Alarde y mentiras

MIGUEL ÁNGEL UNTORIA PEDROSO

A inicios del presente año, el secretario del ejército estadounidense, Francis Harvey, afirmó —según publicó ANSA—, que el ejército norteamericano tiene capacidad para “enfrentar cualquier crisis que el presidente nos exija encarar”, comprendido otro conflicto además del que está en curso en Iraq.

La aviación de portaaviones siempre dispuesta a ataques agresivos.

El civil que dirige a los militares del US Army, durante un encuentro en el Pentágono abordó este tema que ha sido defendido en otras ocasiones por algunos militares que ocupan cargos importantes en las Fuerzas Armadas y por otros personeros del gobierno de Bush, incluido este último.

Los componentes en servicio activo del ejército de Estados Unidos ascienden a unos 487 000 hombres. Una parte consi-derable de los cuales se encuentra desplegada en el extranjero, una tercera parte del total debe recibir entrenamiento, y otro tercio de los desplegados en ultramar deben disfrutar de un descanso. En estas condiciones, existen grandes interrogantes con relación a las verdaderas posibilidades para enfrentar un nuevo conflicto armado en otro escenario, mientras se vean obligados a continuar el despliegue de miles de hombres en Iraq y Afganistán.

Su mensaje, Harvey lo utiliza para justificar la reorganización que lleva a cabo el ejército, que tendrá como resultado el incremento de la cantidad de brigadas disponibles, lo cual culminará dentro de seis años, con el aumento de las 33 actuales a 42.

También señaló que las 15 brigadas de la Guardia Nacional, se incrementarán hasta llegar a 28.

En la actualidad el ejército estadounidense y la Guardia Nacional se encuentran en un proceso de afianzamiento mediante apoyo económico por la vía de un fuerte incremento de los salarios y decenas de estímulos económicos en todas las categorías de servicio.

Por quinto año consecutivo, desde los recortes de la década del 90, la Casa Blanca incrementa sus gastos de “defensa” y el presupuesto para el Año Fiscal 2007 se eleva a 439 300 millones de dólares, lo que representa un aumento de un 7% con relación al 2006.

El déficit fiscal en Estados Unidos en el 2006 superará otra vez los 400 000 millones de dólares, según los cálculos iniciales de la Casa Blanca.

Precisamente, ese derroche del dinero de los contribuyentes norteamericanos, por parte del Pentágono, persigue el simple objetivo de tratar de garantizar las metas mensuales de reclutamiento del personal activo y de las reservas, afectadas conside-rablemente, como resultado de las guerras de agresión contra Iraq y Afganistán, y en particular por el incremento de las cifras de muertos y heridos por las acciones de la resistencia.

El “guapo del barrio” no puede perder su prestigio, pues nadie le temería, y las recientes declaraciones de Harvey parecen estar dirigidas en ese sentido.

Si Bush habla de estar dispuesto para atacar en 60 oscuros rincones o más del mundo, el Departamento de Defensa al menos debe afirmar que puede comenzar de inmediato otra guerra en alguno de esos lugares y Harvey es uno de los encargados de hacerlo por el ejército.

Es cierto que los Estados Unidos pueden realizar en cualquier momento un criminal ataque aéreo contra cualquier punto de este planeta, como lo acaba de reiterar en su estrategia de Seguridad Nacional, donde menciona entre ellos a Cuba y Venezuela. Por ejemplo, Irán, ha sido definido como el objetivo principal, pues para eso cuentan con las fuerzas y medios necesarios y tienen experiencia en acciones de ese tipo.

Pero otros elementos son requeridos para que Bush pueda decidir el inicio de esta nueva guerra que excluye acciones terrestres.

Entre otros, el hecho de que la mayoría de la sociedad norteamericana, que en definitiva aporta los soldados, debe ser convencida de participar en una nueva guerra que no desea.

Habría que ver hasta qué punto sus aliados más incondicionales estarían dispuestos a lanzarse a otra nueva aventura que les traería enormes contrariedades políticas y económicas.

En el propio seno del Congreso, Bush y sus halcones tendrían que neutralizar una fuerte oposición de una parte de los demócratas e incluso ciertos republicanos —recordar que este es un año electoral— que no están satisfechos con el beligerante proceder del grupo que gobierna la Casa Blanca.

Junto a ello, están los escándalos de malversación por empresas del complejo militar industrial que se apropian de miles de millones de dólares en Iraq, violaciones de los derechos civiles de los ciudadanos norteamericanos por la vigencia de la Ley Patriota, la ineficiente y tardía reacción de la Casa Blanca ante el fenómeno Katrina —donde la actuación de la Guardia Nacional dejó mucho que desear y fue también fuertemente criticada—, entre otros temas que dividen la unidad de la sociedad estadounidense y no le permiten hoy a su Emperador decidir unilateralmente.

 

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