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La Negra también quiere sembrar rosas
Reconocida nacional e
internacionalmente por su labor en la agricultura urbana, Francisca
Milanés (La Negra) tiene casi 20 años de experiencia en el cultivo
de hortalizas y condimentos. Inteligente e ingeniosa, esta granmense
dirige una parcela considerada unidad de excelencia y referencia en
el país
ANETT
RÍOS JÁUREGUI y GABRIEL DÁVALOS
annet.rj@granma.cip.cu
"Compra
hoy, para que no pidas mañana: lechuga fresquita acabadita de
cosechar; adorna el plato antes de almorzar. ¡Habichuela!, mantiene
la salud buena. Ajíes de cocina, condimentan la comida..." El
derecho de autor de estos pregones pertenece exclusivamente a La
Negra, nacida en la provincia Granma y responsable de un huerto
urbano famoso en Cuba y en el mundo.
Los vecinos de Veguitas esperan cada tarde los pregones de Francisca para comprar verduras frescas.
Una noche La Negra se
sentó a imaginar sus pregones. "Los escribí para buscar
concordancia y al otro día los canté en mi recorrido", recuerda. "Al
principio pregonaba mis vegetales caminando calle arriba y calle
abajo con un vagón de construcción. Duró tres años. Después me
facilitaron este carrito-bicicleta que me costó 500 pesos. Lleva
conmigo 14 años". La bicicleta de carga, el gran paraguas de
colores abierto y los pregones, son parte de su espectáculo por el
pueblo. Al atardecer, cuando atraviesa las calles de Veguitas, en el
municipio de Yara, no hay quien pueda ignorar a La Negra y su
cargamento de verduras.
La Negra tiene 18 de los 27 subprogramas de la agricultura urbana en el organopónico Nuevo Veguitas.
Su verdadero nombre es
Francisca Milanés García. "El apodo me lo puso hace tiempo un
compañero de trabajo. En mi casa me dicen Franci, pero fuera de
allí he perdido mi verdadero nombre". Francisca cultiva, administra
y comercializa los productos del organopónico Nuevo Veguitas, un
huerto de 246 metros cuadrados y 19 canteros donde pasa la mayor
parte de su vida. Solo interrumpe el trabajo para preparar el
almuerzo de Adrián, su hijo de 13 años de edad. Luego regresa
hasta que haya luz.
El pasado diciembre La
Negra apareció en estas mismas páginas, cuando recibió junto a
otros productores el reconocimiento del General de Ejército Raúl
Castro, Ministro de las FAR, por su trabajo sobresaliente en la
agricultura urbana. "Yo pensé que sería una reunión con el
Ministro, pero no imaginé que me fueran a dar un premio", comenta.
Por su dedicación,
productividad y el trabajo comunitario que realiza defendiendo el
consumo de los productos naturales, tiene una lista enorme de
galardones que, confiesa, no puede recordar del todo. Entre los más
importantes están el Título Honorífico Hazaña Laboral, el
certificado del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente
por la aplicación de la Ciencia y la Tecnología (ambos en el
2005); y el Premio internacional a la creatividad de la mujer en el
medio rural 2003, que otorga la Fundación Cumbre Mundial de la
Mujer, con sede en Ginebra, por las contribuciones al desarrollo
sostenible.
El rendimiento del Nuevo
Veguitas es de 43 kilogramos por metro cuadrado. Ahora mismo La
Negra no está sola en el trabajo porque ha montado en el
organopónico un taller de enseñanza especial, "para que los
muchachos discapacitados aprendan y puedan sustentarse algún día".
Sus alumnos son cinco adolescentes, pero el área es tan pequeña
que parecen 15. Es la primera impresión; después se percibe el
orden y la armonía que ha impuesto Francisca en la parcela y en el
trabajo.
A un lado, la pirámide
erigida con delgadas varas; y bajo la energía piramidal, un
cántaro con el agua que pregerminará todas las semillas. En cada
cantero, sus típicas trampas de colores para plagas (los insectos
se orientan por el color y quedan atrapados, explica). Y en el
centro del huerto, plantada con firmeza, una bandera cubana.
Francisca es locuaz,
abierta. Habla de cómo prepara sus "tónicos" naturales de belleza
(con pepino, perejil, miel), sus encurtidos, sus recetas con
vegetales. "Estoy pasando un curso culinario en Veguitas que me
hará maestra de cocina B", señala. Los continuos ciclos de
noticias y canciones que transmite Radio Bayamo se escuchan en el
organopónico. "Soy desafinada, pero me gusta trabajar con música;
es más alegre y siento menos el agotamiento del día".
En realidad, aunque
hable de agotamiento, La Negra no quiere descansar. Abastece al
hogar de ancianos, al hospital y al círculo infantil de la zona.
Dicta seminarios, participa en foros, inventa, conversa con la
gente. Corta una orquídea o un marpacífico, lo mismo da; se lo
pone en el pelo, abre la sombrilla y pedalea sola por Veguitas
vendiendo sus cosas. Siempre bien vestida, recalca, porque la
presencia lo es todo.
Las manos de las
mujeres, revela, son más lindas para este trabajo que las de los
hombres. "Yo no llamaría a mi labor agricultura urbana, diría
agricultura jardín. De cualquier forma, me gusta más esta
agricultura para la mujer". Sí, confiesa, es sacrificada, pero
hermosa, nunca termina. "No hay días de cumpleaños ni de las
madres ni de los padres ni de nada. No estoy cansada, y si no me cae
ninguna enfermedad, no creo que me vaya a cansar".
"Lo
más importante para mí ahora es trabajar", dice.
De este año espera
salud y unión familiar, quizás las cosas que más le preocupan y
valora. En el 2006, si llegan los recursos, se terminará la
construcción de su casa, frente al huerto y quiere "ver si le puedo
comprar un tres a mi hijo Adrián, porque está loco por la música.
Lo heredó de su papá.
"Si
me obligaran a coger vacaciones... no lo sé". Piensa, en silencio. "Si
me exigen las vacaciones, vendría para acá, para mi huerto.
Todavía queda por hacer. ¿Saben lo que quiero? Quiero también
sembrar rosas." |