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Reflexiones en honor
al general Flor Crombet
RAÚL RODRÍGUEZ LA O
Historiador y periodista
En
una proclama llena de fervor patriótico e intransigencia
revolucionaria de Flor Crombet, fechada en Duaba, en abril de 1895,
tras haber desembarcado y convertida en su testamento político,
según su biógrafo el historiador Abelardo Padrón Valdés, se
pueden leer las siguientes ideas, reveladoras de sus convicciones y
principios a favor de la causa independentista cubana:
“...
A esta generación, no a otra alguna, le cabrá la gloria de
libertar la Patria ... Mientras Cuba sea esclava no habremos
cumplido ni con nuestra conciencia, ni con el hermoso programa
americano. Ayacucho no es la última palabra de ese gran drama; a
Cuba le cabrá la gloria de pronunciarla. América lo espera.
Nuestro honor, además, lo exige... esforcémonos porque sea
admitida como la heroína del Mar Caribe, y no juzgada de otra
manera por la posteridad... están con nosotros la razón y la
justicia... Vosotros que en más de cien batallas habéis demostrado
que sabéis luchar y morir por la Libertad, enseñad al Mundo que
sabéis triunfar en la lucha por la independencia de la Patria...”
Ese es el pensamiento de
uno de los hombres cuya fecunda vida puso al servicio de Cuba. Flor
se incorporó a la guerra de 1868 a los pocos días del estallido
revolucionario de la Demajagua. Combatió bajo las órdenes de
Máximo Gómez, Antonio Maceo y Calixto García. Mantuvo una actitud
ejemplar durante toda la contienda y cuando se produjo el Pacto del
Zanjón, en febrero de 1878, fue uno de los que junto al general
Antonio Maceo participó en la Protesta de Baraguá, el 15 de marzo
de ese mismo año.
Convertido por las
circunstancias en emigrado político, no dejó de luchar por la
independencia de Cuba. Por eso en el segundo semestre de 1878
regresó a la Patria con el objetivo de realizar actividades
revolucionarias en estrecha combinación con el general Calixto
García, quien fuera el principal líder de la Guerra Chiquita. La
labor conspirativa que desarrolló de un lugar a otro de la Isla fue
de tales proporciones, que en marzo de 1879 las autoridades
coloniales lo detuvieron y enviaron como prisionero político a la
Península.
Ya en el destierro
trató de alcanzar la libertad en solicitud que hiciera pidiendo
regresar a Cuba; pero la respuesta del gobernador general de la Isla
de Cuba al Ministro de Ultramar de España, según carta localizada
por el autor en la Sección de Gobierno del Fondo de Ultramar del
Archivo Histórico Nacional de Madrid, fue entre otras cosas la
siguiente:
“Entiendo
que V. E. debe desentenderse en absoluto de Flor Crombet, que es
hombre travieso, malo y enemigo irreconciliable de España. Cuantas
promesas haga en el sentido de que no se mezclará más en
política, serán falsas, como lo serán sus manifestaciones de que
solo aspira a vivir en su Patria ganándose honradamente el
sustento... Aquí no debe venir en modo alguno, porque no haría
otra cosa que conspirar y seguir las órdenes de Maceo, y entiendo
que tampoco se le debe mandar a Filipinas porque sería un elemento
de perturbación.”
Por esas razones su
estancia en España se extendió hasta 1882, cuando logró fugarse y
dirigirse a Nueva York vía París. Ya en los Estados Unidos hizo
contacto con las principales figuras de la independencia,
fundamentalmente con José Martí. Entre ambos surgió y creció una
entrañable amistad basada en los principios revolucionarios. Por
esos tiempos, Flor presentó al Héroe Nacional al patriota Carlos
Baliño, quien años más tarde, en 1925, sería fundador del
Partido Comunista de Cuba.
En cumplimiento de
orientaciones revolucionarias de Martí recorrió varios países de
América. En carta desde Nueva York, fechada el 20 de julio de 1882
y dirigida a Máximo Gómez, Martí expresó: “A eso iba y va Flor
Crombet a Honduras. Querían hacer picota de escándalo, y base de
operaciones ridículas. Él tiene noble corazón, y juicio sano, y
creo que piensa como pienso”.
En otra misiva de igual
fecha, dirigida a Antonio Maceo, le expresó: “En carta siguiente
le explicaré todo lo que llevamos hecho, y pensamos hacer, que gira
todo sobre eso que le llevo dicho, y en respuesta a lo cual, y a lo
que Flor Crombet tiene encargo de explicarle, espero que no me diga
si no aplaude y comparte estas ideas”.
Cuando en octubre de
1884, los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo llegaron a Nueva
York para desarrollar sus planes revolucionarios, Flor Crombet fue
uno de los que acudió a recibirlos. Desde entonces y durante todo
el plan insurreccional Gómez-Maceo, del 1884 a 1886, Flor apoyó
sus objetivos. En este periodo y con fines de propaganda y
recaudación de fondos, viajó a Francia, donde realizó un
excelente trabajo. En cumplimiento de una misión de Máximo Gómez
llevó al doctor Manuel Coroalle, en Panamá, la siguiente carta de
presentación, localizada en el fondo de Donativos y Remisiones del
Archivo Nacional, donde el Generalísimo decía: “El General
Crombet va de parte mía con comisión cerca de ese centro de
emigración cubana. El le informará el objetivo de la comisión...
Póngase al lado del Gral. Crombet, tan valiente como honrado y
ayúdelo con toda su voluntad y valiosa cooperación”.
