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Tecnología y sexo
ROLANDO PÉREZ
BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu
Leo,
y para no espantarme por completo, pienso que hace rato dejamos
atrás el siglo XX y que hay que estar “abierto” a los adelantos
tecnológicos y que lo que Julio Verne concibió en el XIX (¡el
submarino, quién se lo iba a creer!), luego se hizo realidad, pero
mientras leo —y trato de comprender—, no puedo menos que
acordarme de las primeras noviecitas y de aquellas sensaciones de
corazón apretujado, boca reseca, mareo platónico indescriptible
mientras me embadurnaba de vaselina el cabello, antes de lanzarme al
ataque, un tránsito juvenil, imperecedero, hacia lo que después
sería el sexo pleno.
¿Pero qué leo?
¡Ay, Julio Verne!, un
futuro en el que las relaciones sexuales serán satisfechas por
amistades artificiales.
Lo aseguran no pocos
expertos reunidos en los Estados Unidos para analizar cómo será la
próxima década en lo concerniente al sexo. “Lo que posiblemente
se presente antes del 2016 será una experiencia multisensual de
sexo virtual”, asegura Julia Heiman, directora del Instituto
Kinsey para la Investigación sobre Sexo, Género y Reproducción en
la Universidad de Indiana.
Y Gina Lynn, periodista
que escribe sobre el asunto, critica a los que aún no se deciden a
desnudarse ante las ventajas que ofrece la Internet, porque tienen
miedo de la combinación sexo-tecnología. Son aquellos que “todavía”
añoran una conexión humana, ¡pero están equivocados!, alegan
algunos especialistas, porque esa relación cálida, entre
criaturas, “la ofrece la Red”.
Como es de suponer, los
empresarios no quieren quedarse atrás en ese futuro
tecnológico-sensual, sin piel humana que avizoran, y para ello nada
mejor que “combinar las imágenes de video explícitas con
sensaciones táctiles reales”.
Brad Abram, presidente
de XStream3D Multimedia, asegura que el juego Virtually Jenna
permite al consumidor practicar sexo con Jenna Jameson, una estrella
del cine porno, gracias a dispositivos que siguen el movimiento de
los genitales. El servicio cuesta cerca de 25 euros y lo usuarios no
tendrán que perder tiempo con paseos románticos bajo la luna ni
conversaciones que traten de dilucidar las complejidades (benditos
misterios) de la pareja. ¡No señor!: directo al asunto y una vez
satisfechos, apretar el interruptor para que el objetivo de nuestras
sensaciones desaparezca.
Para algún alivio, no
faltan los que como Pepper Schwartz, profesor de Sociología en la
Universidad de Washington y autor de varios libros sobre sexo, la
tecnología está aún lejos de crear robots “que barran” y
superen las sensaciones que pueden crear dos seres que se amen.
Pero otros especialistas
aseguran que en las próximas décadas habrá aparatos que podrán
estimular el cerebro y —según leo— “crear una experiencia
sexual sin la manipulación de los genitales”.
Claro que no faltarán
los que caigan en la trampa, pero, optimista, pienso que no van a
imponerse. Porque de ser así, pobrecitos nuestros nietos y sus
novias, que no sabrán lo que se perdieron.
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