Villa-Lobos, piano integral 

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu 

Los caminos de la creación son inescrutables. Cuando Heitor Villa-Lobos bebía en cada rincón de su enorme Brasil la riqueza de los sonidos inexplorados de su gente y de la propia Naturaleza y soñaba con dar un vuelco radical al sentido de la música de su país, no podía sospechar que una parte de esa obra que legaría al mundo, el ciclo completo de sus cinco conciertos para piano y orquesta, tendría un registro integral en Cuba, isla en la que había nacido uno de sus más fieles y adelantados exégetas, Alejo Carpentier, a quien la vastedad y significación de su novelística no puede hacernos olvidar que en los años veinte del pasado siglo, junto a Roldán, Caturla y Sanjuán, llevó a cabo en La Habana una revolución musical semejante a la que el brasileño afrontó para despertar los espíritus adormilados de Río de Janeiro.

Heitor Villa-Lobos.

A fines del 2003 cuajó por primera vez la hazaña: Ulises Hernández, promotor de proyectos donde lo imposible se hace posible, juntó las voluntades y los talentos de sus colegas Elvira Santiago, Harold López Nussa, Patricio Malcolm y Roberto Urbay, del maestro Enrique Pérez Mesa y la Orquesta Sinfónica Nacional, el Comité Organizador del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y su director ejecutivo Iván Giroud para en un par de jornadas interpretar los conciertos en el Amadeo Roldán.

Poco más de dos años después nos llega el testimonio de aquel fulgente episodio en un doble álbum (triple, puesto que incluye un soporte de DVD), presentado justamente ayer en Casa de las Américas.

Al amparo de Producciones Colibrí se condensa un material que merece, a contrapelo del reducido espacio de una reseña, al menos tres lecturas. La primera, derivada de la propia obra de Villa-Lobos. El pianismo sinfónico del maestro, con el paso del tiempo, tiene estatura como para clasificar entre las más encumbradas instancias universales del siglo XX. Caudaloso, torrencial, hiperromántico por momentos, sobreabundante en expresión pero, a la vez, portador de una dimensión formal poliédrica de impronta barroca más cercana a las figuraciones de Antonio Francisco Lisboa, el Aleijadinho, que a las fuentes de su querido Bach, es plasmación de un temperamento y una identidad que compartimos.

Otra nos hace dirigir oído y mirada hacia los solistas. Ulises, Patricio, Harold, Elvira y Roberto tampoco, desde el punto de vista de la solvencia técnico-expresiva y el resultado profesional ostensible en la grabación, son menos que nadie. Es hora de ir rompiendo los mitos de las jerarquías únicas y los falsos escalafones. El piano en Cuba se multiplica promisoriamente.

Una tercera nos aproxima a lo que debe ser el paradigma de un producto discográfico integralmente esmerado. Grabación sino perfecta, digna. El DVD entendido como soporte de imágenes e información, no como medio en sí mismo; sin la calidad del testimonio audiovisual de René Arencibia, de nada valdría el esfuerzo técnico.

Ha llegado entonces este Villa-Lobos como esperanza y confirmación.

 

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