Luego del fracaso del
plan insurreccional de Gómez y Maceo, en septiembre de 1886, Flor
Crombet se puso a disposición de José Martí y comenzó a
colaborar con este en la preparación más cautelosa de la tercera y
última guerra independentista.
A fines de 1889,
solicitó permiso a las autoridades coloniales españolas para
regresar a Cuba. Este hecho lo utilizaron sus enemigos para tratar
de detractarlo; pero el intransigente mambí se proponía
desarrollar sus actividades conspirativas dentro de la Isla como
luego quedaría demostrado.
En 1890 ya en Cuba,
estuvo entre los que recibieron al General Antonio Maceo en Santiago
de Cuba, durante la visita que este hiciera a la Isla en esa fecha.
Luego, por su actividad revolucionaria, verificada por el espionaje
colonial español, Flor, al igual que Maceo, fue obligado a
abandonar el país.
De 1890 en adelante se
entregó nuevamente a la colosal obra del fundador del Partido
Revolucionario Cubano. En carta, dirigida a Antonio Maceo y fechada
el 18 de junio de 1894, Martí le decía:
“Flor
me deja una impresión muy grata. No le había escrito a derechas ni
era preciso como me lo demostró la entrevista, Uds. irán brazo con
brazo. Nada tendrá Ud. por fortuna que embarace su camino. Lo bello
de estas cosas es que llegamos a donde estamos sin una sola reserva,
doblez ni ocultación. Lo pequeño a la hora grande, se funde en lo
grande. Yo a Flor le expliqué el plan general de lo que se ha de
hacer aquí, diciéndole que a Ud. quedaba la dirección total y
absoluta de lo que hubiera de hacerse aquí y yo me llevaba todas
las demás responsabilidades.”
Posteriormente, en los
preparativos finales de su expedición desde Costa Rica y tras el
fracaso del Plan de Fernandina, el general Antonio Maceo manifestó
la imposibilidad de organizarla y prepararla con el dinero puesto a
su disposición por la dirección del Partido Revolucionario Cubano.
En tal coyuntura, dando prueba de su capacidad y valentía
política, José Martí, convencido de que no se podía perder un
minuto, escribió a Antonio Maceo una carta, fechada en Montecristi,
el 26 de febrero de 1895, en la cual le explicaba todos los
contratiempos de la expedición a él encomendada y le transmitió
la decisión de entregar el mando a Flor Crombet, y ponerse bajo las
órdenes de este. Al tomar tan delicada decisión, con gran
habilidad política y revolucionaria, le señaló a Maceo:
“(...)
como he de proponerle yo hablar de estas cosas con Ud. ? ¿A pedir
virtud? ¿A permitir de que nadie dude de que la demostrará
suprema? ¿A creer que hay en nadie más valor y desinterés que en
Ud.? Cuba está en guerra, General. Se dice esto, y ya la tierra es
otra. Lo es ya para Ud. y lo sé yo. Que Flor, que lo tiene todo a
mano, lo arregle todo como pueda. ¿Qué de Ud. pudiera venirle el
menor entorpecimiento? ¿De Ud. y Cuba en guerra? No me entrará ese
veneno en el corazón.”
De este modo, fue Flor
Crombet quien viajó al frente de la expedición que salió de Costa
Rica y llegó por la desembocadura del río Duaba, en Baracoa,
Guantánamo, el primero de abril de 1895. En total eran veinte y
tres expedicionarios. De ellos: 17 cubanos, 2 colombianos, 1
dominicano, 1 mexicano, 1 puertorriqueño y 1 jamaicano. El 2 de
abril, un día después de su desembarco, Flor escribió una carta
desde Baracoa a sus amigos Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra,
donde entre otras cosas, les informaba con gran optimismo y
entusiasmo revolucionario:
“Mis
queridos amigos:
Quedan cumplidas las
órdenes que me diera ese representable centro.
El día primero de
abril desembarcamos en la boca de Duaba a dos leguas de la ciudad de
Baracoa. Pocas horas después de nuestro desembarco fuimos atacados
por una fuerza española, la que sufrió 9 bajas—sin ninguna de
nuestra parte. Nuestros expedicionarios se batieron con bravura no
común—pero es justo hacer especial mención de mi joven ayudante
Tomás Julio Sainz.
La misma tarde de
nuestra llegada se sublevó en el pueblo Don Félix Ruenes
incorporándose a nosotros en el juncal con treinta hombres—ese
caballero tenía preparados todos los barrios; así es, por todas
partes se nos incorporan hombres armados y desarmados, todos
jóvenes útiles para las armas—. Nuestro triunfo es un hecho.
Después de organizar
las fuerzas de esta localidad pasará Maceo a Guantánamo y yo a
Santiago de Cuba.”
Lamentablemente Flor no
pudo salir hacia Santiago de Cuba, pues el 10 de ese mismo mes y un
día antes de desembarcar José Martí y Máximo Gómez, con cuatro
patriotas más, por Playita de Cajobabo, cayó heroicamente en
combate, en Alto del Palmarito, en Yateras, sitio declarado
Monumento Nacional en la actualidad por ese acontecimiento allí
ocurrido.
El 21 de abril, en su
Diario de campaña, al evocarlo, José Martí, hizo la siguiente
anotación:
“¡Pero
qué triste noticia! ¿Será verdad que ha muerto Flor, el gallardo
Flor?
Así son las guerras.
Luego caerían también en combate el propio José Martí, José
Maceo, Antonio Maceo, Serafín Sánchez y otros muchos de los jefes
legendarios de las luchas por la independencia. Pero el ejemplo de
sus vidas alumbró el camino hasta la victoria finalÁ |