durante varias generaciones.
Según la Organización
Mundial de la Salud (OMS), el cáncer de tiroides en Belarús es 285
veces más frecuente que antes de aquel trágico accidente.
Tarará, una hermosa
playa ubicada a 20 kilómetros de La Habana alberga en sus bellos
chalets, antes propiedad de la alta burguesía cubana, a niños y
adolescentes quienes reciben gratuitamente operaciones, trasplantes
de médula y prolongados tratamientos.
En marzo de 1990
llegaron a la nación cubana los primeros pacientes mediante un
programa humanitario diseñado al respecto.
Hasta la fecha, más de
20 mil ciudadanos fueron consultados en las instalaciones
habilitadas para ello, así como en otros centros médicos de la
capital del país que mayor asistencia médica ha brindado a la
población procedente de las áreas aledañas al desastre.
En promedio pasan en la
nación caribeña tres meses, aunque algunos necesitan más tiempo,
en especial los que padecen leucemias. (PL) |