LA PAZ, 2 de febrero (PL).—
El tardío saludo del presidente de Estados Unidos, George W. Bush,
al mandatario de Bolivia, Evo Morales, destacado hoy por la prensa
local, conlleva condiciones en dos temas claves para la nueva
administración.
Así lo indican otras declaraciones
norteamericanas coincidentes que exigen una política económica que
brinde la llamada seguridad jurídica a las inversiones extranjeras
y el pronto inicio de acciones compulsivas contra plantíos
excedentes de hoja de coca.
La felicitación de Bush a Morales
fue confirmada ayer por el vocero presidencial, Alex Contreras,
quien subrayó el carácter protocolar de la comunicación y apuntó
que trató temas genéricos y ninguno específico.
La llamada telefónica ocurrió a
más de seis semanas después de la contundente victoria electoral
de Morales y su organización, Movimiento al Socialismo (MAS), y
pasados 11 días de la histórica toma de posesión.
Casi al mismo tiempo, en Estados
Unidos, un alto funcionario ratificaba que la cooperación
norteamericana con Bolivia está condicionada a que el nuevo
gobierno no afecte los intereses de la libre empresa y, sobre todo,
las transnacionales petroleras.
El director de la Cuenta del Milenio
—un fondo norteamericano de financiamiento de proyectos en países
subdesarrollados—, John J. Danilovich, indicó que la aplicación
de ese programa a Bolivia depende de la evolución económica y
política de este estado.
El funcionario estadounidense
indicó, además, que el desembolso de casi 600 millones de dólares
para construir carreteras en Bolivia, está condicionado a las
decisiones del gobierno en materia de hidrocarburos y seguridad
jurídica para los capitales extranjeros.
Estados Unidos y los organismos
internacionales financieros que controla, objetan la política de la
nueva administración, de recuperación de la propiedad estatal de
los hidrocarburos y control de la producción, los precios y la
comercialización de los mismos.
Horas después de conversar con Bush,
el presidente Morales compareció en una asamblea de la central
obrera del vecino municipio de El Alto, cuya población jugó un rol
decisivo en las grandes luchas sociales que en los últimos años
pavimentaron el avance del MAS al gobierno.
Allí ratificó la decisión de
recuperar los hidrocarburos y llamó a la unidad del pueblo a fin de
garantizar la asamblea constituyente, este año, como instrumento
estratégico para refundar de Bolivia bajo nuevas bases de justicia
y equidad y acabar con el neoliberalismo.
Por otro lado, mientras Bush
telefoneaba al presidente boliviano, el embajador de Estados Unidos
aquí, David Greenlee, insistía en demandar acciones para erradicar
plantaciones de coca excedentes, operaciones que se caracterizan por
ser conflictivas.
Ayer mismo, el nuevo secretario de
Defensa Social (lucha antidrogas), Felipe —un ex dirigente de los
cocaleros—, estrenó en cambio una política de diálogo sin
represión, para enfrentar su primer conflicto en la región central
del país.
Cultivadores de coca que habían
tomado en rehén a un funcionario y cercado dos campamentos de
erradicadores de plantaciones, cesaron su actitud a pedido del
viceministro, para dialogar en busca de solucionar el conflicto.
Cáceres es el primer viceministro de
lucha antidrogas en más de 20 años de vigencia de ese organismo,
que no cuenta con la venia de la Embajada de Estados Unidos.