Con un amplio programa de acciones
científicas, organizativas y técnico-ingenieras, Cuba aplica una
estrategia orientada a la bioseguridad en beneficio del hombre y el
ambiente.
Ello pone de manifiesto la voluntad
política del país en su condición de Estado parte de la
Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción y
el almacenamiento de armas bacteriológicas, biológicas y tóxicas,
y sobre su destrucción, promovida por la ONU.
Un estricto control, la realización
de inventarios y vigilancia del uso de materiales biológicos,
equipos y tecnologías, sustenta uno de los frentes de trabajo del
Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en las 14
provincias.
Se trata de identificar los centros y
áreas con riesgos de contaminación por esas sustancias u
organismos genéticamente modificados o exóticos, y en
correspondencia, adoptar medidas profilácticas para contrarrestar
efectos dañinos a trabajadores, la comunidad y el entorno.
Esta labor es decisiva teniendo en
cuenta el desarrollo de este país caribeño en áreas como la
microbiología médica, la producción de vacunas, biopreparados y
medios diagnósticos, así como también los programas de
rendimiento agrícola.
Adis Hernández, especialista
ambiental en Santiago de Cuba, dijo que en esta provincia en aras de
fomentar una cultura por la bioseguridad se promueve la
capacitación de trabajadores, el uso de los medios de protección y
de adecuados procedimientos y prácticas en el diseño de las
instalaciones. (AIN)