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Más sobre el abismo entre el surco y la tarima
No existe un sistema estatal de control y supervisión
El Ministerio de la
Agricultura estudia una propuesta para eliminar la dispersión en la
administración de esos centros en la capital
RAISA PAGÉS
El teléfono suena en la
Unión Nacional de Acopio. Los reporteros contactan para notificar
violaciones de precio en varios Mercados Agropecuarios Estatales. El
interlocutor nos responde con la pregunta: ¿De qué municipio y
dirección? Ah, si fue en Playa —dicen luego—, ese no lo
dirigimos nosotros, sino la Empresa de Cultivos Varios situada en
Güira de Melena, y el de Boyeros, lo dirige la de Quivicán,
explica el funcionario.
Este mercado situado en Playa, calle 5ta. F y 120, es atendido por la Empresa de Cultivos Varios de Güira de Melena. No se puede ser juez y parte en el control del funcionamiento de los MAE.
Los que participamos en
la investigación que desarrolla Granma sobre el
funcionamiento de los Mercados Agropecuarios Estatales (MAE) de la
capital nos encontramos que las quejas por las irregularidades se
diluyen, al igual que las responsabilidades. No existe un sistema
territorial de control y fiscalización estatal sobre esos centros
en Ciudad de La Habana.
La administración de
los MAE de la gran urbe de la Isla se encuentra muy dispersa.
Actualmente, 137 MAE de la ciudad pertenecen a nueve empresas
agrícolas que no radican en ese territorio, sino en la otra Habana,
la que proporciona una buena parte de las viandas y hortalizas que
consumen los capitalinos.
Esas nueve entidades de
Cultivos Varios de la provincia de La Habana tienen una misión
fundamental: abastecer y transportar alimentos para los mercados
estatales, consumo social y controlado de la capital, además de
cosechar productos para sus propios moradores.
Cuando existan mecanismos que permitan obtener mayor remuneración por calidad, los productores serán los más interesados en lograrlo.
Con tal responsabilidad,
¿pueden los empresarios agrícolas de La Habana asumir el control y
supervisión de lo que ocurre en los centros estatales de
comercialización de la gran ciudad, situados a decenas de
kilómetros de su ámbito rural?
Evidentemente, no. Los
trabajos publicados en Granma recientemente lo demuestran. La actual
estructura estatal de dirección de los mercados agropecuarios
necesita ser cambiada. Las nueve empresas habaneras no pueden
detectar los problemas de los MAE de la capital porque,
sencillamente, no se puede ser juez y parte.
DEL DICHO AL HECHO...
En los reglamentos que
rigen los MAE se estableció no reportar mermas, como uno de los
requisitos para que los administradores y sus empleados reciban
estímulos por encima de sus respectivos ingresos básicos. Esa
condicionante funcionaría si se les bajaran los precios a los
productos deteriorados, para aprovecharlo todo. Pero no sucede así
de forma generalizada en la capital.
¿Por qué?
Por otro requisito que
interfiere en el sistema de estímulos. Para que un trabajador de un
mercado estatal reciba entre un 3% y 5% de lo comercializado en un
mes, debe cumplir el plan de venta en valores. Si rebajan precios a
los productos de dudosa calidad, los ingresos disminuyen.
No es posible
generalizar, pero las investigaciones efectuadas por Granma y
las quejas de los lectores apuntan a que ni al administrador ni a
los empleados les conviene bajar los precios del tope máximo,
cuando se empiezan a deteriorar los productos. Para salir de las
viandas y hortalizas de dudosa calidad las sitúan arriba, como
sucede con los tomates maduros a punto de reventar, mientras los
pintones grandes y buenos los esconden para salir de la mercancía a
punto de desechar y no reportar mermas, pues perderían la
estimulación.
Las violaciones de
precios son las más comunes, pero también están las del peso de
los productos. En algunos lugares han sustituido las pesas por
envases plásticos o latas que llenan de ajíes, ajos, coles picadas
o granos. Con estas prácticas, una libra puede costar el triple o
el cuádruple del precio tope establecido.
Todas estas
irregularidades ocurren en los mercados agropecuarios porque no hay
una contrapartida estatal de supervisión que garantice la
disciplina en el cumplimiento del reglamento y penalice económica y
moralmente a las direcciones y empleados de esos comercios.
Lo lógico es que en la
capital existan unidades territoriales de Acopio que se encarguen de
controlar y fiscalizar los MAE, pero ese mecanismo no existe en la
actualidad.
Solo 27 MAE de Ciudad de
La Habana se subordinan a la Unión Nacional de Acopio.
El Ministerio de la
Agricultura estudia una propuesta para que los centros de
comercialización estatales de la capital sean dirigidos por dos
unidades territoriales de Acopio. En ese documento, al que tuvimos
acceso, se plantea que el vínculo que debe permanecer entre las
empresas agrícolas habaneras y los MAE de Ciudad de La Habana debe
ser solo de abastecimiento (por ejemplo, la entidad de Batabanó
surte a mercados de La Habana Vieja y del Cotorro, mientras que la
de Güira de Melena traslada productos a Arroyo Naranjo y Playa).
La propuesta establece
la creación de dos unidades territoriales de Acopio para controlar
los MAE de la ciudad que ahora están asignados a entidades
agrícolas habaneras.
Estimamos que aún
cuando el Ministerio de la Agricultura implemente ese control
territorial por parte de Acopio u otros mecanismos, la
responsabilidad por el buen desempeño de los mercados agropecuarios
estatales debe estar, en última instancia, en las estructuras de
Gobierno del territorio, desde el municipio hasta la provincia, pues
esos centros ofrecen un importante servicio a los consumidores, que
es el pueblo, sus electores.
El Consejo de la
Administración del Poder Popular de Ciudad de La Habana aprueba los
precios topes mensuales, pero a nuestro juicio también debe contar
con mecanismos que le permitan fiscalizar lo que sucede después en
los agromercados de la capital, no solo en las violaciones de
precio, sino en todas las irregularidades que ocurren en esos
comercios.
NI SE COMPRA NI SE
VENDE POR CALIDAD
Actualmente, ni se
compran ni se venden productos atendiendo a su calidad, porque no
existen normas para establecer las variables de primera, segunda y
tercera, después del colapso en las cosechas en la etapa más
difícil del período especial. Eso lo comprobamos en los mercados
estatales y en las entrevistas sostenidas con funcionarios y
especialistas de los ministerios de la Agricultura y de Finanzas y
Precios.
Los agricultores que se
quejaron a nuestro diario de que han recibido pagos por debajo del
precio tope y se les han evaluado de segunda o tercera productos de
primera, fueron víctimas de funcionarios desinformados o de
supuestamente ignorantes de lo que está establecido.
Precisamente ahora se
elaboran normativas que respondan a las condiciones actuales. Cuando
entren en vigor, los agricultores individuales y colectivos
recibirán una mayor remuneración por el mejor producto. Así se
estimularán la calidad y el beneficio de las cosechas de los
agricultores.
Para poder exigir
diferencia de precio en los mercados por la calidad de los
productos, hay que comenzar por el primer eslabón de la cadena: el
agricultor, pues ahora recibe un precio único para cada uno de los
alimentos frescos agrícolas que vende.
Comerciar con los
precios que se correspondan con la calidad, beneficia tanto a los
productores como a los consumidores. |