Historia de Lahera

TANIA CORDERO

Hasta hace dos o tres años, Rafael (Felito) Lahera era conocido sobre todo por su tremendo carisma actoral que se convirtió en legendario para los niños que lo disfrutaron, hará una década, como el inolvidable Caín Caí del programa Dando vueltas. Ya para entonces había participado en varios proyectos teatrales y otros tantos televisivos. A partir de su labor protagónica en Andoba, de Abraham Rodríguez, su proyección se consolida. En el Primer Festival Nacional de Televisión obtiene Premio de Actuación, lauro que repite ahora en el Festival Internacional de Cine de Santo Domingo por su brillante incursión en Barrio Cuba, de Humberto Solás.

Intercambiamos siguiendo el ritmo inteligente y simpático; hondo y popular de Lahera. El Premio en Dominicana coincide con que su historia protagoniza los actuales capítulos de la telenovela La cara oculta de la luna. Y por ese costado comienza nuestro diálogo. "En mi carrera nada se me ha dado fácil y el riesgo al fracaso es una constante en todo actor, pero el elenco que me acompañó en esta telenovela me ayudó muchísimo"— asegura al referirse a las expectativas con que asumió su rol. "Nombres como Luisa María Jiménez, Tahimí Alvariño, Néstor Jiménez y Armando Tomey, con un personaje dificilísimo para cualquiera y que en mi modesta opinión sacó con mucha dignidad, me hacían tomar confianza. Con ese equipo es poco probable perder un juego. Tuve un excelente maestro, Miguel Navarro, que decía que la enciclopedia de un actor eran sus sentidos —vista, oídos, olores— e increíblemente todo lo acumulado por esos sentidos lo usas en mayor o menor grado en lo que haces. Mi historia acaba de empezar y prefiero ser escueto al referirme a ella para no dar detalles que descubran la trama".

Lahera se reconoce deudor de las experiencias teatrales en una formación no académica como la de él. "Por supuesto que el teatro ha influido en estos resultados, lo que cambia es el medio, pero la base es igual. Todo el legado que un actor logre acumular es arsenal interpretativo en cualquier medio. Existen muchos ejemplos de actores que pasean por todos los medios sin ninguna dificultad. Eso sí, hay que estudiar mucho lo que vas a hacer, cómo y dónde lo vas a hacer. Yo pasé por dos grupos de teatro que eran verdaderas academias. El primero, Anaquillé, en el cual los actores aprendían a trabajar con muñecos de guante, de varilla, marionetas, teatro folclórico, para niños, teatro calle, comedia de salón, teatro clásico y experimental y con varios directores, bajo la batuta de Yulky Cary. El otro grupo fue Teatro Caribeño, fundado por Tito Junco y Eugenio Hernández Espinosa, que llegó a aglutinar mucho talento de distintas procedencias y los fundió logrando una gran retroalimentación. De allí salieron grandes figuras de mi generación como Bárbaro Marín, Pichi (Jorge) Perugorría, Polito Ibáñez, Mario Guerra, o directores como Pedro Ángel Vera, Tony Díaz, José Milián y tantos que era un lujo de aprendizaje para cualquiera recibir una sencilla clase de percusión o de danza en el Verdún".

Ya se sabe del inusual proceso de producción que recorrió el rodaje de Barrio Cuba, que tantos reconocimientos le ha traído a Lahera. Él rememora la experiencia con entusiasmo sincero. "El solo hecho de que un director como Humberto, toda una leyenda del cine latinoamericano, te llame para rodar con él una película es motivo de fiesta para cualquier actor. Cuando eso pasa y con la misma humildad que tiene de grandeza te dice que no hay un centavo para filmar y pide tu pequeña cooperación, te lanzas con los ojos cerrados en cualquier empeño. Aún te digo más, quienes le hicieron ver a Humberto que yo podía hacer este personaje fueron Pichi, Isabel Santos y Elia, la hermana de Humberto, pero él no estaba muy convencido. Tanto es así que después que habló conmigo por teléfono para invitarme a trabajar vio algo que yo hice en televisión y se desencantó. La batalla por mí de estos tres amigos fue titánica y no hubo más remedio que hacer una prueba. Te juro que me estaba muriendo. Cuando terminamos, Humberto solo dijo: "Bienvenido, el personaje es tuyo". Después de esa relación de trabajo tan intensa quedó una linda amistad que se alimenta con el rigor profesional que una figura como Humberto merece".

 

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