Juegos racistas

MIGUEL A. UNTORIA PEDROSO

En abril del año 2002, publicamos en estas páginas, el comentario Jugar a los negros, que denunciaba un novedoso juego de mesa, que ofendía a la humanidad por la forma en que discriminaba a los afronorteamericanos en cada una de sus jugadas.

Ahora inventaron otro igual de diabólico en su manifestación racista.

En esta ocasión, se trata de un videojuego, que permite a los muchachos entrenarse en matar indocumentados. Sí, usted leyó bien. Lo blancos a batir que aparecen en la pantalla son niños, mujeres y ancianos con rostros de latinos, muy parecidos a los mexicanos y centroamericanos.

El escenario comprende un paisaje desértico atravesado por un río, un poste fronterizo que da la bienvenida al territorio de Estados Unidos, con impactos de bala y una bandera norteamericana en la que las estrellas que representan los estados están sustituidas por la estrella de seis puntas que simboliza a Israel.

Esta nueva ofensa a los hombres y mujeres de nuestro planeta, fue creada por una organización neonazi y sionista del condado de San Diego, en California.

Los integrantes del grupo que diseñó el macabro videojuego, radican en la ciudad de Temecula, a unos 100 kilómetros al norte de la frontera entre México y California.

Según los autores, ellos ejercen el derecho de libre expresión que recoge la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos.

Al frente de los “inocentes diseñadores” del nuevo entretenimiento, aparece Tom Metzger, un declarado supremacista (neofacista que aboga por la supremacía de la raza blanca) que ha enfrentado algunos cargos en cortes de San Diego como sospechoso de violencia racial, algo casi sin importancia allí.

Cínicamente, en la página web que lo presenta con la leyenda Juegos Racistas, se afirma con letras mayúsculas, que el entretenimiento que se ofrece no debe ser tomado como una amenaza o algo similar contra nadie.

Si entrenar para matar niños, mujeres y ancianos no es una amenaza, entonces asesinarlos, como ocurre con frecuencia en la frontera de México con EE.UU., no es un obstáculo moral.

Así se va abriendo paso el fascismo en Estados Unidos.

 

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