Mucho Nicolás por contar

Texto y fotos: JUVENAL BALÁN NEYRA Enviado especial
internacionales@granma.cip.cu

El español corteja a la esclava. Meses después, un 6 de diciembre, en un barracón de las tierras pineras, nacía Nicolasa. Cuando terminó la guerra, había sobrevivido a la reconcentración de Weyler, pero sus vejigos no. Pasado el tiempo nace una nueva hija, que otro 6 de diciembre, hace 71 años, trajo al mundo a un mulato achinado que lleva por nombre Nicolás Evelio Cruz García.

Cualquier momento es idóneo para compartir una experiencia con la nueva generación de médicos.

Hace unos días Nicolás celebró su cumpleaños lejos de los suyos, pero junto a un colectivo que lo quiere, respeta y admira. Son ellos los integrantes de la brigada médica cubana que laboran en el hospital de campaña de Bakot, en Paquistán, donde han venido a brindar su ayuda solidaria a los damnificados del terremoto del 8 de octubre pasado.

Nicolás, a la derecha, en plena faena.

Cuando se está en presencia de este profesor titular de cirugía, uno de los cooperantes de mayor edad en la misión médica cubana en Paquistán, recordamos el rostro de otro grande, Richard Egües, ex flautista de la orquesta Aragón. En más de una ocasión lo han confundido en las calles de La Habana.

Al concluir la intervención quirúrgica, el profesor Cruz García muestra el tumor extirpado.

En el campamento de Bakot, diariamente en el matutino, tiene palabras para hacer historia. En la tienda de campaña que cobija la cocina, hay una silla que todos respetan, "la silla del profe", porque en ese rinconcito es donde temprano en la mañana disfruta del café hecho por Zenaida, la cocinera.

Siempre está solícito a dar un consejo, intercambiar una opinión médica y ayudar a los más jóvenes en esta labor internacionalista. Experiencia tiene de sobra, es docente de pura cepa, pero además ha cumplido varias misiones médicas en el extranjero: Tanzania, Argelia, Nicaragua, Paraguay y ahora Paquistán.

"Tengo varias misiones, pero esta es única, por la cantidad de cooperantes y por la diferencia de edad. Aquí hay médicos que pueden ser mis hijos y hasta nietos. Tengo dos hijas en Cuba, una cirujana pediatra y otra pedagoga", dice Nicolás.

Cuando su abuela le dijo "ahora me puedo morir, te vi médico", nunca imaginó que Nicolás se convertiría en profesor titular de cirugía, dejaría una huella imborrable en la profesión en Cuba y brindaría tanto de sí a los más necesitados de este mundo.

Está a punto de entrar al salón de operaciones del hospital de campaña en Bakot. Es la primera intervención quirúrgica que se hace en esta región. Tumor en el cuero cabelludo de una mujer. Está relajado. Se pone la bata verde y los guantes. Se transforma en el cirujano que lleva muy adentro.

Las manos empuñan el bisturí. Corte con seguridad. La piel cede paso a la sangre. El profesor Nicolás es auxiliado por los técnicos anestesistas Luis Miguel Diez Díaz y Juan Vicente Rivalta Méndez, el instrumentista Carlos Carides Lam y la enfermera Eva Rafaela Cárdenas Campos.

Está satisfecho por el éxito de la operación. Habla de incrementar el ritmo de trabajo con los pobladores que necesiten del servicio especializado y a una pregunta provocadora responde: "No soy de los que pienso en la jubilación. Mi abuela me enseñó a morir en la carretera y si me toca, que me pongan flores."

 

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