13 de Marzo

Un testigo excepcional

FAURE CHOMÓN, Comandante del Ejército Rebelde

Al conmemorar el aniversario 49 del 13 de Marzo recordamos que además de las acciones armadas de ese día y en los siguientes ocurrieron otros episodios, quizás cientos o miles, no sólo en La Habana sino en todo el país. Narraremos uno, por ser mañana el Día de la Prensa.

Simulando el combate que no había querido dar, el ejército hizo después tronar sus armas, ebrios de una falsa victoria.

En el Palacio Presidencial del tirano había un salón dedicado a los reporteros de la prensa, para recibir las noticias que distribuían los personeros del régimen. El 13 de Marzo se hallaba de guardia en dicho salón un reportero muy famoso, nombrado Torres Momplet.

El mediodía había sido muy caluroso y tedioso; ahora, pasadas las 3 de la tarde, la atmósfera sofocante lo sobrecogía en un aburrimiento tal que se sentía sumergido en una somnolencia impaciente en aquella espera sin fin.

El sonido del timbre del teléfono lo despertó y tomando en sus manos el auricular escuchó la voz del Director de Información del periódico "Tiempo Cuba", propiedad del jefe de la pandilla de criminales de la tiranía "los tigres" de Rolando Masferrrer:

Oye, Torres Momplet, ¿es verdad que están atacando el Palacio Presidencial?

Compadre, aquí no pasa nada. Esto está más tranquilo que nunca.

Y colgó el teléfono. En el mismo instante estalló una explosión de ráfagas de ametralladoras que lo estremecieron, al comprender que el sorpresivo estallido había sido noticia antes de producirse. Por primera vez en su condición de reportero se lanzó sobre el suelo, con las manos y brazos sobre su cabeza, donde permaneció durante horas escuchando el tableteo de las ametralladoras y las explosiones que sacudían el edificio sin tener detalle alguno de lo que sucedía, a no ser la certeza de que estaba en el centro de un cruento combate. Así permaneció todo el tiempo, hasta que el rugir de las armas de fuego se fue extinguiendo y se hizo un silencio absoluto que él dejó pasar con mucha atención, tratando de descifrar si todo habría terminado. Finalmente se puso de pie y prestó atención a un ligero murmullo que comenzaba a oírse.

Salió y pudo ver a un capitán, de quien era amigo, que había llegado alzando por los cabellos con una mano, uno a uno, a los combatientes mal heridos, mientras con la otra los remataba con ráfagas de la ametralladora que portaba. Al mismo tiempo escuchaba gritos de la esposa del tirano que bajando por las escaleras exclamaba continuamente:

¡Mátenlos a todos!

Aquellas escenas horrorizaron su conciencia, dejándole una angustiosa impotencia porque, además, nunca pensó que aquel amigo suyo fuera capaz de tan criminal cobardía. Pudo tratar de huir de aquella situación; pero su condición de periodista primó en él y decidió continuar observando el curso de los acontecimientos.

Después de los disparos del capitán se incrementaron los tiros de la soldadesca, asesinando a otros heridos de los pisos superiores y en la calle; otros, ebrios de una falsa victoria hacían tronar sus armas, a lo que se unía el ruido de los tanques, ametralladoras pesadas y cañones del ejército que acababa de llegar y disparaba sin objetivo y sin sentido, simulando el combate que no había querido dar, dejando abandonado al tirano durante las horas que duró la acción.

Al día siguiente del asalto, Batista se reunió con sus secuases.

Al amanecer, Torres Momplet pudo observar que se formaba la guarnición en el patio para que el tirano, desde un piso superior, la saludara con un leve movimiento de su mano, sin pronunciar en ese momento palabra alguna; pues al decir de Torres Momplet, había perdido la voz y mostraba su cabello totalmente emblanquecido.

Así fue como lo vi—, afirmó Torres Momplet.

Habían pasado algunos años desde el triunfo de la Revolución cuando un día, encontrándome en el Ministerio de Transporte (N.R.: Faure Chomón era Ministro de ese organismo en aquel momento), recibí una llamada del periodista solicitándome un encuentro, a lo cual accedí inmediatamente. Nos reunimos en mi despacho y me hizo el relato que acabo de narrar.

Mi impresión era que Torres Momplet había estado sufriendo un estado de conciencia que le reprochaba su silencio y le hacía sentir la necesidad de comunicar todo lo que vio suceder al culminar el ataque al Palacio, del que fue testigo accidental; que no encontró cómo transmitirlo al sentirse golpeado, además, al ver que su amigo capitán, de quien tenía una alta opinión, resultaba ser realmente un vulgar y cobarde asesino.

Durante la tiranía no pudo y después de su derrocamiento no halló mejor forma que hacer esa confesión a uno de los combatientes de aquella gesta.

Al terminar su relato le pedí permiso a Torres Momplet para grabarlo y él accedió a repetirlo.

Cuando se elaboró el plan de combate para el ataque al Palacio Presidencial se instruyó a los miembros del comando sobre cómo debían actuar: antes de entrar a los locales del mismo, lanzar primero una granada, saltando seguidamente de un lado al otro de su puerta disparando una ráfaga e inmediatamente entrar disparando, para neutralizar cualquier resistencia. Esto sería así en todos los pisos, menos en el tercero, por ser la residencia del tirano y su familia. Allí se entraría sin emplear el método explicado, para evitar herir a la esposa, los hijos o cualquier otro civil, aun a costa de la vida del combatiente,

Valiosos compañeros cayeron combatiendo o fueron asesinados ese día. En la foto, Menelao Mora.

Esta concepción ética del combate permitió la sobrevivencia de Torres Momplet y varios empleados del servicio civil de Palacio, lo cual contrasta con el bárbaro exterminio a que fueron sometidos nuestros compañeros heridos en la acción.

La tiranía no se atrevió nunca a celebrar el juicio por los sucesos del 13 de Marzo. No tenían prisioneros. Temían la experiencia del juicio por el ataque al Cuartel Moncada, que se convirtió en una Tribuna de la Revolución cuando Fidel Castro hizo su famosa defensa conocida como La Historia me Absolverá, y que tanto estremeció después a la conciencia nacional. Y ahora todos los prisioneros estaban muertos, por lo que podrían intervenir solamente abogados revolucionarios, acusadores por los crímenes de ese día. Así el 13 de Marzo fue también una derrota jurídica de la tiranía.

Combatientes del 13 de Marzo de 1957 caídos durante esas acciones o asesinados posteriormente:

José Antonio Echeverría Bianchi

Ramón Alfaro Betancourt

Luis Felipe Almeyda Hernández

Ormani Arenado Llonch

José Briñas García

Juan Pedro Carbó Serviá (20-4-57)

José Castellanos Valdés

Mario Cazañas Díaz

Adolfo Delgado Rodríguez

Ubaldo Díaz Fuentes

Enrique Echevarría Acosta

Pedro Julio Esperón Álvarez

José Luis Gómez-Wangüemert

Carlos Gutiérrez Menoyo

Norberto Hernández Nodal

Reinaldo León Llera

José Machado Rodríguez (20-4-57)

Pedro Martínez Brito (10-7-58)

Gerardo Medina Cardentey

Pedro Nolazco Monzón Martínez

Menelao Mora Morales

Celestino Pacheco Medina

Eduardo Panizo Busto

Carlos Manuel Pérez Domínguez

Evelio Prieto Guillama (14-3-57)

Mario Reguera Gómez

Abelardo Rodríguez Mederos

Fructuoso Rodríguez Pérez (20-4-57)

Pedro Sayden Rivera

Pedro Téllez Valdés

Joe Westbrook Rosales 820-4-57)

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir